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La ciudad de Esquel -de aproximadamente 32.000
habitantes- se encuentra enclavada entre distintos cerros,
en una de las regiones de mayor belleza del país. Constituye
una reserva natural de bosques, aguas limpias, cerros, aire
no contaminado. Todo esto puede desaparecer, si avanza el
proyecto minero.
El nombre "esquel" en idioma mapuche
significa "abrojo". Los habitantes originarios de
la tierra se han pronunciado también contra el establecimiento
de la mina de oro, dado que para ello se los pretende desalojar
de sus tierras. Sus organizaciones han dicho que están
dispuestos a frenar la mina con sus cuerpos, si fuera necesario.
Como abrojo se prenderán de la tierra que los cobija.
Las organizaciones de las comunidades mapuche
tehuelche, como los habitantes de Esquel, denunciaron que
han sufrido amenazas e intimidaciones por oponerse al proyecto.
Periodistas de la región fueron intimados por escritos
que denunciaban las consecuencias de este proyecto para la
región.
¿Cuáles son las razones que
esgrimen los ciudadanos de Esquel?
Señalan que: "la extracción
del mineral se realizará dinamitando treinta mil toneladas
de roca por día, de las cuales se muelen 3000 toneladas
hasta reducirlas a polvo. El oro se extrae tratando el mineral
molido con cianuro de sodio (2.7 toneladas por día)
disuelto en agua. Las consecuencias de esta tecnología
son: enorme consumo de agua, con potencial agotamiento de
arroyos, desecamiento de la laguna Esquel, desecamiento de
vertientes usadas en los campos y chacras de la vecindad,
con riesgo incluso para las captaciones de provisión
de agua para la ciudad.
Probables problemas sonoros por las explosiones
y generación de polvos especialmente durante el verano
cuando el recurso del agua es crítico. El riesgo de
accidentes de todo tipo durante el transporte y uso de estas
enormes cantidades de cianuro, considerado uno de los venenos
más potentes que se conocen. Los problemas de la acción
residual del cianuro y compuestos derivados que pueden permanecer
aún por décadas luego de la finalización
de la explotación.
La producción de drenajes ácidos,
que tiene como consecuencia la solubilidad de metales pesados,
también altamente tóxicos. Sus efectos continúan
contaminando las aguas de arroyos y lagos y las aguas subterráneas,
aún por siglos, como se ha producido en muchos sitios
con minería a cielo abierto. Todo esto sin olvidar
que donde hubo montañas y bosques, van a quedar para
siempre mesetas aplanadas con pinitos raquíticos intentando
crecer sobre escombros tóxicos."
Los pobladores analizan las motivaciones de las grandes corporaciones.
Señalan que el oro constituye uno de los refugios preferidos
para la especulación, especialmente durante las guerras
anunciadas. En los últimos meses su cotización
aumentó un 15%, bordeando hoy los U$S 400.- por onza.
Una declaración firmada por universitarios de todo
el país, subraya que "El capital especulativo
transnacional, necesariamente asociado con un poder político
local para llevar adelante semejante atentado, vería
rápidamente engrosadas sus ganancias para marcharse
una vez el recurso se agote, dejando que los costos y las
consecuencias de la devastación, en muchos casos irreversibles,
sea asumido por las comunidades locales y regionales."
La devastación producida por el capitalismo
sobre los recursos naturales y sobre la población de
nuestro continente no es algo nuevo. América Latina
ha sido sistemáticamente destruida por los "avances"
del capital europeo y estadounidense a partir de la Conquista.
La novedad, en esta ocasión, es el despertar de todo
un pueblo, que enfrenta al poder económico, y va desnudando
la trama de complicidades de los poderes políticos,
legislativos, judiciales, que sostienen la depredación
de nuestras tierras.
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