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A la ya histórica polémica
sobre la venta de un reactor nuclear de la empresa argentina
INVAP a Australia se le sumó un nuevo capítulo.
Y esta vez, bastante preocupante: ayer, el ente australiano
de control nuclear informó a la prensa internacional
que deberá realizar nuevos estudios de factibilidad
debido al descubrimiento de una falla sísmica en el
lugar donde deberá instalarse el reactor.
El reactor que construye el INVAP
en Bariloche debería reemplazar en 2005 al de Lucas
Heights, ubicado al sur de Sydney, que es de origen británico
y funcionó durante 44 años pero ya está
obsoleto.
La novedad parece que no tomó por
sorpresa al presidente de INVAP, Héctor Otheguy, quien
dijo ayer que "estos son estudios de rutina y que en
todo caso se analizará dónde ubicar el reactor".
Aun así el hallazgo no deja de ser
un balde de agua fría para INVAP. La firma de Río
Negro que está construyendo a
toda máquina el nuevo reactor había logrado
en julio de 2000 firmar el acuerdo de venta luego de ganar
una dura licitación internacional. INVAP dejó
de perdedores nada menos que a la alemana Siemens, la canadiense
AECL y la francesa Technicatome.
Australia, según contrato, deberá
pagar 180 millones de dólares, una cifra importante
para INVAP, teniendo en cuenta que es una exportación
de un trabajo del área tecnológica, y en el
marco de una grave situación socioeconómica.
En la propuesta comercial INVAP debió
dejar aclarado entonces que se haría cargo del tratamiento
de los residuos radiactivos del reactor. INVAP firmó
esa cláusula, ganó la licitación, y empezó
a construirlo, pero también comenzaron los conflictos.
Los ecologistas de Greenpeace denunciaron
a la opinión pública la cláusula de recepción
de residuos y acusaron a INVAP de manejarla en secreto. La
autoridad nuclear argentina, luego se supo, había dado
el visto bueno a la operación.
Campaña
opositora
En las últimas semanas Greenpeace
y otras entidades agudizaron su campaña de denuncia
y llegaron a movilizar a los vecinos de Ezeiza contra la importación
de residuos nucleares, debido a que los mismos, eventualmente,
podrían ser tratados en el Centro Atómico de
esa localidad.
A esto INVAP responde que los residuos podrían
llegar a tratarse en Francia, donde los australianos estuvieron
tratando los de la planta británica que decidieron
desactivar.
El punto más flojo del acuerdo comercial
es que el artículo
41 de la Constitución argentina prohíbe
la importación de residuos radiactivos. El año
pasado expertos en derecho constitucional se sumaron a la
polémica. Unos decían que el acuerdo violaba
la Carta Magna; otros decían que no.
Pero Greenpeace no es el único que
pone reparos al acuerdo. Hace pocos días, el secretario
de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Argentina, Carlos
Merenson, en un reportaje señaló que acordaba
con la operación pero que si eso significaba traer
al país residuos radiactivos se violaría la
Constitución.
La polémica también había
llegado el año pasado al Congreso. El Senado ya dio
su acuerdo a la operación, aparentemente sin entrar
a considerar a fondo el trata miento de los residuos. Pero
el trámite de aprobación quedó trabado
en la Cámara de Diputados. A la fecha, muchos diputados
se muestran renuentes. Integrantes del COFEMA, que nuclean
a los ministros provinciales de medio ambiente, sugirieron
a Diputados que se incluya una cláusula de reserva
en el convenio por la cual "se garantice el no ingreso
del material sujeto a reprocesamiento".
La oposición a la operación
de INVAP no se da sólo en estas tierras. En Australia,
los defensores del medio ambiente y algunos políticos
piden ahora el inmediato cierre de la planta al sur de Sydney
a partir del hallazgo de la falla sísmica. Esto renovará
la campaña de los ecologistas contra la Organización
Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear, que en
el último año había recibido numerosas
presiones para cancelar el acuerdo con los argentinos.
"Debemos examinar la falla para determinar
sus dimensiones y edad", dijo ayer a la prensa el director
de la Agencia de Seguridad Nuclear, Don McNab. "Cuando
tengamos un informe podremos formular juicios sobre la idoneidad
del sitio, pero eso no significa automáticamente que
el sitio no sea adecuado", agregó.
La municipalidad de Sutherland, donde está
la planta australiana, se unió a Greenpeace y a los
ecologistas australianos para pedir que el acuerdo con los
argentinos sea abandonado, debido a los "inmensos peligros"
que implica.
En la Argentina, la "falla sísmica"
australiana quizá provoque tal sacudón que obligará
a rever algunas posturas.
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