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Propiciar el desarrollo tecnológico argentino
no tiene por qué estar reñido con las normas que aseguran
la protección del medio ambiente. La forma en que se resuelva
el caso del reactor nuclear vendido a Australia, en tal sentido,
marcará un precedente importante para la preservación
de nuestro ecosistema.
Hace dos años se recibió con satisfacción
la noticia de que Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado
cuyas acciones pertenecen a la provincia de Río Negro
y su conducción está en manos de la CONEA se
adjudicó una licitación en Australia para construir
un reactor nuclear valuado en 180 millones de dólares. El
contrato representaba un fuerte reconocimiento al desarrollo científico-tecnológico
del país, mérito acrecentado por el hecho de provenir
de una empresa pública.
Al poco tiempo, sin embargo, se desencadenó
una fuerte polémica con organizaciones ecologistas, las que
denunciaron que el acuerdo con Australia para la construcción
del reactor incluía la obligación de importar desechos
radiactivos.
El mes pasado, el Congreso de Australia ratificó
el convenio de cooperación nuclear con la Argentina y se
confirmó que la posibilidad del eventual envío de
combustible gastado del reactor para su acondicionamiento en la
Argentina representaba una alternativa secundaria, reservada para
el caso de que, por alguna razón, se interrumpiera el contrato
que los australianos tienen actualmente con una firma francesa.
Por el lado argentino, el acuerdo fue aprobado
por el Senado en octubre pasado y se encuentra a consideración
de la Cámara de Diputados. La opinión de la Secretaría
de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, y de los
encargados de la problemática ambiental de las provincias
argentinas y de la Ciudad de Buenos Aires que forman el Consejo
Federal de Medio Ambiente (COFEMA), es que el país
no abra sus puertas a los residuos nucleares.
Estos organismos, así como unas 60 organizaciones
ecologistas, le sugirieron a Diputados que se incluya una cláusula
de reserva en el convenio con Australia por la cual "se garantice
el no ingreso del material sujeto a reprocesamiento". Basan
la sugerencia en lo que dice la Constitución Nacional. En
el artículo 41 se "prohíbe el ingreso al territorio
nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los
radiactivos".
Resulta destacable apoyar el desarrollo tecnológico
del país, siempre y cuando ello no vulnere las normas constitucionales
o atente contra la preservación integral del medio ambiente.
Su compatibilización es una responsabilidad ineludible del
Gobierno.
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