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Los tramos finales del tratamiento del acuerdo
de cooperación nuclear entre Argentina y Australia
en la Cámara de Diputados esta semana ha recalentado
la oposición de organizaciones ambientalistas y caldeó
las discusiones en el Congreso, ya que el proyecto tiene media
sanción favorable del Senado. La cuña que promueve
el escándalo es el tratamiento -no el depósito
definitivo- de los residuos de un reactor atómico de
investigación de reemplazo que construirá la
empresa Invap Sociedad del Estado a pedido de la Organización
de Ciencia y Tecnología de Australia (Ansto).
Algunos diputados, como Rubén Giustiniani
(quien ya adelantó su rechazo), Elisa Carrió,
Alfredo Bravo y Héctor Polino, han manifestado sus
dudas sobre la cuestión y han pedido un informe detallado
de los compromisos contractuales asumidos por la empresa rionegrina
Invap para analizarlo junto con el acuerdo binacional en materia
nuclear.
Los ambientalistas directamente ven una
puerta de entrada para la instalación de un basurero
nuclear, y advierten que la aprobación de los diputados
establecería una flagrante violación al artículo
41 de la Constitución nacional que prohíbe
tales instalaciones.
Legisladores
en la picota
El fragor de la oposición llevó
a los militantes de Greenpeace a publicar una solicitada en
un diario porteño señalando a seis diputados
del justicialismo que estarían a favor del acuerdo.
Angel Baltuzzi, uno de los legisladores sindicados, negó
que haya adelantado una opinión, consideró que
la publicación es "una imprudencia" y dijo
ayer que estaba analizando iniciar acciones legales contra
la entidad ambientalista.
Greenpeace rompió el fuego a fines
de febrero último, cuando el canciller Carlos Ruckauf
expresó su apoyo al acuerdo firmado por su predecesor,
el radical Adalberto Rodríguez Giavarini. En esa oportunidad,
la entidad usó una grúa para depositar en los
jardines de la embajada australiana tambores que simulaban
contener residuos radiactivos.
Desde el Taller Ecologista rosarino, Elba
Stancich destacó que aún no se conocen todos
los términos del contrato porque las partes alegan
"confidencias comerciales". Asimismo, objetó
que la aprobación de los senadores se haya formulado
sobre tablas "sin que se abriera el debate ni la participación
de distintos sectores". El acuerdo disparó también
el rechazo de los vecinos de las localidades bonaerenses de
Esteban Echeverría, Monte Grande y Ezeiza. Precisamente
en esta última está instalada la planta de tratamiento
de residuos nucleares y temen que pudiera desatarse una catástrofe
en la zona.
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