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Podría ser postergada durante los próximos
meses, y quizás hasta después de las elecciones,
la votación del acuerdo de cooperación nuclear
con Australia en la Cámara de Diputados, ya que la
Comisión de Relaciones Exteriores no termina de fijar
su posición. Los legisladores se quejan de las presiones
recibidas por las campañas de ambientalistas que difunden
sus teléfonos y de la gente que les envía mails,
a razón de miles por día.
La cuestión central gira en torno de la aprobación
o el rechazo del acuerdo de cooperación nuclear con
Australia para la construcción de un reactor nuclear
que reemplazará al de Lucas Heights, en Sydney, por
parte de la empresa argentina Invap, que ganó la licitación.
El acuerdo no demoraría la construcción, que
comenzó hace tres meses.
Tras haberse firmado el contrato, en 2000, se conoció
una cláusula por la que el país que construya
el reactor deberá hacerse cargo del acondicionamiento
del combustible gastado, si el contratante se lo pide. Esta
cláusula es objetada por los legisladores que votan
en contra y por las ONG ambientales, que la consideran inconstitucional.
Como la Constitución argentina, reformada en 1994,
en su artículo
41 prohíbe expresamente el ingreso en el territorio
nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y
de los radiactivos, el debate se centra en la definición
de combustible irradiado, en su potencial radiactividad y
en lo que ocurra con él en el momento de necesitarse
su acondicionamiento.
Desde 1998 existe una ley de residuos radiactivos, la 25.018,
que plantea la necesidad de reglamentar la gestión
de residuos en el país, lo que aún no ha ocurrido
y, según algunas de las fuentes consultadas, "deja
abierta una ventana para el ingreso de la Argentina en el
negocio del procesamiento de combustible para terceros".
La construcción del reactor es celebrada por la industria
nuclear, que ve una posibilidad de crecimiento para la exportación
de su tecnología. Javier Otheguy, gerente general de
Invap, defendió el proyecto.
En la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable,
su titular, el ingeniero Carlos Merenson, se opone al acuerdo:
"Estamos de acuerdo con el desarrollo tecnológico
del país, pero no al precio de violar la Constitución.
Dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada".
Los integrantes del Consejo Federal del Medio Ambiente (Cofema)
ya sugirieron a Diputados que se incluya una cláusula
de reserva en el convenio con Australia, por la que se "garantice
el no ingreso del material sujeto a reprocesamiento",
basándose en el artículo 41.
La Comisión de Relaciones Exteriores no tiene plazo
prefijado para expedirse, ya que los acuerdos no tienen vencimiento.
Quizá por eso, o porque priorizan otros temas, muchos
de sus integrantes no respondieron a la requisitoria. "La
dinámica política tiene otras urgencias ahora",
concluyó una fuente del bloque justicialista.
"Durante el gobierno de De la Rúa se gestó
el contrato, se lo firmó y luego hubo este acuerdo.
A la hora de definirse, en vez de presionarlos a ellos, las
ONG nos apuntan a nosotros", dijo el asesor de un diputado
del PJ.
Lo cierto es que, según el relevamiento publicado en
Internet por Greenpeace ( www.greenpeace.org.ar
), de los 37 legisladores de la comisión la mitad
está indecisa.
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"Es
impecable"
El diputado justicialista Adrián Menem defiende el
sí con idénticos argumentos que los esgrimidos
por su padre, el senador Eduardo Menem, en ocasión
de la aprobación del acuerdo en el Senado, en noviembre
último. "Estoy decididamente en favor. Constitucionalmente,
este acuerdo es impecable y no genera ningún reparo",
dijo. Agregó que este negocio significa 180 millones
de dólares para el país, que no se lo debería
objetar y que de las exposiciones de especialistas del Invap
surge su convencimiento de cómo votar.
Respecto de lo que podría hacer la Argentina con los
combustibles, adujo que el problema sólo se presentaría
en 2016. Menem se mostró partidario de que cada uno
"vote a conciencia, si hay opiniones divididas".
También opinó que es conveniente que se vote
cuanto antes.
En las oficinas del presidente de la Comisión de Relaciones
Exteriores, el justicialista sanjuanino Jorge Escobar, un
asesor se quejó de la presión de las ONG ambientales."La
campaña de Greenpeace está fuera de lugar y
desinforma; acá no se plantea un basurero nuclear",
dijo.
No
rotundo
La posición del bloque de ARI es la
única homogénea y se define por el no. "Con
este tratado, la Argentina puede sufrir consecuencias negativas,
al colocarse en el papel de procesador de residuos para terceros,
un papel cuestionado que hoy cumplen Inglaterra y Francia",
enfatizó Carlos Raimundi, diputado de ARI por Buenos
Aires. "Cuando un convenio tiene cláusulas confidenciales,
no es el mejor, y en este contexto las cosas no están
transparentes."
Raimundi agregó que la diferenciación entre
combustible gastado y residuo nuclear es muy difusa, ya que
está sujeta al aprovechamiento ulterior (terminado
el ciclo, si es procesado, acondicionado o reprocesado). "No
me opongo a la producción nuclear ni de radiosótopos
de uso médico, pero la Constitución es clarísima
y no está sujeta a interpretación."
Para él, el acuerdo podría modificarse en esa
cláusula o bien devolverse al Ejecutivo para ser reformulado
y entonces sujeto a votación
El socialista Rubén Giustiniani, del interbloque Alternativa,
es tajante: "Se nos pide que habilitemos un contrato
que nadie conoce. Entonces no, porque es anticonstitucional
y porque no creo conveniente que la Argentina ingrese en el
negocio de acondicionar los desechos radiactivos de terceros,
cuando antes pudo exportar tecnología sin necesidad
de hacerlo", afirmó.
"Radiactivo
sí, pero no un residuo"
"Otros tiempos, otras urgencias políticas
y económicas, hacen que no haya confianza en que el
tratamiento del acuerdo vaya a ocurrir pronto, aunque así
lo queremos. Seguiremos tratando de informar y asesorar a
quienes estén interesados en esta exportación
tecnológica." Esto anticipa Héctor Otheguy,
gerente general de Invap, la empresa que construye el reactor
en Australia.
Otheguy explicó qué sucedería si no fuera
aprobado el acuerdo bilateral. "El 13 de este mes se
cumplieron dos años de la firma del contrato y el reactor
ya está en construcción. Si bien estrictamente
no están vinculados acuerdo y contrato, el proyecto
se puede ver afectado por la señal negativa desde el
Congreso. Esto podría crear incerteza en la oposición
política australiana y redundaría quizás
en demoras o que se paralizara el proyecto por presión
de los australianos."
-¿Por qué fue necesario que la Argentina se
hiciera cargo del posible acondicionamiento, si en contratos
anteriores no fue así?
-Porque en esta licitación, Australia, que no es Egipto
ni Argelia, países en vías de desarrollo, escucha
a la opinión pública, parte de la cual se expresa
en contra de la actividad nuclear. Hay susceptibilidad porque
allí hubo explosiones atómicas en el desierto
y cerca de allí, en Mururoa. Además, a Australia
no le conviene tratar sus propios combustibles porque se requiere
una inversión grande para muy poco volumen de material.
Aquí tenemos la instalación apropiada para acondicionar
el material, que representa apenas dos tambores de 200 litros
por año.
La propuesta argentina es una posible solución alternativa
a que sea tratado en Francia, en Cogema, algo que ocurrirá
hasta 2016. En caso de que se decida por la Argentina, dentro
de 15 años habría que negociar un contrato adicional
y pedir los permisos para hacerlo acá. Pero la tendencia
es a que haya más plantas de acondicionamiento, no
menos: entrarán en ese negocio Japón y Rusia,
más cercanas a Australia.
-¿Qué implicaría el acondicionamiento
de ese material?
-Trabajar con material que tiene menos radiactividad que la
que se maneja en cualquiera de los 1700 lugares del país
donde se trabaja con material radiactivo de uso médico.
Desde ya que el combustible gastado es radiactivo, muy radiactivo,
pero comparado con fuentes de cobaltoterapia es mucho menor.
Y la Argentina no ha tenido un accidente nuclear en los 50
años que lleva en el mercado. El acuerdo es legal,
porque el artículo 41 prohíbe el ingreso de
residuos radiactivos. Acá la cuestión no es
si este combustible es radiactivo, que lo es. El combustible
irradiado no es equivalente a residuo radiactivo, según
lo establece la Autoridad Regulatoria Nuclear.
Miles de firmas y de mails en contra
Las presiones que acusan algunos legisladores
-varios justicialistas las definen como "fuera de lugar"
y otros, "insoportables"- son ejercidas por la gente
y por organizaciones no gubernamentales de todo el país
que aducen la inconstitucionalidad. Las ONG ya se expidieron
en contra mediante un manifiesto elaborado por la Fundación
para la Defensa del Ambiente (Funam) y firmada por 70 ambientalistas
y miles de ciudadanos. Se suman la campaña pública
de Greenpeace, en la que se pide denunciar públicamente
a los diputados que expresen su voto en favor del acuerdo,
y las multitudinarias marchas convocadas en todo el país.
"Esto ha provocado la reacción de las legislaturas
provinciales, que han dado mandato adverso a sus diputados
en Santa Fe, Chaco, Chubut, Entre Ríos, Misiones, Tierra
del Fuego y Buenos Aires. Pero lo sensato sería no
darle tratamiento, más en este contexto político",
dijo Juan Carlos Villalonga, coordinador de la campaña
nuclear de Greenpeace.
Sólo en un día se procesaron 4000 mails con
destino a Diputados, luego de que se publicó -el día
anterior- un aviso de Greenpeace. El servidor de la Web en
el Congreso se bloqueó durante un par de horas.
Javier Corcuera, de Fundación Vida Silvestre, asegura
que el negocio no es tan redondo: "La mitad del dinero
queda en Australia para la construcción del reactor.
Y no se sabe cuánto habrá que deducir para el
proceso de acondicionamiento, si se hace en nuestro país".
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