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No existían ni los avanzados medios
tecnológicos ni los sistemas de comunicación
de hoy. Tampoco intervino ningún ministro. Sólo
los expertos de entonces. Con el sentido común y la
experiencia de los marinos fue suficiente para evitar que
el petrolero de bandera canadiense Andros Fortune derramara
su carga de 20.000 toneladas de fuel por toda la costa de
Galicia.
Tras colisionar frente a Finisterre con otro
petrolero, el 27 de febrero de 1961, el capitán del
Andros Fortune decidió llevarlo a una zona abrigada
pese a encontrarse en peor situación que el Prestige.
Viajaba sin motor y remolcado a una velocidad
inferior a tres nudos con la popa semihundida. La proa del
Point Lacre, de bandera liberiana, había destruido
la parte trasera del Fortune hasta el punto de que en el impacto
murieron cuatro marineros que dormían en los camarotes
de popa en el momento del choque.
Destino a Hamburgo
En primer instancia, el capitán intentó
seguir a Hamburgo, pero, dado el mal estado del buque "y
vistas las enormes dificultades que la mar gruesa oponía,
decidió cambiar sus planes y encaminar el buque al
puerto más próximo" (La Voz de Galicia,
2-3-1961). Tras consultar las cartas marinas, llegó
a la conclusión de que lo mejor era fondear frente
a la playa de Langosteira, en la ensenada de la ría
de Finisterre.
La autoridad marítima de la zona,
el consignatario de Corcubión, Antonio López
Abente, no tuvo inconveniente en autorizar la entrada. Allí
existen aguas abrigadas con calados de más de 21 metros,
perfectos para un buque con la popa sumergida y para el Prestige.
Más de un experto ha apuntado que a esta ría
se debía haber dirigido el buque en vez de enviarlo
"al quinto pino". Aunque en el primer momento se
temió lo peor, el Fortune salvó casi toda su
carga.
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