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La polémica desatada por la "fiebre
del oro" en la Patagonia tendrá hoy su primera
pulseada. Comenzará a las 8 de la mañana cuando
los habitantes de Esquel voten por el "sí"
o "no" a la explotación con cianuro por
parte de una empresa canadiense de una mina de oro a
7 kilómetros del centro la ciudad.
Lo que pasará hoy transformó
a Esquel en el centro de atención. La mina, que la
canadiense Meridian Gold compró por 270 millones de
dólares en agosto de 2002, organizó a un pueblo
que no tenía antecedentes importantes de participación
civil e instaló un debate para toda la región:
la explotación del oro.
La consulta obligatoria que llevará
a 20.000 de los 30.000 habitantes de Esquel a alguna de las
51 mesas habilitadas no es vinculante o sea que el Gobierno
provincial no deberá hacer lo que diga la mayoría.
"Pero no importa, queremos votar para que el gobernador
Lizurume sepa", dice Virginia en el local del "No".
En la vidriera hay un cartel con el argumento
central de esta postura: "Por día se realizarán
dos explosiones, se dinamitarán 42.000 toneladas de
roca con 7 toneladas de explosivos, se usarán 6 toneladas
de cianuro de sodio y se usará un millón de
litros de agua".
La explotación de El Desquite será
lo que los técnicos llaman "a cielo abierto".
A las 2.400 hectáreas de Meridian se llega pasando
por los campos de Luciano Benetton. Para extraer de la veta
el oro y la plata se dinamitará la roca y después
se tratará con cianuro. Este metal permite separar
el oro del resto. Los que están en contra, apoyados
por varios técnicos, aseguran que el desecho de piedras
tendrá cianuro que podría filtrarse y contaminar
las napas y las lagunas de los que toman el agua. La empresa
asegura que el material será procesado para evitar
toda contaminación.
Lo cierto es que el resultado final será
un paisaje con por lo menos cinco pozos que se distribuirán
en una superficie de 2,5 kilómetros de largo por 500
metros de ancho. De allí se extraerá en 10 años
la reserva de oro. Lo que significará mil millones
de dólares de facturación para la empresa y
el 2 % de regalías para la provincia.
Al mismo tiempo, la mina generará
400 empleos directos y 1200 indirectos y un impacto económico
que Meridian estima en dos millones de pesos en sueldos mensuales.
Estas son razones de sobra para los que votan por el "Sí"
en una ciudad con 6000 desempleados.
Uno de ellos es Horacio Conesa, miembro de
la Cámara de Comercio. "La minería es compatible
con el turismo y el medio ambiente", dice. Esta entidad
junto con la Unión de Obreros de la Construcción
(UOCRA), el partido radical y parte del justicialista apoyan
a la mina. La empresa ya firmó varios convenios con
la intendencia por ejemplo para que 300 empleos sean
para esquelenses.
Por el "Sí" también
están 12 iglesias evangelistas que reúnen a
1600 personas. Samuel Lavados es pastor de una de ellas. "Hemos
estado orando por trabajo. Ahora hay y lo rechazamos".
Aunque la contaminación le preocupa cree que "las
cosas van a ser bien hechas. Dios los va a iluminar".
Hasta ayer nadie sabía quién
ganaría ni tampoco cómo sería el durante
y el después de la "pulseada". La posición
de la empresa es que el emprendimiento seguirá con
todas las medidas que eviten los problemas que atemorizan
a los vecinos. Como una señal ayer llegó a su
presidente Brian Kennedy.
Para llegar a la mina, hay que tomar por
la avenida Ameghino que aparece cuando se dobla por la ruta
40 hacia a Esquel. En el asfalto, se anticipa una de las posturas
que se dirimen hoy en las urnas. "No al cianuro, no a
la muerte, no la mina", se va leyendo a medida que se
avanza.
Atrás queda el Cerro 21, que no deja
ver a El Desquite, la mina que en agosto del 2002 compró
Meridian Gold.
Ahora Esquel tiene la palabra. Privilegiar
la fuente de trabajo o la ecología. En la vereda frente
a la minera, Mabel Flores daba sus razones: "Ellos sólo
quieren la plata. Yo quiero vivir 100 años y para eso
necesito el agua y la tierra".
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