|
Impulsar el desarrollo tecnológico
nacional no tiene por qué entrar en contradicción
insalvable con la protección del medioambiente. En
tal sentido, el modo en que se resuelva el caso del reactor
nuclear vendido a Australia será un importante precendente
para la preservación del ecosistema y la industria
de punta del país.
En los próximos días, los diputados
deberán decidir si ratifican o no un acuerdo de cooperación
celebrado entre los gobiernos de Argentina y Australia sobre
usos pacíficos de energía nuclear. El acuerdo,
muy cuestionado por organizaciones ecologistas, habilitaría
el ingreso a nuestro territorio del combustible gastado por
un reactor nuclear australiano que sería construido
por la Argentina.
La historia se remonta al año 2000,
cuando la empresa Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado
cuyas acciones pertenecen a la provincia de Río
Negro y su conducción está en manos de la CONEA
se adjudicó una licitación en Australia para
construir un reactor valuado en 180 millones de dólares.
Esto significó un fuerte reconocimiento al desarrollo
científico-tecnológico del país, mérito
acrecentado por provenir de una empresa del sector público.
Este año, el Congreso de Australia ratificó
el convenio de cooperación nuclear con la Argentina,
el que incluye la posibilidad de enviar a la Argentina el
combustible gastado del reactor, para su acondicionamiento.
Como Australia no tiene infraestructura para
tratar los residuos, actualmente lo realiza una empresa francesa.
Según el acuerdo, en el futuro el convenio con Francia
podría mantenerse o, en su defecto, el acondicionamiento
debería hacerse, a partir del año 2017, en territorio
argentino o de un tercer país. Luego, el material sería
devuelto a Australia.
El problema se plantea porque el artículo
41 de la Constitución Nacional "prohíbe
el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente
peligrosos, y de los radiactivos".
Entre los científicos nucleares, algunos
sostienen que los combustibles reacondicionados no son residuos,
porque se reaprovechan, mientras que otro sector importante
opina lo contrario.
Frente a la polémica, resulta destacable
apoyar el desarrollo tecnológico del país, siempre
y cuando ello no vulnere las normas constitucionales o atente
contra la preservación integral del medioambiente.
Su compatibilización es una responsabilidad ineludible
del Gobierno.
|