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El gobierno de Luiz Inacio "Lula"
da Silva acaba de autorizar "provisionalmente" el
cultivo de soja transgénica en Brasil. La decisión
ha significado un duro golpe a las organizaciones sociales
que buscaban detener ese cultivo, impacta negativamente en
la imagen del gobierno del PT, y tendrá repercusiones,
también negativas, en los demás países
de la región.
La decisión de Brasilia es una muestra
más de las graves carencias en la región para
manejar ese tema. Un análisis de esa situación
tiene diferentes lecturas e implicancias en distintas dimensiones:
ambientales, comerciales, y políticas. Pero además
pone en cuestión la capacidad de muchos de nuestros
países para mantener niveles mínimos de autonomía
y decisión sobre temas trascendentes para el desarrollo.
Las de marchas y contramarchas que durante
años tuvieron lugar dentro del intrincado marco institucional
brasileño, habían determinado hasta ahora la
prohibición formal para el cultivo de soja transgénica.
Cambiando esa situación, el gobierno brasileño
acaba de promulgar la Medida Provisoria Número 131
que autoriza con condiciones y en forma "provisoria"
el cultivo de soja transgénica en la próxima
zafra, con semilla disponible actualmente por los productores,
así como la comercialización del producto hasta
diciembre de 2004.
Hasta ahora el cultivo de esa variedad estaba
formalmente prohibido en Brasil, pendiente en última
instancia de los resultados de estudios de impacto ambiental.
En los hechos era públicamente reconocido que miles
de hectáreas venían siendo cultivadas en forma
ilegal con semilla contrabandeada desde Argentina, fundamentalmente
en Río Grande del Sur, donde se la conoce como "Soja
Maradona" (por el jugador de fútbol argentino).
Se estima que el 8% de la producción de soja de Brasil
sería transgénica.
Teóricamente la decisión del
gobierno de Brasil es justificada como un intento de terminar
con una situación anómala, y blanquear una situación
de hecho para reasumir el control sobre lo que ocurre en esa
materia hasta tanto el tema se resuelva definitivamente. Antes
de Lula, el gobierno de Fernando Henrique Cardozo venía
mirando para otro lado, sin tomar medidas serias, y con ello
comprometiendo la credibilidad del país en la materia.
La administración Lula asumiría con esta medida
la responsabilidad de reconocer la situación y retomar
el control. Sin embargo, ese movimiento deja bajo cuestión
las premisas sobre las que se basa la autonomía de
nuestros países.
El debate en Brasil sobre este tema retoma
diferentes perspectivas y vuelve a abrirse la discusión
sobre las consecuencias para el ambiente y la salud de las
personas del uso de estos productos. Se destaca la posición
del Ministerio del Ambiente que sostiene la necesidad de un
exhaustivo estudio de impacto ambiental que tome en cuenta
las condiciones locales previo a su aprobación. Sin
embargo la medida se toma en contra de la opinión de
la ministra M. Silva, enviando un claro mensaje de la subordinación
de la gestión ambiental.
También existen fuertes discrepancias
jurídicas sobre las diferentes medidas que han sido
adoptadas en los ámbitos legislativo, administrativo
y judicial en torno a este tema y que en última instancia
llegan a cuestionar la constitucionalidad de la MP 131.
Finalmente, aunque no menos importantes son
las implicancias económicas para el país, para
la región y para el mundo. Basta recordar que Brasil
pasaría a ser este año el primer exportador
de soja del mundo.
El proceso de adopción de la "medida
provisional" implicó la participación del
propio presidente Lula, quien habría telefoneado especialmente
desde el exterior al vicepresidente Alemcar para instarlo
a que firmara la medida. Se han sucedido acusaciones de legalizar
lo ilegal, incluso se ha dejado en evidencia que la posición
de Lula contradice su postura en la campaña electoral
en contra de los transgénicos.
Entre las posiciones a favor de la medida
se destacan algunas que resultan preocupantes, como por ejemplo
las de Leila Oda, presidente de la Asociación Nacional
de Bioseguridad (ANBio), y Ywao Miyamoto, presidente de la
Asociación Nacional de Productores de soja quienes
afirman que la única forma de controlar lo que se produce
es la legalización de los transgénicos, ya que
existe una demanda concreta de los agricultores por esas semillas.
La legalización también permite, según
afirmó la Sra. Oda, proteger al sector productor de
semillas ya que la soja contrabandeada no paga impuestos ni
se controla su calidad.
Este tipo de argumentos que sostienen la
convalidación de los hechos consumados y la postura
de los intereses de determinados sectores por encima del interés
general. Son posiciones frecuentes de escuchar en nuestros
países y muchos jerarcas gubernamentales los esgrimen
como argumentos para la toma de decisiones.
En Uruguay, a propósito de la reciente
decisión del gobierno de aprobar una variedad de maíz
transgénico, el ministro de agricultura de ese país
sostenía entre otros argumentos que la población
uruguaya ya estaba consumiendo ese tipo de granos que eran
importados de Argentina en forma indiscriminada. A su juicio,
la aprobación de ese evento en Uruguay venía
a "regularizar" dicha situación.
Tales argumentos resultan asombrosos en tanto
implican renunciar a las más mínimas potestades
de los Estados para regular y tomar decisiones sobre asuntos
de interés general. Siguiendo esa idea, ¿cuál
es el sentido de mantener estructuras legales, burocráticas
y regulatorias? Esa perspectiva promueve dejar al mercado
actuar libremente y no falta quien la defienda en tanto evita
la onerosa carga que todas esas estructuras representan para
nuestros pueblos. Obviamente esa perspectiva lleva a posiciones
sin sentido.
Sin embargo ese tipo de argumentos no parece
aplicarse en todos los ámbitos ni para todos los temas,
sino que sólo se aplican en tanto no afectan o afectan
a determinados sectores. De hecho los gobiernos no renuncian
a combatir el contrabando de otro tipo de productos, ni renuncian
a la defensa de sus fronteras frente a otro tipo de "agresiones"
potencialmente menos dañinas.
Cabe preguntarse también si será
posible para las autoridades brasileñas, establecer
el efectivo control de los detalles y condicionalidades que
implica la nueva medida. Esto es, su carácter provisorio
se basa justamente en el establecimiento de condicionalidades
que exigen discriminar el destino de la soja transgéncia,
como semilla o para uso industrial, controlar el tránsito
entre estados y entre productores, y hasta la prohibición
de su cultivo en áreas de protección. Si durante
años fue imposible controlar la introducción
ilegal y la plantación de decenas de miles de hectáreas
en forma irregular, ¿es creíble que puedan establecerse
ahora estos controles mucho más complejos?
Todo esto pone de manifiesto nuevamente la
necesidad de articulación de estrategias y políticas
comunes en la región para encarar los temas ambientales,
productivos y de desarrollo en general. De lo contrario será
difícil mantener la autonomía necesaria para
definir estrategias en beneficio de las mayorías de
nuestras naciones.
El gobierno lanza una consulta
La Secretaría de Derecho Económico
del Ministerio de la Justicia lanzó ayer en Internet
una consulta pública para escoger el símbolo
que deberá ser usado en los rótulos de embalajes
de alimentos transgénicos o producidos a partir de
ingredientes transgénicos en Brasil.
El rótulo deberá también
ser usado en alimentos vendidos a granel o in natura, así
como en alimentos destinados al consumo animal. El período
de consulta pública se extenderá por 15 días
hasta el 20 de octubre.
El Ministerio presenta un modelo de sugestión
en dos versiones, uno para embalajes coloridas y otro para
embalajes en blanco y negro. El diseño o dibujo consiste
en un triángulo equilátero con la letra T en
el medio. En la versión colorida el fondo del interior
del triángulo es amarillo y en la versión blanco
y negro el fondo es blanco.
Según la propuesta, el área
a ser ocupada por el símbolo transgénico debe
representar, por lo menos, 0,4% del área del panel
principal, no pudiendo el triángulo presentar laterales
menores a 5 mm.
Las sugerencias podrán ser enviadas
por e-mail, a la dirección sde@mj.gov.br,
o por carta. Todas las instrucciones están presentadas
en el sitio.
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