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En las próximas semanas la Comisión
de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados
de la Nación terminará de definir su postura
en torno del acuerdo con Australia sobre cooperación
en los usos pacíficos de la energía nuclear
que convalidará el contrato comercial -firmado hace
casi dos años- por el que la empresa argentina Invap
(Investigación Aplicada) construirá un reactor
nuclear para la Organización Australiana para la Ciencia
y Tecnología Nuclear (Australian Nuclear and Technology
Organization, Ansto).
Más de sesenta organizaciones no gubernamentales
se oponen a la firma, porque interpretan que el texto deja
abiertas las puertas de la Argentina a la recepción
de los desechos nucleares producidos en Australia para su
tratamiento en territorio nacional, violándose de esta
forma el artículo
41 de la Constitución nacional, que prohíbe
expresamente el ingreso al país de "residuos radiactivos".
Por su parte, quienes apoyan la ratificación
del acuerdo, ven en la postura de los ambientalistas prejuicios
antinucleares contrarios al desarrollo de una rama de la producción
de alta tecnología en la que la Argentina se destaca
en el nivel internacional.
La
historia
En junio de 1998 la Ansto llamó a
licitación para el diseño, construcción
y puesta en marcha de un reactor nuclear para investigación
y producción de radioisótopos, con un presupuesto
de 180 millones de dólares. Luego de un minucioso proceso
de selección, Invap SE, empresa estatal formada por
el gobierno de Río Negro y la Comisión Nacional
de Energía Atómica (CNEA), ganó la licitación
para construir un reactor nuclear que reemplazará a
otro inaugurado en 1958 en Lucas Heights, a 35 kilómetros
de Sydney.
En lo que se refiere a la exportación
de tecnología nuclear, Invap cuenta con varios antecedentes
importantes de construcción de reactores nucleares
de investigación en otras partes del mundo, tales como
Perú, Argelia y Egipto. Estos casos no habían
implicado ningún tipo de importación de elementos
combustibles irradiados (ECI) a la Argentina. Por el contrario,
los contratos previeron el almacenamiento directo de estas
sustancias en el mismo país. El contrato firmado con
Australia sería diferente en este aspecto.
De todas formas, la no ratificación
del acuerdo por parte de la Argentina no implica un impedimento
para la realización y puesta en marcha del reactor,
sólo dejaría en stand-by la posibilidad de que
dentro de quince años se traten en nuestro país
los ECI de Lucas Heights.
Esperar
y ver
El punto conflictivo está plasmado
en el artículo 12 del acuerdo binacional, donde se
expresa que la Argentina asegurará el procesamiento
fuera de Australia del combustible irradiado por el reactor.
Luego de realizado este proceso todo el combustible acondicionado
y todos los desechos radiactivos resultantes podrán
regresar a su país de origen para su almacenamiento.
Esto supone la posibilidad del envío de combustible
gastado del reactor para su acondicionamiento en la Argentina,
en el hipotético caso de que la compañía
francesa (Cogema), que se ocupa de esta tarea en la actualidad,
dejase de hacerlo cuando deban ser tratados estos combustibles
(aproximadamente en 2017).
Los opositores al acuerdo, representados
en la comisión de diputados por Rubén Giustiniani
y Carlos Raimundi, alertan acerca de que el acuerdo estaría
aprovechando el vacío legal que hay en la Argentina
con respecto al tratamiento de los residuos nucleares. La
ley nacional 25.018 sobre el Régimen de Gestión
de Residuos Radioactivos, promulgada en octubre de 1998, preveía
la elaboración de un Plan Estratégico de Gestión
de Residuos Radiactivos, que fue preparado por la CNEA, pero
nunca fue aprobado por el Poder Ejecutivo Nacional, de manera
que todavía no hay una política de Estado definida
sobre el tratamiento de los residuos radiactivos en la Argentina.
Por este motivo no se procesan esas sustancias
en el país, sino que son almacenadas. En eso consiste
la doctrina del wait and see (esperar y ver) que se sigue
a nivel local, como en la mayoría de los países
del mundo en este momento.
La
controversia
Luego de que Invap inició la construcción
del reactor nuclear a principios de abril de este año,
en la Argentina comenzó a discutirse en la Cámara
de Diputados de la Nación la ratificación del
acuerdo entre los dos países, suscripto en agosto de
2001 en Canberra, Australia. El texto había sido aprobado
por los senadores en noviembre del año último
en una votación sobre tablas, sin discusión
en comisiones.
Dada la complejidad del tema, los diputados
decidieron iniciar una ronda de consultas a diferentes especialistas
que pudieran echar luz sobre el documento cuestionado.
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