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| Parque Pilón de Lajas |
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| Parque Madidi |
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Durante las dos últimas semanas, de manera muy apresurada,
el Comité de Recursos Naturales de la Cámara
de Diputados se encuentra organizando talleres departamentales
con el fin de analizar el proyecto de Ley de Áreas
Protegidas.
Como el documento en consulta no fue difundido previamente
y la convocatoria a las organizaciones de la sociedad civil
fue realizada con muy poca anticipación, en algunas
ciudades el taller estuvo casi desierto (Tarija), mientras
que en otras la mayor parte de los asistentes eran funcionarios
de la Prefectura (Trinidad, Potosí).
En Santa Cruz y Cochabamba la reacción de las organizaciones
indígenas y campesinas fue muy enérgica, llegando
a suspender el evento en esta última ciudad. En general
los cuestionamientos y/o rechazo se debieron, no sólo
por la desinformación con que fueron organizados los
talleres, sino al comprobar que se pretende legalizar el ingreso
de empresas petroleras y mineras en áreas protegidas
donde no existen tales actividades como son la Reserva de
la Biosfera y Territorio Indígena Pilón Lajas,
el Parque Amboró y el Madidi, mientras no se legisla
nada sobre los dramáticos impactos ambientales y sociales
que esas actividades están causando en las áreas
en que están operando.
La reacción llegó al punto que las organizaciones
campesinas de Cochabamba manifestaron que prefieren que no
existan áreas protegidas si estas son preservadas para
las petroleras o para ser entregadas para la extracción
de madera, tal como lo prevee el proyecto de ley.
De utilizarse el rodillo parlamentario, el cuestionado proyecto
podría ser aprobado durante las próximas semanas,
significando un duro golpe a la gestión de áreas
protegidas y la liquidación de proyectos de uso sustentable
de la biodiversidad, como la Empresa de Ecoturismo Indígena
Mapajos en la Reserva y Territorio Indígena Pilón
Lajas, los proyectos comunitarios de ecoturismo en el Parque
Amboró (La Chonta, Mataracú, Villa Amboró)
y otros en la Reserva Eduardo Abaroa y en el Parque Sajama
y en todas las áreas protegidas de Bolivia.
La gestión de las áreas protegidas enfrenta
una serie de conflictos porque las empresas petroleras acuden
a los más altos niveles de gobierno para hacer aprobar
proyectos de exploración sísmica, tendido de
ductos y explotación petrolera dentro de áreas
protegidas y territorios indígenas, tratando de reducir
al mínimo el cumplimiento de las exigencias ambientales
y sociales y sin respetar los planes de manejo y zonificación.
A ello se suma la otorgación de concesiones mineras
ligadas al poder político. Probablemente por este clima
de inseguridad jurídica, el Servicio Nacional de Areas
Protegidas SERNAP inició, durante el año 2001,
el proceso de elaboración de un proyecto de ley específico.
Luego del cambio de gobierno, el proceso pasó a manos
del Comité de Recursos Naturales de la Comisión
de Desarrollo Sostenible de la Cámara de Diputados,
a cargo de la Honorable Alejandra Sánchez de Lozada,
quién desechando el proceso anterior, contrató
un nuevo consultor y conformó un "Petit Comité"
donde unas cuantas personas realizaron discusiones a puerta
cerrada.
El proyecto de ley establece la legalidad de esas actividades
en áreas protegidas, con excepción de zonas
núcleo, parques y santuarios. Sin embargo, también
prevee la readecuación y recategorización de
todas las áreas protegidas para su homologación
mediante ley. Lo anterior implica que los parques nacionales
donde existe interés petrolero podrán ser recategorizados
para permitir el ingreso de esas actividades. Este sería
el caso de los parques Amboró y Madidi. En las otras
categorías, solamente se protegerían pequeñas
áreas denominadas zonas núcleo establecidas
mediante un procedimiento denominado zonificación (a
definirse mediante decreto), el cuál podrá reducirlas
a pequeñas islas de conservación. Este es el
caso de Pilón Lajas, una de las más importantes
áreas protegidas de la región andino amazónica
de Bolivia, que forma parte del corredor ecológico
Vilcabamba (Perú)- Amboró (Bolivia). Es claro
que de aprobarse el proyecto de ley uno de los primeros resultados
será la aprobación del proyecto de sísmica
de la Petrobras en esta Reserva de la Biosfera y Territorio
Indígena, cuya licencia ambiental se encuentra en el
despacho de la Viceministra de Medio Ambiente para su aprobación.
Para la exploración sísmica se trazan líneas
rectas de 1.5 a 4 m de ancho sin importar que atraviesen bosques,
ríos, cultivos, o poblados, donde se retira la cubierta
vegetal o lo que se encuentre en ellas, con el fin de ubicar
estructuras geológicas de almacenamiento de hidrocarburos,
mediante equipos detectores. Además deben construirse
caminos, helipuertos, campamentos, áreas de almacenaje
de material y equipos, causando la deforestación en
extensas áreas de bosque, vertido de contaminantes
en ríos, suelos y aire, impactos a la fauna del lugar
y sobre todo, perturbaciones a las poblaciones de estos territorios,
las que deben tolerar en sus comunidades, campamentos, generalmente
de trabajadores extraños del lugar, quienes cazan,
pescan, producen basura en grandes cantidades y ruido; presionan
sobre los servicios de agua, salud y comunicación,
generan falta de seguridad ciudadana por el incremento del
expendio de bebidas alcohólicas y disturbios.
La mayoría de las normas, decretos y leyes de creación
de las áreas protegidas prohíben expresamente
la realización de actividades nuevas de explotación
de hidrocarburos, minería y madera, por ser consideradas
ajenas a los objetivos de conservación. Por lo tanto,
a pesar que las leyes sectoriales de hidrocarburos y minería
han definido estas actividades como prioridad nacional, la
aprobación de licencias ambientales no está
garantizada y ha sido fuertemente cuestionada por organizaciones
ecologistas, sociales y comunidades locales. Esto fue muy
claro, cuando el 2001 todo el departamento de Santa Cruz y
numerosas instituciones nacionales protestaron en contra de
la aprobación de la licencia ambiental para la empresa
Andina (Amoco), que pretendía ingresar al Parque Amboró.
En este parque operan proyectos y operadoras de ecoturismo,
albergues, proyectos de investigación y capacitación
que hacen del mismo una de las áreas de conservación
más promovidas e importantes de Santa Cruz. Esa movilización
logró que el Ministerio de Desarrollo Sostenible desista
de permitir el ingreso de la petrolera. De aprobarse el proyecto
actual, el Ministerio no volvería a rechazar el proyecto.
Pero el proyecto de ley no solo legaliza las actividades
petroleras, mineras y madereras en las áreas protegidas,
sino que coloca a los "usuarios" de estas actividades
en los Comités de Gestión, como "actores
de la gestión de Áreas Protegidas", olvidando
que son precisamente estas actividades y las empresas que
las realizan las principales causantes de los problemas de
contaminación y degradación allí donde
operan.
Complementado con lo anterior, el proyecto de ley ha reducido
al absurdo las competencias del SERNAP, que ya no sería
más la Autoridad de Áreas Protegidas, sino un
órgano operativo orientado a decomisos y sanciones.
Otro de los aspectos fuertemente cuestionados del proyecto,
es que para sus autores la biodiversidad es un asunto de flora,
fauna y microorganismos. Han olvidado que las leyes vigentes
en el país definen que la biodiversidad tiene un componente
"intangible", que se refiere a los conocimientos
colectivos o valor cultural asociado. Esas mismas leyes reconocen
la tuición de las comunidades locales sobre este componente,
pero para los promotores del proyecto de ley parece que las
actividades y empresas que degradan y destruyen las áreas
protegidas son los actores fundamentales de su conservación.
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