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JOHANNESBURGO.- Un despliegue histórico,
un dramático pedido para solucionar con urgencia el
apartheid global entre ricos y pobres y un llamado a
abandonar la retórica recibieron a los 65.000 delegados
de casi todos los países del mundo que desde ayer debaten,
en la II Cumbre para la Tierra en Sudáfrica, un plan
de acción para aliviar la pobreza y proteger los recursos
naturales del planeta.
En un inmenso centro de convenciones cercado por batallones
de policías y custodiado desde las terrazas por francotiradores,
el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, advirtió
que ya es hora de desmantelar un orden mundial basado
en el principio salvaje de la supervivencia del más
fuerte. Un orden al que describió como el
apartheid global de ricos y pobres.
Una sociedad humana global basada en la pobreza de muchos
y la prosperidad de unos pocos, caracterizada por islas de
riqueza entre un mar de pobreza, es insostenible, dijo
Mbeki en la sesión plenaria de apertura de la conferencia.
Los delegados a la II Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable
de la ONU abarrotaron el lujoso centro de convenciones de
Sandton. Ese distrito comercial es el más lujoso de
Africa, con torres de mármol y vidrio que se alzan
sobre la población de Alexandra, cuyos habitantes viven
en la misma miseria que la reunión intenta remediar.
En los próximos diez días la mayor cumbre jamás
realizada en la historia de las Naciones Unidas se concentrará
en cinco áreas clave: las condiciones de higiene, el
acceso a la electricidad y al cuidado de la salud en las regiones
más pobres del planeta, el fin de la degradación
de la tierra usada para agricultura y la protección
global del medio ambiente.
El documento final con un plan de ataque a esos problemas
deberá estar listo el lunes próximo. Ese día
llegarán 104 jefes de Estado y de gobierno, con la
notoria ausencia de George W. Bush, para firmar la declaración.
Sin embargo, los negociadores de los 189 países representados
enfrentan en los próximos días una batalla cuesta
arriba para estrechar la brecha entre las naciones pobres,
que buscan más ayuda y un comercio más equitativo,
y las potencias mundiales, lideradas por los Estados Unidos
y la Unión Europea, que demandan mejores gobiernos
en los países en desarrollo.
Por
menos retórica
Más allá de las diferencias,
el nuevo documento debe impulsar la Agenda 21, un ambicioso
conjunto de recomendaciones, elaborado en la Cumbre de Río,
de 1992, que apunta a derrotar la pobreza respetando los recursos
limitados del planeta. Sin embargo, los críticos señalan
que, como en Río, los textos que esta semana estarán
en discusión son vagos y no vinculantes.
Consciente de esas críticas, Mbeki acusó a los
gobiernos de no haber cumplido con las promesas hechas hace
10 años en Brasil y los instó a abandonar la
retórica y asumir más compromisos.
El mismo tono que Mbeki adoptaron más tarde otros líderes.
Nitin Desai, secretario general de la cumbre y director del
programa Ambiental de la ONU, elogió las palabras de
Mbeki y exhortó a luchar contra el apartheid entre
ricos y pobres de la misma forma que Sudáfrica enfrentó
su propio apartheid.
Acto seguido también llamó a los delegados,
en especial de países desarrollados, a privilegiar
la acción antes que las promesas y a tener presente
la urgencia de una situación en la que
tres millones mueren por año a causa de la contaminación
del aire y otros cinco millones son abatidos por enfermedades
transmitidas a través del agua.
Esta no es una conferencia para resolver todos los problemas,
sino una prueba. Tenemos que salir con compromisos verídicos
para la acción, dijo el organizador de la cumbre
por la ONU, Nitin Desai.
Mientras los oradores se sucedían y las comisiones
se disponían a comenzar las negociaciones, barreras
de hormigón y cercas metálicas rodeaban el centro
de convenciones. Afuera, más de 30.000 agentes de seguridad
intentaban impedir actos de violencia como los vistos en Seattle
y Génova.
Las principales protestas están previstas para el sábado,
cuando unas 30.000 personas marcharán de Alexandra
al centro de conferencias. El gobierno, temeroso de que eventuales
disturbios dañen su imagen y arruinen la cumbre, ya
les advirtió que actuará con firmeza.
A unos 30 kilómetros del lugar una reunión más
colorida, pero no tan bien organizada, de representantes de
la sociedad civil intentaba ponerse en marcha. Los delegados
cantaban y bailaban, ondeaban banderas y meditaban mientras
promovían sus campañas por una variedad de causas,
desde el agua potable hasta la paz mundial.
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