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Actualmente los productores de soja en los
EE.UU. se encuentran en un espiral hacia abajo, un camino
'suicida' que pronto podría significar el desastre
total para ellos, y para las sociedades y ecologías
rurales que los rodean.
Investigaciones económicas revelan
como la soja transgénica, resistente a Roundup, herbicida
de marca registrada de Monsanto, ha cambiado el comportamiento
de los agricultores frente al mercado, y como esto ha generado
una especie de monstruo fuera de control.
El mercado internacional de soja, como todo
mercado de materia prima, se caracteriza por fuertes fluctuaciones
de precios, y esto siempre ha constituido un problema fundamental
para los productores de soja. Sin embargo, en términos
históricos, hubo cierta auto-regulación del
mercado, porque al caer el precio de soja en el mundo, los
productores solían reducir su área de siembra,
porque con un precio bajo, no valía la pena sembrar
tanta soja. Mas bien sustituían otros cultivos por
una parte de su área en soja. Esto tenia el efecto
saludable de reducir la cantidad de soja producida en el mundo,
lo cual ayudaba a que el precio se recuperara, evitando así
las caídas de precio demasiado grandes o prolongadas.
En vez de reducir sus áreas de siembra,
los mismo agricultores podían haber pensado en sembrar
más soja, produciendo una mayor cantidad de soja en
total, para compensar por una tasa de ganancia por hectárea
menor. Pero esto no lo hacían, antes, por los altos
costos de abrir nuevos terrenos para la soja. Sin embargo,
con la introducción de la soja resistente a Roundup,
se ha vuelto demasiado fácil abrir nuevos terrenos
con herbicida, y como consecuencia, los productores han cambiado
su comportamiento frente a las fluctuaciones del mercado.
Hoy día, en lugar de reducir el área en soja
cuando el precio cae, la aumentan, usando herbicida para abrir
más terreno, produciendo más soja en total para
compensar las ganancias menores por hectárea, precisamente
lo que no hacían antes.
Esto ha abierto el camino de la espiral hacia
abajo: el precio se cae, los productores responden con un
área mayor en soja y un aumento de la producción
total, lo cual trae consigo otra caída del precio,
al cual responden igual, y el ciclo se repite. La consecuencia
ha sido terrible en términos económicos. Cuando
se introdujo la soja transgénica en los EEUU en 1996,
el precio mundial de soja estaba en su punto más alto
de los últimos años, unos 307 dólares
por tonelada. desde allí el precio ha caído
cada año, continuamente, y ahora esta alrededor de
200, casi sin posibilidad de recuperación.
Y todo señala que será peor
en el futuro. El mercado mundial esta saturado, los agricultores
siguen usando herbicida para aumentar el área sembrado,
la sobreproducción aumenta, y los precios siguen cayendo
por el suelo.
Mientras tanto, la soja se comporta como
un monstruo desatado, fuera de control. El área bajo
soja aumenta dramáticamente, el monocultivo de soja
arrasa con nuestras zonas rurales, consumiendo y desplazando
toda otra actividad agropecuaria, reemplazando la diversidad
biológica, económica y social con la dependencia
exclusiva en un solo mercado, el de la soja, un mercado rumbo
al desastre. La soja transgénica de Monsanto está
creando un desierto verde y está trayendo un montón
de problemas consigo. Cada día hay más especies
de malezas resistentes a Roundup, la productividad de la soja
transgénica es inferior a la soja convencional, y el
Roundup acaba con la biodiversidad de plantas silvestres,
dejando una especie de tierra quemada y contaminada. Además,
la soja transgénica introduce al sistema alimentario
muchos riesgos potenciales para los consumidores, riesgos
que no han sido estudiados adecuadamente, así que hacen
que los consumidores sean como las ratas de laboratorio en
un inmenso experimento.
Está cada día más claro
que el modelo sojero actual, basado en la soja transgénica,
está en bancarrota. Más vale pensar en alternativas,
alternativas basadas en producción diversificada, en
reducir la dependencia hacía mercados únicos
y alternativas productivas, como los enfoque agroecológicos,
que son más sanos para las sociedades y ecologías
rurales.
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