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| Pescadores recogen el combustible
derramado desde un bote, frente a la costa gallega. |
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MADRID.- Nunca se vio algo así, y
si zarpa, será más numerosa que la célebre
Armada Invencible. Lo cierto es que 4000 barcos gallegos -desde
grandes pesqueros de altura hasta pequeñas lanchas-
estaban anoche listos para hacerse a la mar y enfrentar la
nueva batalla contra una tercera marea negra que se perfila
en la ría de Arousa.
Todos, dispuestos a colocar barreras o recoger con sus propios
hombres las manchas fragmentadas que podrían entrar
en la ría, situada al norte de Pontevedra y a la misma
altura de donde -250 kilómetros mar adentro- se produjo
el naufragio del petrolero Prestige. Y de sus 70.000 toneladas
de fuel oil. "Necesitamos máscaras, botas, guantes
y trajes de agua para equipar a los miles de voluntarios que,
pensamos, se sumarán a este nuevo frente de lucha contra
la contaminación", decían los pescadores
de la zona. Solos no pueden: el hedor, el veneno y el frío
podrían paralizarlos a ellos también.
"Pedimos que, por favor, las personas con problemas cardíacos
y pulmonares no se ofrezcan para esto", decían
ayer las radios gallegas, inquietas ante las emergencias que
sufrieron ya varios voluntarios. Mientras la desesperación
y los deseos de ayudar se multiplican con las horas, el derrame
de fuel oil que desde hace un mes castiga a Galicia mancha
ya al gobierno de José María Aznar.
Reacio por naturaleza a reconocer debilidades, el mandatario
tuvo que hacer una autocrítica por televisión
y admitir públicamente "equivocaciones" en
la gestión pública de lo que hoy se califica
como la mayor catástrofe ecológica que vive
España.
"Es posible que hayamos llegado tarde y nos hayamos equivocado",
admitió el mandatario, al iniciar la semana con un
giro de 180 grados en su estrategia mediática de la
crisis.
El primer paso lo dio su ministro vocero, Mariano Rajoy, quien
reconoció que tal vez fracase lo hecho hasta ahora:
mandar el petrolero a pique para que el frío de la
profundidad atlántica solidificara el fuel que aún
tiene en sus agrietadas bodegas. Son por lo menos 20.000 toneladas
más que las transportadas por el tristemente célebre
Exxon Valdez.
Pocos días antes, el mismo Rajoy había minimizado
como "pequeños hilitos que parecen de plastilina"
a la carga letal que siguió soltando el Prestige, desde
su tumba a 3500 metros bajo el nivel del mar. Días
después, aquellos "hilitos" se convirtieron
en una segunda marea negra.
"No sabían una palabra"
Claro que admitir errores no es torcer el
brazo. El sinceramiento de Aznar fue por televisión
y no en el Congreso, donde en vano la oposición socialista
esperó un encuentro para abordar la crisis de la mano.
"Su discurso muestra que no sabían una palabra
del tema", insistió Rajoy.
"Condeno la estupidez, la codicia, la torpeza y la incompetencia
que hicieron que el mar se convierta en una cloaca y nuestro
sueño, en una pesadilla", dijo -por caso- Joan
Manuel Serrat durante una serie de conciertos en esta ciudad.
Anoche, otra idea cayó sobre la mesa: bajar a 3500
metros, tapar las grietas del petrolero hundido y bombear
desde allí el fuel aún almacenado y que, contra
el optimismo inicial, no llegó a solidificarse. La
presentó la empresa holandesa Smit International, la
misma que colaboró en el remolque previo al hundimiento
del Prestige y en el reflotamiento del submarino ruso Kursk.
Pero no es un plan inmediato. "Necesitamos tres meses
para desarrollarlo y otros dos para llevarlo a cabo",
dijeron sus voceros. Ni tampoco gratuito: su costo superaría
los 50 millones de euros.
Anoche, el servicio meteorológico confirmó lo
peor: soplaba viento desde el mar hacia la costa gallega.
Y con él, se desparramaba el temor de que llegaran
nuevas manchas.
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