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| La gigantesca réplica del
Argentinosaurus huinculensis, expuesta en el Museo
Carmen Funes. |
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| Rodolfo Coria. |
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Plaza Huincul, Neuquén.- Sólo
el movimiento de las bombas que extraen petróleo perturba
la monotonía del paisaje por el que transitamos camino
a Plaza Huincul. Es el mismo camino que en 1989 recorrió
Rodolfo Coria, por aquel entonces investigador del Museo de
Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, de la ciudad de Buenos
Aires.
Ese año, Coria fue tentado por una propuesta más
que interesante para un paleontólogo recién
recibido: estudiar los restos del Argentinosaurus huinculensis,
el dinosaurio más grande del mundo, cuyos huesos habían
sido desenterrados días antes. Claro que implicaba
un desafío: dejar todo e irse a vivir allí junto
a su mujer y su pequeña hija.
A catorce años de su llegada a esta ciudad, de 20.000
habitantes, Coria es el director del Museo Carmen Funes, donde
ayer se inauguró una muestra cuya vedette es una réplica
en tamaño real del Argentinosaurus, única en
el hemisferio sur, de 38 metros de largo por ocho de alto.
Para quienes gustan de las comparaciones, basta con decir
que cada una de sus vértebras es del tamaño
de un lavarropas.
En la ceremonia de ayer por la tarde, fueron inauguradas las
nuevas instalaciones del museo, que sumó dos nuevas
salas: la que alberga al Argentinosaurus, junto a réplicas
en tamaño real del Giganotosaurus carolinii (que con
sus 12 metros de largo y cuatro de alto es el dinosaurio carnívoro
más grande del mundo, superior en tamaño al
famoso Tyrannosaurus rex) y de otros dinosaurios patagónicos,
y una segunda dedicada a la historia local del petróleo.
El Museo Carmen Funes cuenta ahora con una superficie de 2500
metros cuadrados que alberga una de las colecciones de dinosaurios
patagónicos más grandes del mundo, con aproximadamente
600 ejemplares clasificados. Algunos son únicos y poseen
inmenso valor científico, como los restos del Gasparinisaura,
del Anabisetia, del Aucasaurus o los del propio Argentinosaurus.
Justamente, otra de las nuevas instalaciones del museo es
su laboratorio. "Ahora, uno de nuestros desafíos
es estimular a los investigadores y a los estudiantes para
que vengan a trabajar con nosotros", dijo Coria, que
sueña con duplicar en un par de años el número
de científicos que allí realizan su doctorado.
Nidos y huellas
Dos años atrás, el Museo Carmen
Funes saltó a la fama cuando sus investigadores, en
un trabajo de campo conjunto realizado con sus colegas del
Museo de Historia Natural de Nueva York, dieron a conocer
el hallazgo del mayor yacimiento de huevos de dinosaurio del
mundo, desenterrado en Auca Mahuida, al norte de la provincia
de Neuquén. El estudio científico que daba cuenta
del descubrimiento fue nota de tapa de la prestigiosa revista
científica Nature, y las fotos del hallazgo dieron
la vuelta al mundo.
No era para menos. Algunos de los huevos de dinosaurio saurópodo
hallados en Auca Mahuida, rebautizada por los paleontólogos
Auca Mahuevo, contenían restos de piel y hueso de los
embriones. Por primera vez, los paleontólogos eran
capaces de observar el cráneo de un embrión
de saurópodo y de palpar la rugosa piel de reptil del
animal.
Buena parte de los fósiles desenterrados en Auca Mahuevo
están desde ayer en exhibición. También
se encuentran expuestas varias series de huellas. Claro que
no pertenecen a dinosaurios de gigantescas dimensiones, sino
a unos antecesores de las aves del tamaño de una gallina.
En suma, quien visite el nuevo Museo Carmen Funes se encontrará
con la posibilidad única de tener contacto con distintos
aspectos de la fauna que habitó la Patagonia durante
el cretácico. Y, para el futuro, Coria planea no sólo
agrandar el museo, sino enriquecer las colecciones.
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