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El principal asunto pendiente en la crisis
del Prestige, qué hacer para evitar que
el fuel siga escapándose del buque, parece cada día
que pasa más lejos de solucionarse. Ayer trascendió
que, si bien son 20 las grietas detectadas en las dos mitades
en que se ha partido el casco, el fuel fluye por 26 vías,
de las cuales sólo dos han sido taponadas por completo
hasta el día de ayer.
La culpa la tiene, al menos parcialmente,
la adversa meteorología, que ha impedido al submarino
Nautile proseguir los trabajos de taponado en
los últimos tres días. Para ser efectivo, el
sumergible debe funcionar con olas inferiores a 2,5 metros.
El Instituto Hidrográfico de Portugal
estima que cada día afloran a la superficie en el lugar
del hundimiento unas 150 toneladas de fuel, en lugar de las
125 estimadas por el Centro Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC). La diferencia estriba en las seis grietas que han
sido descubiertas en las últimas inmersiones del Nautile
y que no habían sido observadas en las primeras indagaciones
del batiscafo francés.
Lo que no termina de estar claro es si esas
grietas ya estaban allí o se han abierto posteriormente.
Expertos navales consideran muy probable que el casco se haya
roto por más sitios en las últimas semanas y
que, por lo tanto, puedan abrirse nuevos agujeros en las próximas
fechas. Los ingenieros consultados explicaron que el fuel,
como el resto de los líquidos, aumenta de tamaño
a medida que la temperatura desciende. Si bien los tanques
se llenan de combustible al 98% de su capacidad, impidiendo
así problemas derivados de este fenómeno, el
golpe de las dos mitades del Prestige contra el
fondo marino puede haber abollado el casco, reduciendo el
volumen de algunos tanques y comprimiendo el fuel, que se
sigue expandiendo a medida que su temperatura baja. Los restos
del petrolero impactaron contra el fondo marino a una velocidad
de entre 20 y 30 kilómetros por hora y con casi 60.000
toneladas de peso en su interior, por lo que el golpe tuvo
que ser muy fuerte.
Además de este fenómeno, también
pueden influir las corrientes marinas y algunos otros factores
aún no valorados, especialmente en la proa, que se
encuentra sobre una ladera con una pendiente de unos 30 grados
de inclinación.
Los expertos navales indicaron que las manchas
del fuel que afloran del barco se rompen en la superficie
en otras de tamaño más pequeño, que quedan
a la merced de vientos y mareas y que podrían terminar
en el litoral gallego como las tres anteriores oleadas de
chapapote que han devastado buena parte de la costa.
El temporal volvió ayer a impedir
a los barcos salir a la mar en busca de manchas de fuel que
amenazasen la costa. Manchas que alcanzaron de nuevo las playas
de Muxía y Corcubión, en la provincia de A Coruña,
golpeando otra vez en lugares donde voluntarios y militares
habían recogido cientos de kilos de chapapote.
La comisión de seguimiento del Prestige
informó ayer de que las manchas más importantes
en alta mar se encuentran a unas 53 millas al norte del cabo
Ortegal y 50 de Estaca de Bares, por lo que no amenazan de
forma inminente la costa.
La previsión del tiempo de MeteoGalicia
es la llegada de vientos del noroeste esta misma tarde, que
podrían acercar las manchas hacia las costas de la
provincia de Lugo y a Asturias, aunque volverán a rolar
a sudoeste a lo largo del sábado, devolviendo el combustible
hacia la zona de influencia francesa.
En las playas, voluntarios, militares y personal
contratado regresaron ayer al trabajo. Más de 5.800
personas se dedicaban ayer a la limpieza de las más
afectadas. De ellos unos 2.100 son miembros de las fuerzas
armadas y otras tantos son voluntarios, que ayer seguían
llegando desde diferentes puntos de España para participar
en la limpieza de los lugares más castigados. El resto
es personal contratado.
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