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Publicado por Administrador   
jueves, 16 de noviembre de 2006
Granizada en Rosario“El cambio climático destrozará cosechas, pondrá en peligro a las poblaciones costeras, destruirá ecosistemas y aumentará los conflictos por conseguir recursos”. Kofi Annan, secretario general de la ONU.

Una de las empresas automotrices mantiene por estos días una campaña publicitaria basada en hacer referencia a inventos que, en su momento, fueron considerados inútiles para luego convertirse en grandes éxitos de mercado.

La campaña, concebida para convocarnos al consumo, sirve también para recordarnos la frecuencia con la cual conocemos de pronósticos que tendemos a considerar irrealizables e incluso fantasiosos.

“Eso no va a pasar nunca”, solemos pensar —o decir— cuando en nuestro camino se atraviesa el diagnóstico de algún experto en cuestiones ambientales que nos advierte sobre las consecuencias que acarreará, tarde o temprano, el grave y acelerado deterioro al que está siendo sometido nuestro planeta.

Y si nos resistimos a creer que la degradación del agua, el suelo y el aire se ubican en niveles que debieran alarmarnos, menos aún estamos dispuestos a considerar que nuestra actividad cotidiana contribuye de alguna forma a empeorar la situación.

Como consecuencia de ello, la protección del medio ambiente se encuentra fuera de nuestro horizonte de preocupaciones. Simple y sencillamente se trata de un asunto que, al menos por ahora, no debe ocupar un lugar en nuestra agenda cotidiana.

Para desgracia colectiva, el impacto que nuestra actividad diaria tiene en la naturaleza no desaparece tan sólo porque hayamos decidido voltear la espalda a la realidad. Lejos de esa posibilidad, la indiferencia generalizada está acercándonos al punto del colapso.

Ayer mismo, al inaugurar los trabajos del segmento de alto nivel de la Conferencia sobre Cambio Climático de Nairobi, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, dibujó un escenario sombrío para los próximos años, en caso de no tomar medidas drásticas para detener el deterioro ambiental.

“El cambio climático destrozará cosechas, pondrá en peligro a las poblaciones costeras, destruirá ecosistemas y aumentará los conflictos por conseguir recursos. Esto no es ciencia-ficción. Son posibles escenarios basados en modelos científicos”, afirmó el líder de la ONU.

¿Qué se requiere hacer ante tal diagnóstico? Annan dio respuesta a la pregunta en términos de democracia: “Quiero que los líderes de todo el mundo muestren realmente coraje y que sepan que si lo hacen, su pueblo y sus votantes estarán con ellos. Si no lo hacen, el pueblo y los votantes deben hacerles saber que consideran el cambio climático como algo serio y que tendrá un costo político”.

La fórmula para contener el deterioro de nuestro hábitat, de acuerdo con el diplomático africano, es tan simple como difícil de poner en práctica: sustituir los actuales sistemas productivos por otros con menor impacto ambiental.

El problema, como siempre, no es saber lo que debe de hacerse, sino cómo hacerlo, pues existen voces que advierten sobre la posibilidad de frenar el crecimiento económico al poner en práctica tal recomendación.

¿Qué político del mundo pensaría en implementar medidas que eventualmente contrajeran la economía de su país, lo cual se traduciría, entre otras cosas, en una pérdida masiva de puestos de trabajo?

Por otro lado, ¿qué tipo de ciudadano plantearía como condición para otorgar su voto la implementación de medidas más estrictas en materia ambiental si ello le significara, eventualmente, perder su empleo?

Estamos pues, ante un problema muy simple en términos de lo que la naturaleza requiere de nosotros, pero extraordinariamente complejo por lo que a la conducta humana se refiere.

La situación se complica aún más porque las manifestaciones del deterioro ambiental, aunque están a nuestro alrededor y son evidentes, no son tomadas en cuenta por la sociedad sino hasta que hacen crisis, algo que toma, casi siempre, mucho más tiempo del que dura un período gubernamental.

Ello empuja a los gobernantes —de todos los signos políticos— a tomar la decisión de no hacer nada, más allá de rezar por que la bomba no explote durante su administración.

El problema, mientras tanto, no deja de crecer y de erigirse en una amenaza cada vez mayor para nuestra propia supervivencia, para la cual resulta indispensable que protejamos los recursos naturales antes que el daño sea irreversible.

Podemos, desde luego, seguir pensando que “eso no va a ocurrir nunca”, pero valdría la pena que nos preguntáramos si tal afirmación es efectivamente realista, antes de encontrarnos, como en el anuncio de los autos, con la sorpresa de que estábamos rotundamente equivocados.

A las 17.00 hs. del día de ayer, así pensaba la mayoría de los rosarinos. A las 17.30 los hechos demostraban lo contrario. Una granizada descomunal "trituró" a la ciudad durante 20 minutos. Ráfagas de viento de 110 Km/h y abundante precipitación destrozaron vehículos, vidrios, estructuras; inundaron calles. El meteoro provocó un muerto, más de 100 heridos, media ciudad en sombras. Colapsó el servicio telefónico y, como siempre y como han previsto quienes alguna conciencia tienen sobre lo que vendrá, los que menos tienen, los que viven en los barrios marginados, han perdido todo... o casi todo.

En Rosario pasó y volverá a pasar, no podemos aseverar cuando, pero volverá a suceder. La responsabilidad por muchas de las causas que provocaron este fenómeno son ajenas los habitantes de nuestra castigada ciudad.

Algunos de sus efectos pudieron preverse con cierta anticipación; pero el escepticismo, la imprevisión, la escasa conciencia y ¿porque no? la incapacidad de quienes deberían trabajar preventivamente en estos temas dejaron a la ciudad a merced de las fuerzas desatadas de la naturaleza.
Fuente: Vanguardia - Redacción barrameda.com.ar
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Comentario[s]
sobre " “Eso no va a pasar nunca” "
Escrito por Benito A. de la Morena el 2006-11-26 11:17:25
Dicen en la prensa de España que el hijo de Kofi Annan estaba en la "nómina" de Sadam Husein, ese que eliminó a un millón de kurdos con gas. Supongo que papá Kofi estaría enterado de donde venía el salario del niño. 
¿Hasta que punto es creíble el Sr. Annan? ¡Deje usted paso a nuevas generaciones que estén menos comprometidas con el poder! B.A. de la M. (Huelva-España) 


 
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