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El Congreso de Australia ratificó
el convenio de cooperación nuclear con la Argentina,
y Francia confirmó que seguirá tratando los
combustibles nucleares gastados de los reactores australianos.
Los anuncios los hizo la embajadora de Australia
en la Argentina, Sharym Minahan, al hablar recientemente ante
la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara
de Diputados.
Minahan habló ante esa comisión
que en los próximos días votará un dictamen
para recomendar o no, la ratificación de ese convenio
clave con Australia en el recinto de la Cámara de Diputados,
informó el vicepresidente de esa comisión, el
radical Marcelo Stubrin.
El Senado aprobó, el año pasado,
este convenio pero Greenpeace se opone y demora la ratificación
en Diputados.
El convenio respalda al proyecto reactor
nuclear de investigación que la empresa estatal argentina
INVAP (Investigaciones Aplicadas) está construyendo
en Bariloche, luego de ganar el contrato respectivo por 180
millones de dólares en una licitación internacional.
Se trata de la mayor exportación de tecnología
de la historia argentina.
En el debate, el titular de la Comisión
Nacional de Energía Atómica (CNEA), José
Abreata, y el titular de INVAP, Héctor Otheguy, negaron
nuevamente que se vaya a construir un basurero nuclear en
Ezeiza, tal como afirma Greenpeace.
Pero lo más importante fueron las
definiciones de la embajadora de Australia:
"La posibilidad del eventual envío
de combustible gastado del reactor para su acondicionamiento
en la Argentina representa una alternativa secundaria. Es
sólo para el caso hipotético de que por alguna
razón el contrato que tenemos actualmente con la empresa
francesa COGEMA fuera interrumpido. Además, el gobierno
de Francia nos informó que no hay ninguna razón
para que el servicio que nos presta actualmente COGEMA (para
el viejo reactor inglés que será dado de baja
y para el futuro argentino) sea interrumpido".
El reactor argentino que empezará a funcionar en Australia
en el 2005 dejará combustible gastado dentro de 15
años. Por su pequeño tamaño, gastará
barras de combustible equivalentes a 2 barriles de 200 litros
por año.
"De cualquier forma en esa posibilidad lejana, todo
el combustible gastado y todos los desechos que pudieran resultar
del procesamiento serán devueltos a Australia para
su almacenamiento definitivo. De ninguna manera se dejarían
en la Argentina. Y más aún cabe subrayar que
el texto del tratado no obliga a la Argentina a tratar del
combustible gastado en caso de esa hipótesis, sino
de asegurar que se hiciera. Deja a la Argentina la posibilidad
de que el servicio se dé en un tercer país".
"En cuanto al transporte, Australia adhiere a las más
rigurosos medidas de seguridad internacional del OIEA, que
están sujetas a una revisión constante. Y de
2.400 casos de trasladados de este tipo, jamás hubo
un accidente."
Además, la embajadora informó
que ya comenzaron las obras civiles para la instalación
del reactor argentino que reemplazará a uno inglés
que se lo va a dar de baja cerca de Sidney, la capital de
Australia.
En cuanto a la afirmación de Greenpeace
de que el convenio bilateral viola el artículo 41 de
la Constitución que prohíbe el ingreso
de residuos nucleares al país, Stubrin dijo que
"se trata de una hipotética violación que
ocurriría dentro de 15 años. En esa época
no sabemos qué tecnologías habrá para
tratar este tipo de combustibles gastados". Así
Stubrin se pronunció por la ratificación del
convenio que contaría con el consenso de la mayoría
de la comisión.
En cambio, los diputados Rubén Gisutiniani
(socialismo popular) y Carlos Raimundi (frepasista crítico)
ponen reparos a la ratificación y quieren que INVAP
revele los aspectos confidenciales del acuerdo que firmó
con el organismo nuclear australiano. INVAP no los quiere
mostrar por una simple cuestión de un secreto industrial
en un segmento del mercado internacional muy competitivo.
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