|
Es inminente el tratamiento en Diputados
del Acuerdo de Cooperación Nuclear entre la Argentina
y Australia. Este tratado entre países procura comprometer
al Estado nacional en el cumplimiento de un aspecto controversial
incluido en el contrato privado entre la firma argentina Invap
y la australiana Ansto, por el cual la primera vende a la
segunda un reactor nuclear experimental.
No es la primera vez que nuestro país
exporta alta tecnología nuclear; ya ha realizado operaciones
similares con Egipto, Argelia y Perú. Sin embargo,
ésta es la primera vez que el país se compromete
a acondicionar y/o procesar el combustible nuclear gastado
en ese reactor, a solo pedido de la parte australiana. Este
combustible gastado no es otra cosa que un eufemismo
para eludir la denominación correcta: desechos radiactivos
(basura nuclear), cuya introducción al territorio nacional
está expresamente prohibida por el artículo
41 de la Constitución Nacional.
Ninguna voz se alzó anteriormente
en contra de exportar tecnología nuclear; pero, en
esta ocasión, más de 120 organizaciones ambientalistas,
varias asambleas vecinales, organizaciones médicas,
destacados constitucionalistas y especialistas en derecho
ambiental, el Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema, que
representa a todas las provincias), y hasta el propio secretario
de Medio Ambiente de la Nación, se han pronunciado
con diversos tonos, pero unívocamente en contra de
esta disposición violatoria de la Constitución.
Los diputados que voten a favor de este
acuerdo no sólo estarán promoviendo esa violación
sino que, además, estarán avalando un contrato
privado cuyo acceso y conocimiento les es prohibido, en nombre
del secreto comercial; ignorancia que no podrá
ser esgrimida como inocencia.
Estamos ante un nuevo caso de transferencia
a la sociedad en su conjunto, y en este caso, muy particularmente,
a las futuras generaciones, de las consecuencias y costos
de un negocio privado. Como se sabe, las violaciones son siempre
violaciones totales (no es posible un poquito
de violación); y en este caso, esta violación
constitucional no es más que el inicio del negocio
del tratamiento de residuos radiactivos en la Argentina (llamándolos
combustibles gastados), que tiende a ser desplazado
desde los países centrales hacia los países
periféricos, como el nuestro, con instituciones quebradas
y en liquidación, gestionadas aun por una clase
política destituida del consenso social, que
sabe que le quedan pocos meses para cerrar sus propios negocios.
El pueblo de Australia debe saber que su
gobierno está patrocinando y firmando un acuerdo inconstitucional
con la Argentina, que viola la seguridad física y jurídica,
y que está siendo denunciado desde ya y por anticipado
por la sociedad civil, la que lo declara nulo de hecho, y
lo declarará nulo también de derecho en cuanto
recupere las instituciones de la soberanía popular,
sin dar lugar a ninguna apelación futura a la continuidad
y seguridad jurídica, ya que ella será
quebrada de aprobarse este acuerdo. El gobierno de Australia
está advertido y no podrá alegar inocencia.
Cuando se vayan todos..., el acuerdo-basura radiactiva
se irá también con ellos
|