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| Pozo petrolero en la zona de Cerro
Fortunoso, en el corazón de la Payunia (Malargüe). |
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Organizaciones ambientales y científicas
se oponen a la iniciativa de poder explotar yacimientos mineros
dentro de las reservas naturales. Al mismo tiempo, los empresarios
del sector aseguran que esa actividad traería progreso
a Mendoza y que los eventuales daños al ambiente se
podrían reparar.
La idea de permitir la explotación
del subsuelo en las áreas protegidas de la provincia
es impulsada por empresas mineras y por sectores políticos.
Se gestó hace tiempo y se presiona para modificar la
ley 6.045, que prohíbe explícitamente esa actividad
en las reservas.
La gente que propone esto y dice que
no produce contaminación habla sin conocimiento. Todas
las etapas de la minería producen contaminación.
Hacer eso en reservas naturales es inadmisible. Esa es una
actividad con efectos muy negativos a largo plazo, opinó
Jennifer Ibarra, de la Fundación Cuyunche.
Para los empresarios del sector la situación
es distinta. Y apuntan a que se pueda permitir la explotación
en todos lados, cumpliendo las normas y los controles.
No queremos polemizar, ni encontrarnos con posiciones
fundamentalistas. Se trata de ver si se quiere desarrollo
o no. La actividad minera no genera depredación y si
hay un impacto se debe solucionar. En los países desarrollados
se hace así, y hasta se hacen lagos artificiales,
dijo Rafael Monllor, presidente del Centro de Mineros de Mendoza.
Aunque el tema promete ser discutido por
mucho tiempo, ya hay avances. Un grupo de científicos
del Cricyt, por ejemplo, propuso crear un nuevo parque provincial
en el Cordón del Plata, para resguardar la fuente de
agua dulce. El proyecto alcanzó la media sanción,
pero en el camino se modificó la designación,
y pasó a ser Reserva de Usos Múltiples.
Esta categoría deja una puerta abierta para cualquier
tipo de explotación. Y hay quienes sugieren que el
cambio se debió a la presión de los mineros.
El tema sigue siendo discutido en la Legislatura.
La forma de conservación que
hemos propuesto para el Cordón del Plata tiene sustento
científico, no es arbitrario. Por otro lado, la actividad
minera siempre tiene impacto, por más que se pueda
mitigar. Y no se puede hacer en un área protegida,
dijo el arqueólogo Roberto Bárcena, que integra
el equipo del Cricyt que elaboró el proyecto de parque
provincial.
La provincia tiene 13 áreas protegidas,
que abarcan cerca del 5 por ciento del territorio total. Algunas
de las que están en orden de prioridad para los mineros
son la Payunia (en el sur), el Parque Tupungato y la Laguna
del Diamante, en San Carlos. El intendente de ese departamento,
Mario Guiñazú, se molestó con la iniciativa
y con la forma en que es tratada. A mí nadie
me consultó nada y se manejan de espaldas a los interesados.
La reserva es algo que no se tiene que tocar y no lo vamos
a permitir, dijo Guiñazú.
Otro detalle que arroja sombras sobre el
manejo de las áreas protegidas es la propiedad de las
tierras. Es que la mayoría son compartidas entre el
Estado y particulares, muchos de los cuales las obtienen a
través de títulos supletorios. Así, en
algunos casos los dueños no comparten la idea conservacionista
y emprenden proyectos no afines con ese objetivo. Algunos
les compran los títulos a viejos puesteros y en esas
tierras se genera polémica, porque quieren hacer cualquier
cosa, aseguró Leopoldo León, director
de Recursos Naturales. Para León, las reservas también
pueden ser fruto de ganancias. Hay que ver qué
genera más, si la minería en forma intensiva
en poco tiempo o el turismo para siempre.
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