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El impacto del cambio climático en la planificación de puentes y represas Imprimir E-Mail
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Noticias - Agosto 2009
Publicado por Administrador   
jueves, 20 de agosto de 2009

InundacionesLos científicos que estudian los escenarios climáticos hace algunos años que están debatiendo si la mayor frecuencia de eventos extremos (lluvias intensas, tormentas con granizo, inundaciones y ciclos de sequía) está vinculada con una tendencia permanente de cambio climático o deben enmarcarse en un fenómeno natural de “variabilidad” del clima.

La diferencia es importante. En el primer caso, se proyecta un aumento gradual de la temperatura -para las próximas décadas- relacionado con el aumento de los gases efecto invernadero en la atmósfera, que se duplicaron en comparación con los comienzos de la Revolución Industrial a fines del siglo XVIII. Ésta sería la causa de la contracción de algunos glaciares, de la mayor cantidad e intensidad de lluvias, del aumento de la frecuencia de huracanes y, también, de la agudización de los ciclos de sequía.

En la otra hipótesis, la de la variabilidad del clima, los científicos piensan que el planeta atraviesa una etapa transitoria en la que se están manifestando más los extremos y contrastes. Asimismo, afirman que esto no necesariamente supone que el termómetro va ir siempre hacia arriba y explican que las oscilaciones y los eventos meteorológicos se relacionan con los ciclos naturales de la Tierra (húmedos y secos).

El debate no es inocente. La hipótesis del cambio climático, que por ejemplo defiende el Panel Internacional de Cambio Climático, supone un claro impacto del hombre -del modelo económico y del estilo de vida- en el ambiente. En cambio, en la variabilidad, las oscilaciones tienen que ver con un ciclo natural del planeta.

Pero hay una cosa que parece objetiva, al margen de la discusión entre los dos paradigmas. “En estos años el clima ha dejado de ser estacionario y pasó a ser cambiante”, planteó Carlos Paoli, director del Centro Regional Litoral del Instituto Nacional del Agua (INA). Y esto implica un enorme desafío para los ingenieros que deben planificar puentes, represas, rutas y hasta el sistema de alcantarillado público.

Tal vez sea el momento más difícil para calcular una obra hidráulica. Es que las estadísticas y las muestras históricas de las últimas décadas están dejando de ser confiables. Y solían ser la base para definir los límites máximos de crecida, que después se utilizan para ajustar la altura y la luz de un puente o la cota de una presa.

Por eso, esta semana, en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Fich) se llevó a cabo el “Taller para determinar crecidas de diseño en sistemas climáticos cambiantes”, que reunió a más de 40 ingenieros, climatólogos e hidrólogos. Carlos Paoli coordinó este evento científico junto a Guillermo Malinow, representante del Comité Argentino de Presas (CAP). Lo organizaron en forma conjunta el Instituto Nacional del Agua (INA), la Fich (UNL) y el CAP.

La meta fue dar el primer paso para consensuar un conjunto de recomendaciones que se puedan utilizar a fin de planificar el desarrollo de la infraestructura hídrica y que dicho conjunto también sea una herramienta para analizar la seguridad de las obras que se hicieron en el pasado, en el marco de este nuevo contexto climático. “Me entusiasma que especialistas de distintas disciplinas puedan analizar juntos un tema que es de enorme relevancia”, destacó Raúl Lopardo, presidente del INA.

Responsabilidad social

“Es un escenario climático muy complejo para definir obras hídricas -reconoció Paoli-, por eso nos pareció muy relevante reunirnos para analizarlo”. Malinow coincidió y explicó los dilemas que ahora están atravesando su trabajo. “Si realmente está cambiando el clima y hay advertencias de tormentas muy importantes, entonces los ingenieros nos empezamos a preguntar si los caminos, los diques y los puentes van a poder soportar todo eso”.

Hay que comprender que la determinación del volumen de las presas y los puentes tiene un fuerte impacto en los recursos del Estado. Los ingenieros creen que está cuestión debe analizarse desde el eje de la responsabilidad social de su profesión.

“Cuando ajustamos las dimensiones de un puente o de una presa, no sólo se trata de hacerlas más altas para cubrirnos ante posibles crecidas, porque son fondos que también se necesitan en los hospitales y en las escuelas”, razonó Malinow, quien todavía recuerda que un reconocido ingeniero le decía: “Pero en los hospitales no hay gasas...”, cada vez que debatían sobre la tensión entre la seguridad y la factibilidad presupuestaria de una obra.

Para evitar errores, que después se pagan con fuertes impactos sociales y económicos, se necesitan criterios rigurosos y confiables. “Los ingenieros no se pueden poner a estudiar la historia climática del planeta cada vez que tienen que proyectar una obra, por eso son claves los parámetros, las guías y los procedimientos”, afirmó Paoli.

Estas normas no sólo son claves para planificar los próximos puentes, rutas o diques; también deberían ser “el mapa” para revisar toda la infraestructura hídrica que se hizo en el pasado y que todavía se está utilizando.

Pero hay que establecer prioridades y hacer una evaluación por regiones hídricas. “Se puede hacer un ranking con las obras que es más importante revisar -propuso Paoli-. Habría que empezar por las que podrían estar más afectadas por este nuevo escenario climático; también, considerar el posible impacto social de la posible falla, si está subestimada la crecida de diseño”.

Las conclusiones

En un informe preliminar sobre las recomendaciones y conclusiones que elaboraron los más de 40 climatólogos, ingenieros e hidrólogos que participaron en el taller; el eje que vincula estos criterios es la necesidad de estudiar con más profundidad el nuevo escenario climático, a fin de tener parámetros más precisos para diseñar las obras y, además, se reitera la relevancia de establecer prioridades para analizar la infraestructura hídrica que se construyó en las últimas décadas.

La primera advertencia es que los cambios que se verifican en los regímenes hidrológicos -a los que se propone llamar como “cambio global”- están causados por la variabilidad o el cambio climático, relacionados con las modificaciones en la ocupación y el uso del suelo.

Muchas de estas cuestiones todavía se están analizando. Paoli adelantó algunos indicios. “En cuencas pequeñas se nota más el impacto de la deforestación; en cambio, en las cuencas más grandes parece tener una mayor influencia el régimen de precipitaciones”, explicó el director del Centro Regional Litoral (INA).

De todos modos, estos especialistas recomiendan analizar las oscilaciones climáticas en cada zona. “Es que todavía no hay estudios determinantes en todas las regiones del país que permitan cuantificar la magnitud del cambio”, destaca el texto de las conclusiones preliminares.

El problema es que en algunos lugares (NEA, NOA y la Pampa Húmeda) los cambios “parecen manifiestos”, pero en otras áreas son poco significativos o, “directamente, no existen”. Aunque también hay que considerar -plantea el documento- que en muchas partes de la Argentina no se toman mediciones adecuadas.

Por esta razón, al momento de planificar nuevas obras, la recomendación para los ingenieros es que interactúen con los especialistas de los modelos climáticos para interpretar lo mejor posible las proyecciones para las próximas décadas.

En cuanto a las series de trabajo (por ejemplo, los registros estadísticos del comportamiento de un cauce), es clave que los ingenieros tomen las muestras que sean más representativas del escenario actual (en particular cuando hay falencias en la homogeneidad de esos datos). Sobre todo porque reflejan mejor las características actuales del sistema meteorológico y las previsiones para el futuro. Para evitar sorpresas, es importante, además, verificar (contrastar) con eventos extremos históricos, cualquiera sea el período en el que se hubieran producido.

Paoli, Malinow y el resto de los expertos que participaron en el taller también insistieron en que es necesario contar con estudios de regionalización de extremos hidrológicos -para que sirvan de base de análisis-, y recomendaron la elaboración de guías para la estimación de crecidas.

Análisis de prioridades

Este documento preliminar propone que para analizar los riesgos de las obras hidráulicas que ya existen se consideren cuatro cuestiones centrales.

- Si pasó un tiempo prolongado sin que esas obras hayan sido revisadas.
- Si se modificaron las hipótesis que definieron la crecida de diseño (la que se tomó en cuenta para estimar la obra).
- Si se generaron eventos extremos que fundamenten una nueva evaluación.
- Si con los años se incrementaron los riesgos para las personas (mayor densidad de población, nuevas obras de infraestructura).

Los especialistas reiteran que la primera cuestión es hacer un análisis de prioridades, para definir cuáles son las obras sobre las que pesa un mayor riesgo potencial y que, ante una falla, pueden afectar a una mayor cantidad de población.

El documento termina con dos premisas. La primera involucra al poder político. “El nivel de riesgo aceptado para el dimensionamiento de las obras debe ser definido por la autoridad competente (provincias o municipios)”. Esto implica reconocer que hay que tomar una decisión política -con asesoramiento técnico- que armonice la seguridad de una obra con el esquema presupuestario de un gobierno.

La última recomendación advierte que debería ser obligatoria la elaboración de Pade’s (Plan de Acción Durante Emergencia) no sólo en presas, sino también en terraplenes y otras obras hídricas. Estos protocolos deben ser elaborados por los operadores de estas obras hidráulicas y tienen que estar estrechamente relacionados con los planes de contingencia de las ciudades y localidades que son protegidas por estas defensas, o que se ubican aguas abajo de una presa.

Fuente: El Litoral.com

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