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Noticias - Setiembre 2009
Publicado por Administrador   
martes, 29 de septiembre de 2009
Charles Darwin ¿Darwin?", se sorprende la secretaria del Archivo Histórico de Santa Fe, como si le preguntáramos por uno de los cantantes de reguetón o por una mascota perdida. Duda, mueve la cabeza. Hace algunos llamados, envía mails y consulta a sus compañeros, pero no hay caso. La mujer, de rodete sostenido por spray y lentes nacarados, nos mira como pensando: "Ese tal Darwin no debe ser importante, porque acá no figura". Estas respuestas serán una constante a lo largo de este viaje.

De todos modos, el edificio en el que se encuentra hoy el Archivo Histórico fue nada menos que la residencia del caudillo Estanislao López, de quien Darwin hablara en su Diario de viaje de un naturalista: "Santa Fe es una pequeña ciudad, tranquila, limpia y donde reina buen orden. El gobernador López, soldado raso en tiempo de la revolución, lleva 17 años en el poder. Esa estabilidad proviene de sus costumbres despóticas, pues hasta ahora parece adaptarse mejor a estas regiones la tiranía que el republicanismo".

En octubre de 1833, al naturalista inglés le bastaron tres días en la ciudad –de los cuales estuvo dos enfermo– para hacer una descripción sintética de los líderes y la idiosincrasia locales.

Alba Imhoff y Federico Giri, especialistas de la cátedra de Evolución en la Universidad del Litoral, creen que el naturalista pasó esas tres jornadas en el convento San Francisco, en el casco histórico de la ciudad, primer lugar al que arribaban los viajeros procedentes del sur. No hay registros históricos –al menos no en el Archivo de la ciudad–, pero sí una anécdota que relata Darwin en su diario, con los mismos detalles que hoy se pueden leer en una de las paredes del convento: "En las orillas del Paraná, los jaguares (yaguareté) matan a muchos leñadores y hasta rondan a los buques durante la noche. Cuando las inundaciones los expulsan fuera de las islas del río, se hacen peligrosísimos. Me han contado que hace algunos años un jaguar enorme penetró en una iglesia de Santa Fe. Uno tras otro, mató a dos sacerdotes que entraron en la iglesia; un tercer clérigo se libró de la muerte con las mayores dificultades. Para lograr destruir a ese animal, fue preciso levantar parte de la techumbre de la iglesia y matarlo a tiros".

Ocurrió en ese convento en 1825, y es probable que Darwin lo escuchara de boca de los mismos sacerdotes que lo vivieron. Incluso se mantiene, en una de las mesadas, uno de los rasguños originales de aquel animal. La foto a colores que muestra la piel del yaguareté es un poco exagerada –demasiado nueva–, pero ayuda a mantener en vilo a los turistas.

Esta historia no es menor: Darwin estudió en Argentina las costumbres de este animal, en varias regiones, y se encontró con un claro retroceso histórico de la especie: cada vez había menos yaguaretés. Y registró que la acción del hombre era un factor clave: "Al jaguar se lo mata sin gran dificultad, con ayuda de los perros que lo acorralen y obliguen a encaramarse al tronco de un árbol, donde se lo despacha a balazos".

En este caso, la semilla de la evolución –mejor dicho, de la extinción– no tenía tanto que ver con la selección natural sino con la artificial: la del hombre. De hecho, el yaguareté (de la familia de los leopardos) es hoy una de las especies argentinas en peligro de extinción. Según la organización ecologista Red Yaguareté, de Misiones, una de las principales causas son las muertes provocadas por automovilistas en las rutas.

Grandeza fluvial. Tranquilidad, árboles enormes, multitud de cactus y otras plantas, muchísimas aves: Santa Fe de la Vera Cruz creció, pero mantiene los rasgos verdosos que Charles Darwin describió en su paso por la ciudad.

No alcanza a ser una urbe ruidosa, no hay bocinazos ni tráfico enredado, la gente camina como si no estuviera apurada. Pero el rasgo más sobresaliente del lugar sigue siendo, sin dudas, el que deslumbró al joven inglés varios kilómetros antes de llegar a esta capital: el Paraná, ese "río colosal" cuya grandeza "proviene de su importancia desde el punto de vista de la facilidad que proporciona para las comunicaciones y el comercio entre diferentes naciones, y llena de admiración el pensar de qué enorme distancia viene este caudal de agua dulce que corre a nuestros pies y cuán inmenso territorio riega", escribió en su Diario.

Santa Fe, el último puerto argentino de ultramar para los barcos oceánicos, está rodeada de agua: por la laguna Setúbal y por los brazos del Paraná, que le prestan su identidad.

A comienzos de año, una serie de denuncias de ambientalistas y legisladores provinciales alertaron sobre una práctica polémica: la de la empresa Makhena, con sede en Argentina y Estados Unidos, autorizada por la Secretaría de Ambiente de la Nación para extraer agua a granel de este río y exportarlo a Europa, donde se la promociona como agua dulce cruda.

La denuncia no tuvo demasiado eco: otros especialistas advirtieron que esa práctica tiene un efecto ínfimo en relación al enorme caudal del Paraná.

Ahora hay mucha agua, es cierto. Pero en otras épocas no fue así. En su viaje hacia Sante Fe, Darwin relata testimonios de quienes recuerdan una sequía entonces reciente –entre 1827 y 1832– en la que "hasta los cardos dejaron de brotar" y murieron "un millón de cabezas de ganado" en Santa Fe y Buenos Aires.

Las noticias de esta semana no son muy alentadoras: la provincia de Santa Fe perdió más de 440 mil cabezas de ganado entre 2008 y 2009, a causa de la sequía que afectó a la región central y norte, según datos del Sistema Agropecuario del Ministerio de la Producción.

Parece que Santa Fe y sus alrededores no le causaron a Darwin una buena impresión, porque antes de abandonar la ciudad sentenció: "¡Cuán diferente hubiera sido el aspecto de este río si colonos ingleses hubieran tenido la fortuna de ser los primeros en remontar la corriente! ¡Qué nobles ciudades ocuparían ahora sus riberas!".

Típico pensamiento de joven, mejor dicho de joven inglés. Mejor dicho, de joven inglés del siglo XIX que acababa de pasar por las Islas Malvinas, a tres meses de haber sido conquistadas por Inglaterra.

Fuente: LAVOZ.com.ar

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