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BARCELONA. Un tercio de la contaminación
por hidrocarburos que sufre el mar tiene como origen incidentes
registrados en las operaciones habituales (hechas rutinariamente)
en los barcos. Se trata de vertidos que no suelen superar
las siete toneladas. El suceso de Algeciras, por su dimensión,
constituye, un caso aparte que lo relaciona con un accidente
de un petrolero.
Los errores durante la carga y descarga del
hidrocarburo, los vertidos accidentales en las operaciones
de transferencia del combustible (como en este caso) y la
limpieza en alta mar, entre otras operaciones efectuadas con
malas prácticas, originan el 33% de la contaminación
marina por hidrocarburos según las estimaciones de
Intertanko, la asociación que aglutina a los armadores
de los petroleros dedicados al transporte del crudo. Éste
es el segundo foco en importancia de esta fuente de contaminación,
mientras que las descargas industriales y los residuos urbanos
que llegan a costa son la primera causa de esta plaga (un
37%).
Estos datos son del año 1989, pues
se cree que el volumen de hidrocarburos que llegan al mar
se ha reducido un 50% al año (entre 1,8 millones de
toneladas y dos millones) con la progresiva implantación
del convenio internacional para prevenir la contaminación
desde los barcos (Marpol). Sin embargo, hay una abundante
reglamentación de prevención de la seguridad
marítima y de la contaminación que no se aplica,
o se aplica con poco rigor, por lo que son necesarios
mecanismos sancionadores que desanimen a los incompetentes,
según las conclusiones obtenidas en la jornada ¿Quién
ensucia el mar?, organizada por la Diputación
de Barcelona en junio del 2000, donde se reclamaron más
inspectores e inspecciones.
El incidente de Algeciras demuestra de nuevo
que la prevención en esta materia requiere múltiples
frentes. Tras los accidentes del Erika y el Prestige,
la ofensiva de la UE se ha centrado en acelerar el calendario
para prohibir que circulen los buques monocasco. Así,
la UE quiere que los grandes petroleros construidos antes
de 1982 sea retirados en el 2005 (dos años antes de
lo previsto ahora) y prohibir que buques monocasco transporten
hidrocarburos pesados (que aplica España).
Rechazo de los armadores
Pero los armadores rechazan que se acorte
de nuevo la vida de los buques, pues esta opción no
es la panacea, según explica Carlier, director general
de Anave (asociación de navieros españoles).
Puede ser una fórmula adecuada cuando se trata
de colisiones pequeñas, o cuando un barco embarranca.
Pero esto no sirve para prevenir los accidentes. Son necesarias
inspecciones suficientemente buenas, indica Carlier,
quien insiste en que el sector requiere un marco estable para
planificar sus inversiones y puedan planificar los astilleros.
Además, Anave pone pegas a las prohibición para
el transporte de hidrocarburos pesados (hay discrepancia sobre
las listas de productos) y rechaza que esta medida llegue
a aplicarse a los buques con menos de 5.000 toneladas, pues
sólo el 4% de la flota mundial de menos de 5.000 toneladas
tiene doble casco.
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