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La Sudestada, una aliada de la contaminación Imprimir E-Mail
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Publicado por Valeria Cipolla   
viernes, 15 de julio de 2005
Río LujánEn la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA descubrieron que cada vez que se da este fenómeno climático, las aguas del tramo inferior del río Luján presentan un aumento de nitritos y cloruros, entre otros indicadores contaminantes.

Más allá de las temidas consecuencias que genera en las poblaciones cercanas a la costa del Río de la Plata, ahora los vientos de la Sudestada no sólo producen crecidas, sino que dejan un claro síntoma de contaminación ambiental.

Al menos así lo descubrió una especialista de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la bióloga Haydeé Pizarro, docente de Ecología General e investigadora del CONICET, tras estudiar durante más de dos años muestras de agua y datos que aportan microorganismos como las algas.

"Como efecto de este fenómeno meteorológico aumenta considerablemente la cantidad de cloruros, nitratos y distintos indicadores de la contaminación en el tramo inferior del río Luján, afluente del Plata", indicó la experta.

En declaraciones al Centro de Divulgación Científica (FCEyN), el biólogo Guillermo Tell, profesor de esa casa de estudios e investigador del CONICET, aseguró que "estos pequeños vegetales, en su gran mayoría microscópicos, son importantes indicadores de la calidad del agua. Son sensibles a cualquier cambio que ocurra en el medio acuático, ya sea de origen natural o artificial, por lo que se constituyen en eficientes 'detectores' de cambios producto de la actividad humana".

Según se dio a conocer, a lo largo de los 23 kilómetros finales del río Luján que baña distintos poblados del conurbano bonaerense pertenecientes a Escobar, Tigre y San Fernando, el equipo de trabajo siguió en detalle el nivel de contaminantes orgánicos y cómo estos variaban en presencia de la sudestada.

"Se registra un aumento del 400% de amonio que indica desechos orgánicos, un alza del 50% de cloruros, señal de desechos urbanos y cloacales, como el sodio, que también se incrementó alrededor de un 67%"; describió la especialista acerca de los valores recogidos en una estación de muestreo ubicada a 12 kilómetros aguas arriba de la desembocadura del río Luján en el Río de la Plata.

A lo que agregó: "La sudestada incrementa el deterioro ambiental dado que frena el drenaje normal del río hacia el estuario del Río de la Plata. Su efecto es de tapón. Además, cuando este fenómeno viene acompañado por lluvias, éstas lavan zonas muy deterioradas y suman más materia orgánica contaminante".

Para Susana Bischoff, del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de esta Facultad, "las sudestadas se producen durante todo el año, pero con más frecuencia a fin de invierno y principio de primavera y verano. Su duración es variable entre 24 y 140 horas, aunque habitualmente persisten durante dos o tres días".

Las algas tienen la palabra

Para la investigación, los expertos de la UBA recorrieron a bordo de embarcaciones de la Prefectura Naval Argentina desde el puente de Panamericana y río Luján hasta su desembocadura a la altura de San Fernando.

En ese tramo tomaron mensualmente muestras de agua de distintos lugares para determinar su calidad. Luego, no sólo sometieron las pruebas a los tradicionales análisis físico-químicos de laboratorio, sino que pusieron su atención en los pequeños seres vivientes como las algas, una especie de barómetro de los cambios ambientales. "Estos microorganismos son marcadores muy sensibles, resumen la historia físico-química del lugar donde se encuentran", definió Pizarro.

"Dado que tienen estructuras de adhesión que son gelatinosas, provocan que uno se resbale cuando pisa una piedra donde se hallan adheridas. Un centímetro cuadrado puede reunir a varios miles de individuos", describió la especialista.

Si bien algunas flotan y sus medios de locomoción sólo les permite ir en dirección de la corriente, otras están fijadas al fondo de los cuerpos de agua tapizando distintos superficies. "Las microalgas sin movilidad resultan clave para dar cuenta de qué sucede en un punto determinado donde se ubican", indicó. Su testimonio lo pueden expresar a través del aumento o disminución de la población, entre otros cambios. "Ante una perturbación -dice- responden rápidamente, ya sea cambiando el número de individuos, desapareciendo por completo o aumentando mucho su número".

La velocidad de reacción es una de las razones para buscarlas como finas sensoras de la calidad de agua. "Su ciclo de vida es muy corto para los estándares humanos, porque no sobreviven a los 25 días de edad en promedio. Esta característica las hace muy plásticas. Si se tomara como bioindicadores a organismos de ciclo de vida largo, las adaptaciones serían más lentas y no fácilmente observables en breve tiempo. Para ellas lo que pasa en minutos, sería comparable a décadas", precisó.

Algunas especies son típicas de ambientes muy perturbados. Es así que su sola presencia está indicando esta condición, aunque un análisis físico-químico pueda resultar cercano a valores normales. "Los estudios químicos, si bien tienen una enorme validez, toman muestras de un momento determinado y la contaminación por lo general no es continua sino por impulsos". Esto quiere decir que, si la corriente se llevó los nitritos o cloruros de un vertido clandestino, la muestra química no los mide, pero "las algas, como resumen la historia físico-química de un punto determinado, están más allá de los vaivenes momentáneos de la contaminación", subrayó.

Con las algas como aliadas para avizorar los rastros de la contaminación, el estudio del equipo del Laboratorio de Limnología de FCEyN observó que, "si bien el agua del río Luján está contaminada, la sudestada disminuye aún más su calidad en relación con situaciones en que este fenómeno no se registra". ¿La solución? "La situación solo puede mejorar con un cambio de política en el control de los desechos industriales y cloacales", concluyó Pizarro.

En tanto, las sudestadas parece que se irán incrementando. "Estudios de las últimas décadas del siglo pasado muestran que la frecuencia de sudestadas aumentó hacia fines del siglo y la perspectiva es que el sistema climático refuerce la dirección de viento del este-sudeste sobre el estuario del Río de la Plata en el mismo período. La tendencia en esta región indicaría que la frecuencia de sudestadas irá en aumento", advirtió la meteoróloga Bischoff.
Fuente: CONICET
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