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jueves, 17 de noviembre de 2011
Buscando en Internet Las tecnologías de la información ocasionan el dos por ciento de las emisiones gases que contribuyen al efecto invernadero según un estudio que calcula la contaminación que genera el empleo del correo electrónico, la búsqueda en la web y la transferencia de datos desde un dispositivo USB.

¿Sabía que un sólo correo electrónico que va acompañado de un archivo adjunto, y que es leído por varias personas durante cinco minutos puede llegar a producir una polución equivalente a 19 gramos de dióxido de carbono o CO2?.

¿Sospechaba que realizar apenas dos consultas en Google equivale a hervir agua en una tetera, generando 15 gramos de CO2? .

Parecen unas cantidades exiguas de contaminación, pero multiplique esos pocos gramos de CO2 por los millones de emails que circulan diariamente y la infinidad de búsquedas de información que realizan en la Red, y nos encontraremos con una respetable cantidad de toneladas de unos de los gases que más contribuyen al efecto invernadero y al calentamiento global.

Y no sólo los correos electrónicos tienen un impacto ecológico insospechado. Las visitas a las páginas web en Internet, así como las trasmisiones de datos de un soporte electrónico a otro mediante memorias portátiles también ponen su granito de arena, en ese árido desierto en el que el cambio climático amenaza con convertir a vastas regiones del planeta.

Y no sólo la electrónica de las aparentemente inocuas  tecnologías de la información (TIC) ayuda a ensuciar la atmósfera. La llamada “electricidad limpia”, es decir la que generan las centrales hidroeléctricas emiten a la atmósfera  partículas de metano, un gas que contribuye más al calentamiento global que el propio dióxido de carbono.

El dióxido de carbono, un gas incoloro, inodoro e incombustible que se encuentra en baja concentración en el aire, se genera, además de por algunos procesos naturales como la fermentación, al quemarse cualquier sustancia que contenga carbono, como los combustibles fósiles utilizados en infinidad de actividades humanas, como el transporte o la industria.

Los científicos consideran al CO2 como el principal gas que contribuye al cambio climático, o calentamiento progresivo del planeta, un proceso que podría generar catástrofes ambientales de todo tipo y efectos devastadores, como huracanes, tsunamis, terremotos, erupciones volcánicas, tormentas intensas, inundaciones, sequías.

Según la Agencia para el Medio Ambiente y el Control de la Energía (ADEME, según sus siglas en francés) un correo electrónico con un archivo adjunto de un ‘megaoctect’ (Mo), que leen varios usuarios durante cinco minutos, cada uno en su respectivo ordenador, puede generar el equivalente de 19 gramos de CO2.

Un ‘megaoctet’ equivale a un millón de ‘octets’. Un ‘octet’ es una unidad de información digital utilizada en informática y telecomunicaciones que equivale a ocho bits.

El largo viaje de los e-mails

Para su investigación, la ADEME gala ha calculado el “coste energético” de la escritura y envío de correos electrónicos, siguiendo la cadena de producción y distribución, en su viaje desde el ordenador donde ha sido elaborado el e-mail, a través de los múltiples ordenadores del proveedor de Internet y las bases de datos que gestionan el tráfico de los envíos y recepciones, hasta llegar a sus destinatarios.

Todo este proceso tiene un costo más o menos preciso de energía, que va aumentando a medida que el e-mail aparece en distintas pantallas y equipos, cada uno de los cuales tiene su propio costo energético, en electricidad, entre otros factores.

“Enviar un correo con un fichero adjunto, como una foto, un documento en PDF u otro formato tiene un consumo energético más alto de lo que se imaginaba, incluyendo el costo de los materiales utilizados en todo el proceso de transmisión, cuya fabricación también ha consumido mucha energía”, explica el investigador Alain Anglade, ingeniero de la ADEME francesa.

La ADEME calcula que actualmente se transmiten unos 250.000 millones de correos electrónicos diarios, una cantidad en continuo crecimiento, que podría duplicarse para el año 2013.

Según el informe de la agencia gala, “reducir un 10 por ciento el envío de correos en una empresa de 100 trabajadores supone un ahorro de una tonelada de CO2 al año”.

Además, la investigación calcula que cada ‘internauta’ realiza una media de 949 búsquedas en Internet al año, lo cual significa que se emiten el equivalente a 9,9 kilos de CO2. Una buena utilización de los buscadores, que ahorre búsquedas, o de palabras claves precisas, permitiría ahorrar cinco kilos de CO2 al año, de acuerdo a la ADEME.

Su estudio también ha calculado el efecto de la lectura de un documento de 200 páginas transferido mediante un dispositivo USB de 512 megabytes. Si se calcula el tiempo de lectura de cada página en tres minutos y que cien personas leerán el documento completo, las emisiones relacionadas con la transmisión de dicho documento suponen el equivalente a 80 kilogramos de CO2.

Hace unos años la empresa Gartner, dedicada a efectuar análisis en el sector industrial, calculó que la actividad de la industria tecnológica genera a nivel global el mismo “gas de efecto invernadero” que las compañías aéreas de todo el planeta, alrededor de 2 por ciento de las emisiones de CO2.

El impacto energético de los buscadores

Por otra parte, un estudio de la Universidad de Harvard, en Massachussets, (EE. UU.), ha calculado que realizar dos consultas en Google emite el mismo CO2 que el que se produce al hervir agua en una tetera.

Cuando una persona introduce en la barra de Google las palabras de la búsqueda que quiere hacer, su consulta se dirige a varios servidores que se encuentran situados a miles de kilómetros entre si, en Estados Unidos, Europa, Japón y China, y que compiten el uno del otro. Entonces, el portal muestra el que responde más rápidamente, para reducir al mínimo los retrasos en las búsquedas.

Según Alex Wissner-Gross, físico de la Universidad de Harvard,  “Google opera con enormes centros de datos alrededor del mundo que consumen una gran cantidad de energía”, con lo que “una consulta en el buscador “tiene un impacto ambiental”, que este investigador ha calculado en siete gramos de CO2 por búsqueda.

Además, Wissner-Gross ha calculado que cada usuario de Internet, al visualizar una página Web simple genera 0,2 gramos de CO2 por segundo, cantidad que se duplica en el caso de que el sitio incluya imágenes complejas, animaciones o vídeos.

Según el físico estadounidense unas 200 millones de búsquedas diarias que maneja a diario el portal equivalen a emitir 1,4 toneladas de CO2 y emplean hasta 60.000 kWh diarios de electricidad.

En el caso de la electricidad, un estudio del Instituto Catalán de Ciencias del Clima (IC3) de España y el Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas (INPA) de Brasil, ha desmentido la fama de “energía limpia” de la energía hidroeléctrica, ya que este tipo de centrales generan una considerable emisión de partículas de metano a la atmósfera.

Según el IC3, las condiciones ambientales que se crean alrededor de los embalses hidroeléctricos, especialmente los localizados en climas tropicales, provocan que la materia orgánica al descomponerse no origine CO2, sino gas metano, el cual contribuye más al ‘efecto invernadero’ y al calentamiento global que el propio CO2.

Según los investigadores Salvador Pueyo, del IC3, y Philip M. Fearnside, del INPA, algunos estudios anteriores sobre este asunto subestimaban “casi un 80 por ciento de las emisiones” y señalan que en realidad estas centrales hidroeléctrica son “fábricas de metano” con un nivel de emisiones similar al de las centrales eléctricas térmicas que consumen combustibles fósiles.

Fuente: terra

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