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domingo, 15 de octubre de 2006
Rana arlequnCubierto como un chal verde sobre las montañas Tilarán de Costa Rica, la nube sobre el bosque Monteverde ha sido desde hace mucho tiempo un idilio de los amantes de la naturaleza. Los pájaros escondidos flirtean con el susurro de las corrientes de agua mientras las flores delicadas se abren de manera imposible de los desperdicios de la selva. Con suerte usted hasta podría captar el destello iridiscente de un esplendoroso quetzal, el elegante símbolo de la selva tropical centroamericana.

El caso rana arlequín


Existe un miembro de esta serie de animales que sin embargo no se hará presente: la rana arlequín de Monteverde llamada así por sus colores amarillo, rojo y negro, este anfibio miniatura —un miembro del genus Atelopus — había tenido mucho éxito en estas montañas de Costa Rica tal vez por un millón de años. Sin embargo la última vez que J. Alan Pounds, un ecologista que ha estudiado la vida silvestre de la jungla de alta montaña por 25 años, localizó una en Monteverde, fue en 1988. Su prima, el renacuajo dorado se ausentó aproximadamente al mismo tiempo. Ciertamente, entre más buscaron los científicos, más terrible parecía la situación. Un estudio hecho por 75 científicos, publicado a principios de este año en la Revista Nature estimó que dos terceras partes de las 110 especies conocidas de arlequines a través de Centro y Sudamérica han desaparecido. Y eso pudiera ser sólo el principio.

El calor favorece a los parásitos


La pérdida de una especie ya es suficientemente triste, más aún cuando se trata de una joya como el arlequín. Lo que ha sorprendido a los científicos es el porqué. Por milenios, este miembro de América Tropical sobrevivió adaptándose a cualquier cambio que la naturaleza le pusiera en su camino. La cubierta inferior de los renacuajos les permiten adherirse a las rocas sin ser arrastradas por las corrientes. La vestimenta parecida al de un carnaval de las adultas previene a los depredadores potenciales a mantenerse alejados o arriesgarse a una dosis mortal de tetrodotoxina. Sin embargo, aparentemente existe un peligro que la arlequín no pudo asimilar: el cambio climático.

Una variedad de plantas, insectos y animales florecen en las frescas y nebulosas montañas de Monteverde. Sin embargo, gradualmente, el calentamiento ha elevado las temperaturas nocturnas y ha aumentado la cubierta de nubes, lo cual da como resultado días más frescos a base de bloquear la radiación solar. Este cambio sutil, el cual pudiera no ser notado por nosotros, se considera que ha sido ideal para la citridomicosis, una enfermedad causada por un hongo que sobrevive en la humedad y que ahora ha germinado por todo centro y Sudamérica.

Los científicos creen que la enfermedad causada por este hongo mata a las ranas a base de bloquear su habilidad natural de absorber agua a través de su piel porosa (y tal vez también a base de liberar una toxina), esencialmente causándoles que mueran de deshidratación. Lo que verdaderamente llena de pánico a los investigadores, sin embargo, son las implicaciones potenciales de estas muertes. “Básicamente existe una extinción masiva en proceso”, dice Pounds. “Considero que los anfibios son sólo la primera onda de muertos”.

Ahora ya por años, los investigadores eminentes han estado previniendo acerca del desastre climático. Los hallazgos en Monteverde, y decenas de otras estaciones de investigación alrededor del mundo, han estrujado la complacencia de la gente. Esto no era sólo otro modelo de computación emitiendo prevenciones matemáticas sino que todo un genus viviente se encuentra al borde de la extinción. Alarmado por estas consideraciones, una red de conservadores está tratando de evacuar a las ranas arlequín que quedan, a zonas libres de hongos y hacia granjas de ranas. Sin embargo estas acciones heroícas pudieran ser inútiles. Los científicos que monitorean la vida silvestre alrededor del mundo están haciendo eco de la investigación de Pounds. Su conclusión: muchas otras especies podrían extinguirse.

Adaptación ilimitada


Algunas especies se pueden adaptar a un cambio climático. Pero ¿hasta qué punto? “El cambio climático está sucediendo mucho más rápido que el que puede hacer el proceso de la evolución”, dice la bióloga Camila Parmesan, de la Universidad de Texas. “El hecho de que especies se estén extinguiendo nos está diciendo que no se adaptaron”.

Pounds opina que lo que hace tan díficil predecir el cambio climático, es que todos los tipos de enfermedades responden a condiciones del clima, sumando el factor interaccion de especies, pero esto es algo que los modelos computacionales no toman en cuenta, asi que el impacto clmático podría ser mucho más severo de lo que nos imaginamos

A su tiempo, Pounds supo que el hongo causante de la enfermedad de las ranas florecía en la estación húmeda y se convertía en letal en la estación calurosa (de 17 a 25 grados centígrados) Lo más importante, encontró que 80 por ciento de las extinciones habían llegado después de años inusualmente calurosos. “La enfermedad era lo que estaba matando a las ranas, sin embargo, el clima era lo que estaba creando la enfermedad”, dice Pounds. “Si uno altera el clima también altera la dinámica de las enfermedades”.

Trastornos en hábitats y hábitos


Científicos interesados recientemente concluyeron que cientos de animales y plantas habían respondido al cambio climático a base de cambiar sus relojes biológicos. Las marmotas de vientre amarillo salieron de su hibernación 23 días después que lo hicieran a mitad de la década de 1970, cuando las temperaturas en las montañas rocallosas eran 1.4 grados más frías.

Algunas 65 especies de pájaros en el Reino Unido se encuentran teniendo huevos casi nueve días más pronto que los que tenían en 1971. Otros literalmente han huido, mudándose al norte hacia climas más frescos o altitudes más altas. Casi dos docenas de especies de la mosca dragón y de otros tipos ahora se encuentran vagando casi 90 kilómetros al norte de su rango habitual en el Reino Unido. Comparado con hace cuatro décadas, mientras que en España una tendencia continúa de calentamiento ha reducido el hábitat de 16 especies de moscas de altura a una tercera parte en sólo 30 años.

El cambio climático está empezando a amontonar los animales. La zorra roja de Canadá se ha mudado 900 kilómetros al norte a la Isla de Baffin, donde está invadiendo los terrenos de la zorra ártica. Los científicos están reportando un complejo efecto en Monteverde. La misma tendencia de calentamiento que hace que las noches sean más calurosas en la temporada húmeda también provocan períodos prolongados secos en verano, atrayendo a todo tipo de extraños a ese clima agradable. Uno de ellos es un tucán agresivo de pico grande, el cual ha trepado de las colinas de las montañas hacia la jungla de las alturas, compitiendo por comida y por puntos de anidación con el quetzal.

Reacción en cadena


El calentamiento global está causando muchos problemas, sobre todo a las especies cuya biología los conforma a una área geográfica específica y a rangos de temperatura y clima muy angostos. Una muerte reciente es la de un pequeño pájaro cantador encontrado únicamente en las montañas de Hawaii. Este pájaro ha sido brutalmente golpeado por la epidemia aviar transportada por mosquitos que cada vez más suben a la parte superior de las montañas.

Un ejemplo aún más triste es el de la pika, un pequeño mamífero que vive en las montañas emparentado con el conejo, con un rango muy pequeño de diferenciación de calor; empieza a morir tan pronto como el mercurio llega a 24 grados que es exactamente lo que está sucediendo en su hábitat nativo. Nueve de las 25 comunidades de pika conocidas en el occidente estadounidense en la década de 1930 ahora se han extinguido, mientras que la mitad de todas aquellas que vivían en las montañas Tian Ghan, en el noroeste de China han perecido.

Una de las especies más asediadas es el oso polar, el cual caza focas de los trozos de hielo flotantes, las corrientes menos frías del Océano Ártico han apurado el rompimiento del hielo y han forzado a los osos a nadar distancias más grandes para obtener sus alimentos, poniéndolos en riesgo de ahogarse o morirse de hambre. Los observadores de los osos ya dicen que el peso promedio de los osos polares en la Bahía Hudson se ha reducido de 295 kilos a 230 —cerca del rango que ya no le permite reproducirse. Los osos polares ahora están en la parte superior de la lista de los grupos más en peligro de extinción.

Si el banco de hielo de Groenlandia se derrite, significará una amenaza a todo un abanico de vida que depende del hielo, incluyendo al plancton, alimento de los peces, los cuales sirven de alimento a las focas, que a su vez sirven de alimento a los osos polares y a los cazadores inuk. En el hemisferio sur, muchos investigadores ya han vinculado declives agudos en los pingüinos como los rock hopper, los galápagos, los pie negro, adelie y al real emperador hacia corrientes más tibias, lo cual ha eliminado fuentes alimenticias como los crustáceos de agua fría.

El peor escenario posible


Stephen Williams, un ecologista tropical de la Universidad James Cook en Australia ha estado estudiando la biología evolucionaria de las junglas lluviosas australianas. Williams puso su información a través de un modelo computacional, haciendo pruebas para una elevación modesta en las temperaturas mundiales; el resultado es sorprendente: para el año 2100, concluyó su equipo, hasta 50 por ciento de todas las especies habrán desaparecido. “Esperaba ver un impacto, sin embargo no tan alarmante”, dice Williams.

“Estamos observando la pérdida de la mayoría de las cosas que las áreas protegidas fueron colocadas para preservar”, previene. Las poblaciones de pájaros petirrojos y una pequeña rana que pertenece a la especie de cophixaluxmegalectus están empezando a disminuir, mientras los marsupiales, reptiles y una gama de pájaros están huyendo del calor subiendo en las montañas, donde las nubes que propician la vida se han alejado. “Pronto”, dice Williams, “no habrá para donde huir”. A ningún lado, tal vez, sólo al cielo.
Fuente: Vanguardia
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