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Tapires andinos, jardineros del bosque en peligro de extinción Imprimir E-Mail
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Publicado por Administrador   
domingo, 19 de agosto de 2012
Tapir AndinoSe los considera los jardineros del bosque porque cumplen, sin saber, funciones básicas para la renovación del ambiente. Por ejemplo, con su cuerpo abren caminos o túneles en las zonas de abundante vegetación. También transportan las semillas de las plantas de un lugar a otro.

Llegan a pesar hasta 250 kilos. Sus cuerpos son negros y con bastante pelo. Son los tapires o dantas andinos, unos mamíferos cuyo aspecto físico es comparable con la fusión de un cerdo con un elefante. Esto debido a que el dorso del cuerpo se asemeja a los cerdos. Mientras que la trompa es un tanto parecida a la del elefante.

En Ecuador hay dos tipos de tapires. El uno habita solo en la región Interandina y está en peligro de extinción, según estudios locales. El otro vive en la Amazonía y su población es mayor, indica Armando Castellanos, un especialista consultado. Los del Oriente pesan hasta 300 kilos, carecen de pelo y en el cuello tienen una especie de crin.

Los tapires de la zona andina están en peligro de extinción por la tala indiscriminada del bosque y por la extensión de actividades como la ganadera, que llega hasta sus territorios naturales. Esto hace que el ganado y los tapires compitan por el mismo espacio.

Así explica Armando Castellanos, biólogo del Grupo de Especialistas del Tapir del Ecuador, una de las tres organizaciones que trabajan en el país a favor del rescate de estos mamíferos. Esta agrupación junto con la Fundación Ecociencia y la Zoológica del Ecuador estudian a este herbívoro a través de un proyecto conjunto en el que Ecofondo, otra entidad, financia el trabajo.

Según Castellanos, los tapires contribuyen con su presencia al abastecimiento del agua de Quito, pues los bosques en los que habitan atraen las lluvias. Si hay tapires, habrá agua, dice. En cambio, si estos se alejan de sus entornos naturales, la tierra empieza a secarse por falta de vegetación, de esparcimiento de semillas y de lluvias.

Y esta última premisa es la que está ganando terreno. Cada vez hay más tapires que se adentran a los bosques en busca de un hábitat adecuado, porque son acosados por el avance de la ganadería, de las carreteras y de las infraestructuras urbanas.

A esto, añade Castellanos, se suma la caza de esta especie en áreas no protegidas.

Quienes cazan al tapir lo utilizan para elaborar unas especies de lazos (llamados betas, en la Sierra) y de mantas para arrear o tapar al ganado.

Otros, en cambio, usan las pezuñas del tapir para elaborar preparados que, supuestamente, curan enfermedades como la epilepsia y los males del corazón. También las consumen como afrodisiacos.

Solo hay tapires andinos en Colombia, Ecuador y en el norte de Perú. Se calcula que en las zonas andinas de estos tres países viven unos 2.500 ejemplares. Pero el número podría reducirse por la caza furtiva.

No existe un censo de la población de esta especie porque es difícil ubicarla en la extensa vegetación. En el país, los tapires se encuentran en la cordillera oriental de los Andes, desde Carchi hasta Loja. Viven en bosques nublados y páramos.

La sensibilidad extrema de estos herbívoros les impide convivir con otros animales. El tapir es silvestre. Es escurridizo, tímido y arisco. Cuando el ganado invade su área, opta por adentrarse al bosque, puesto que las otras especies llegan a competir por su mismo espacio físico y por su alimento.

Estos animales necesitan espacios grandes para correr, alimentarse y reproducirse. Un macho requiere de unas 800 hectáreas, como mínimo, para cumplir sus necesidades biológicas; mientras que las hembras, unas 250 hectáreas para hacer lo mismo.

Tienen una sola cría cada trece meses. Y estas viven con sus madres hasta el año y medio. Luego de eso se hacen independientes. Se alimentan de tallos frescos. Están emparentados con los caballos, cebras, burros y con los rinocerontes.

Caminan durante el día y la noche. No tienen siestas de tiempos largos como el hombre. Les basta con dormir media hora. Descansan varias veces al día. Y son más activos en la madruga y al finalizar la tarde. La temperatura también incide en su actividad.

Por ejemplo, si hay 10 °C, su movilidad es mayor. Este comportamiento se pudo descubrir por medio de collares telemétricos que biólogos de las tres fundaciones que trabajan en su conservación colocaron a cinco ejemplares del país: tres machos y dos hembras.

Retener por algunos minutos a los tapires, para instalarles los collares, fue difícil, expresa Castellanos. Pero esto ha permitido conocer los hábitos de estos “jardineros”.

Esta tecnología (llamada telemetría) se colocó en junio del 2011 a los ejemplares que estaban en el Parque Nacional Cayambe-Coca, un área protegida ubicada en la cuenca alta del río Papallacta, sitio del cual sale el agua para Quito.

Las tres fundaciones buscan mecanismos para salvar a la especie de su extinción. Uno de los proyectos aspira a estimar la población existente en el parque Cayambe-Coca. Esto a través de los collares telemétricos, cuyo valor de mantenimiento supera los $ 20.000 al año.

Con un cálculo estimado de la población de tapires, los científicos podrán hacer propuestas para que las autoridades implementen políticas y programas de protección, agrega Castellanos. El especialista cree que los tapires están en mayor peligro de extinción que los osos andinos o de anteojos.

Castellanos sugiere, por el momento, que se interconecten los parques o áreas nacionales protegidas (a través de corredores) para que las poblaciones de tapires se encuentren entre ellas. Ahí se reproducirían.

Si no se toman correctivos, los jardineros del bosque desaparecerían. No habría la dispersión de las semillas. Eso impediría la biodiversidad, que es –a su vez– la responsable de mantener un aire limpio (capta el carbono) y ciclos propicios de agua. En febrero próximo, los biólogos esperan tener más datos sobre los tapires.

Fuente: El Universo

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