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El 29 de agosto de 1996 (presidencia de Gonzalo
Sánchez de Lozada) (GSL), se produjo la rotura de uno
de los dos diques de colas de la mina "Porco", cercana
a la ciudad de Potosí, explotada por COMSUR, la empresa
del Jefe del Estado, lo que ocasionó el derrame de
235.000 toneladas de lodos tóxicos y de 180 residuos
sólidos de plomo, arsénico y cianuro de sodio,
con su secuela de daños a la salud humana, fauna piscícola,
ganadería, agricultura e incremento de la contaminación
del río Pilcomayo, cuyas aguas cruzan a territorios
de Argentina y Paraguay, dentro de la Cuenca del Plata. La
revista "New Scientist", de Inglaterra, afirmó
que se trataba del "peor desastre ambiental de América
Latina" ("El Diario", 16-1-97). La prensa argentina
calificó al hecho de "el Chernobyl boliviano"
("Los Tiempos", 22-10-96).
Pese a la gravedad del tema, el Ministro
de Desarrollo Sostenible, José Guillermo Justiniano
(hoy ministro de la Presidencia), en carta de 28-9-97, a Jaime
Urgel, gerente general de COMSUR, indicó que su Despacho
ha establecido que el derrame fue accidental, que sus impactos
fueron controlados y que la compañía no ha cometido
ninguna contravención administrativa ni delito ambiental,
por lo que no corresponde dictar resolución ministerial
alguna. A su vez, la comisión de Medio Ambiente de
la Cámara de Diputados, controlada por el oficialismo,
aseguró que COMSUR adoptó oportunas medidas
de mitigación del daño ecológico (febrero
de 1997). En el Senado, esa comisión estaba presidida
por Antonio Sánchez de Lozada, hermano de GSL, lo que
explicó su silencio. En esa misma línea, el
funcionario del Banco Mundial, Sak Kupasrimonkol, en carta
al diputado Elías Vacaflor, de 3-5-97, dice que COMSUR,
socio de la IFC-Banco Mundial, "ya ha iniciado un número
de acciones reparadoras, incluyendo la atención a las
zonas afectadas, en coordinación con las autoridades
locales". Delegados de la Argentina de Menem (María
Julia Alsogaray) y del Paraguay de Wasmosy (Horacio Nogués),
anotaron que el problema "no era grave". (Reunión
de la Cuenca del Pilcomayo, 14-8-98).
Sin embargo, al concluir la primera presidencia
de GSL (6-8-97), el nuevo prefecto de Tarija, Oscar Zamora,
enjuició a la empresa por responsabilidad civil y daños
y perjuicios a la región. El proceso titulado "Tarija
contra COMSUR", que lleva 6 años de duración,
fue tramitado en el Juzgado Tercero de Partido en lo Civil
de la ciudad de La Paz y consta de 15 cuerpos y casi 3.000
fojas. En vísperas de la sentencia, GSL inició
su segundo mandato presidencial (6-8-02) y, como es obvio,
posesionó a un nuevo Prefecto tarijeño, quien
no activó el juicio a fin de que concluya por "perención
de instancia" (abandono de la parte demandante). La "perención
de instancia" fue decretada por la juez Consuelo Chacón,
el 15-10-02, cuya decisión ha sido apelada ante la
Corte Superior de La Paz, por los abogados de Zamora, quienes
aún se hallan a cargo del proceso. En síntesis,
las acciones dilatorias de la COMSUR, destinadas a no pagar
indemnización alguna a los departamentos afectados,
dieron resultado, pese a que la demanda está basada
en normas jurídicas precisas, como las siguientes:
Artículo 984 del Código Civil:
"Quien, con un hecho doloso o culposo, ocasiona a alguien
un daño injusto, queda obligado al resarcimiento".
Artículo 998 del Código Civil: "Quien,
en el desempeño de una actividad peligrosa, ocasiona
a otro daño, está obligado a la indemnización,
si no prueba la culpa de la víctima" La Ley del
Medio Ambiente fue ultraviolada, así como el artículo
216 del Código Penal, que dice: "Incurrirá
en privación de libertad de uno a diez años,
el que envenenare, contaminare o adulterare aguas destinadas
al consumo público, al uso industrial agropecuario
y piscícola". Estas normas debieron aplicarse
por el daño causado, más allá del carácter
accidental o no del derrame de colas. Por otra parte, la negligencia
de la empresa fue probada a plenitud. COMSUR resolvió
el problema obsequiando algunas herramientas, medicamentos
y cemento a las comunidades afectadas. Consiguió, inclusive,
un informe del consultor ambiental, Agustín Cárdenas
Revilla, quien afirmó que un año después
del siniestro las aguas del río Tumusla (también
contaminado) "han comenzado a mejorar bastante"
(29-10-97), sin considerar que otros 39 ingenios privados
arrojan cada día casi mil toneladas de lodos tóxicos
a los ríos de Potosí, Chuquisaca y Tarija.
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