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-¿Qué buscaba la Cumbre?
-Al igual que su predecesora, la Cumbre de Río, en
1992, tenía el objetivo de sentar metas, para los próximos
años, de desarrollo sustentable, un concepto que intenta
reconciliar el crecimiento económico con la justicia
social y la preservación de los recursos naturales
y que es criticado por ser demasiado impreciso.
-¿Logró sus objetivos?
-Aunque algunos líderes mundiales se mostraron optimistas,
el sentimiento generalizado entre delegados de los países
y la ONG era de frustración. La Cumbre dejó
éxitos como el compromiso de reducir a la mitad el
número de personas sin agua potable, de proteger las
reservas de peces y el anuncio de Rusia sobre su firma del
protocolo de Kyoto. Pero también dejó importantes
cuentas pendientes: el irresuelto conflicto sobre subsidios
agrícolas y acceso a mercados y la ambigüedad
del acuerdo sobre energía renovable.
-¿Cuáles eran las demandas de los países
pobres?
-Fundamentalmente tenían dos demandas que no fueron
resueltas:
1) Pedían a las naciones industrializadas que garantizaran
al menos el 0,7% de su PBI para asistencia financiera al desarrollo
para generar economías que protegieran el medio ambiente.
2) Solicitaban que las potencias redujeran sus subidios agrícolas,
que hacen que los países pobres apenas puedan competir
con los más ricos, y que abrieran más sus mercados.
A cambio, el mundo desarrollado exigió la liberalización
de los servicios.
-¿Por qué Estados Unidos generó tantas
críticas?
-Básicamente por su política sobre el medio
ambiente. Washington anunció su decisión de
rechazar el protocolo de Kyoto, de reducción de gases
contaminantes, en 2001, ante el temor de que el tratado perjudicara
su economía. En Sudáfrica siguió la misma
línea y frustró un acuerdo para aumentar el
uso de energías renovables o limpias, promovido por
la UE y América latina, y reducir el empleo de energías
fósiles -como el petróleo- responsables de gran
parte de las emisiones de gas.
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