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LAS BALLENAS FRANCAS VIAJAN HASTA BRASIL

Hasta ahora no se sabía que realizaran esta ruta. La hembra Troff fue vista en el sur de ese país luego de una ausencia de 7 años. Buscan esas aguas para parir a sus crías. Hace siete años que ese ejemplar no se visitaba Península Valdés. La identificaron por el patrón de callosidades de su cabeza.

Troff y una de sus crías, divisada e identificada por el patrón de callosidades de su cabeza

En 1970, el biólogo norteamericano Roger Payne viajó por primera vez a la Argentina y conoció la península Valdés para dar comienzo, sin saberlo, al que sería el estudio de mayor continuidad efectuado sobre ballenas libres basado en la identificación de individuos: el Programa Ballena Franca Austral.

Así las cosas, el programa, que desarrolla el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB/ WCI, Whale Conservation Institute, según sus siglas en inglés) lleva 32 años ininterrumpidos de avances en el conocimiento de la biología de estos cetáceos.

Algunos de los interrogantes sobre su cautivante vida fueron revelados gracias al seguimiento de las historias particulares de las ballenas identificadas por medio de fotografías aéreas que muestran su patrón de callosidades en la cabeza, tan individual como las huellas digitales humanas.

Tal es, por ejemplo, el caso de la ballena Troff.

Esta inmensa ballena franca hembra tenía al menos 31 años de edad la última vez que fue observada. Troff fue identificada por primera vez en la península Valdés en 1970, año en que se la vio con una cría, por lo que por ese entonces ya era una ballena adulta y reproductivamente activa.

Su nombre, adaptado del inglés, significa "valle" o "surco"; a lo largo de su lomo, Troff tiene una especie de hendidura bastante pronunciada, que hace que se junte agua allí cuando la ballena flota en la superficie.

Este rasgo físico facilitó muchas veces su identificación a simple vista desde los acantilados de Valdés, en los años en que ella visitaba esas aguas australes para parir a sus ballenatos.

Troff fue la madre de al menos tres ballenas en la península Valdés. Su hijo Troll nació en 1973, pero también tuvo otras dos crías allí, una en 1970 y otra en 1979.

Las sucesivas observaciones de Troff y de otras hembras adultas y sus crías durante los años 70, fueron importantes para entender muchos aspectos biológicos de las ballenas francas australes.

Sin embargo, no se agota allí el aporte que esta imponente ballena hizo para el conocimiento de su especie.

Después de 1981 Troff no volvió a ser avistada en los golfos de la península Valdés, marcando el inicio de una larga ausencia en las vidas de quienes la estudiaron atentamente durante más de diez años.

Muchos de ellos, incluso, pensaron que su amiga había muerto.

El regreso de Troff

Sin embargo, ya hacia fines de los años 80, investigadores brasileños iniciaban también el registro fotográfico de las por entonces pocas ballenas francas que visitaban las costas del sur de Brasil.

A principios de este año, la colaboración entre los brasileros José Truda Palazzo y Karina Groch, y el equipo del Programa Ballena Franca del ICB /WCI, dirigido por la científica Vicky Rowntree, dio sorprendentes y valiosos frutos.

Mediante la comparación de los catálogos de identificación de ambas áreas de cría, los investigadores pudieron comprobar que la legendaria ballena Troff en realidad estaba viva y que había utilizado las aguas del sur de Brasil para parir a su ballenato nacido en 1988. Seis años más tarde, en 1994, Troff volvió a las costas brasileñas.

Este trabajo cooperativo se encuentra en marcha en la actualidad, y demostró que otras tres hembras de la península Valdés también tomaron la misma decisión de viajar hasta esas aguas durante la estación reproductiva.

Estos hallazgos, además de acrecentar el conocimiento sobre la manera en que las ballenas francas hembra utilizan diversas áreas de cría para parir y cuidar a sus ballenatos, tienen importantes consecuencias en la tarea de la conservación de estos cetáceos que se realiza a nivel internacional.

Por los mares del mundo

Los movimientos de miles de kilómetros de Troff y de otras ballenas son una muestra más de que la conservación a en los niveles locales es necesaria, pero no suficiente para proteger a especies migratorias como la ballena franca.

En sus viajes a lo largo de la costa atlántica de América del Sur, Troff navega aguas internacionales y nacionales de Brasil, Uruguay y la Argentina.

"La única manera de asegurar un futuro en la tierra para estos majestuosos animales es a través de la cooperación internacional, el trabajo conjunto de investigadores y organizaciones ambientalistas, y el compromiso de los gobiernos y de los pueblos que comparten la responsabilidad de contar en sus territorios con la invalorable presencia de las ballenas", dijo Mariano Sironi, investigador del ICB.

(Este artículo fue elaborado por investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas, filial argentina del Whale Conservation Institute, que fundó y dirige el biólogo norteamericano Roger Payne.)

30 de marzo de 2002
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Fuente: Diario "La Nación"
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