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Erosión hídrica y conservación de los suelos en Aldea Santa María

Erosión del suelo

Aldea Santa María se localiza 70 km al noreste de la ciudad de Paraná y el área pertenece a la cuenca hidrográfica del arroyo Las Conchas. El antiguo monte (espinal mesopotámico) solo es visible en pequeños manchones donde el monte natural cerrado se ha mantenido intacto; el resto de la superficie está integramente dedicada a la agricultura, actividad propiciada por la gran fertilidad de los suelos.

Estos, en su estado primigenio, presentaban escasa propensión a la erosión hídrica. A pesar de la existencia de las lomadas que caracterizan a la región, estaban muy bien protegidos por la vegetación, y el ecosistema se mantenía en perfecto equilibrio natural.

Hacia fines del siglo XIX se produjo un hecho fundamental que cambiaría para siempre la fisonomía del lugar. Un grupo de colonos alemanes provenientes de las llanuras rusas del río Volga fundaron, el 4 de junio de 1887, un poblado al que llamaron Aldea Santa María.

El primer gran obstáculo con el que se encontraron fue la falta de agua, de modo tal que debieron echar mano a las palas para cavar pozos que les permitieran acceder al vital elemento. Más adelante fueron levantando algunas viviendas y luego comenzó la dura tarea de sacar el monte para convertirlo en tierras de labranza. El terreno que iba apareciendo tenía pendientes pronunciadas que antes habían estado disimuladas por el monte; pero a los ojos de los nuevos colonos eso parecía no revestir ninguna importancia. Lo único que contaba era la excelente presencia de una buena cantidad de humus en el suelo. Las primeras siembras se hicieron en 1888 y las herramientas de laboreo que se utilizaron fueron muy rústicas y precarias. Es muy probable que desde aquellos tiempos se hayan comenzado a labrar los campos sin tener en cuenta que los surcos muchas veces seguían la dirección de la pendiente del terreno, con lo cual empezó a desencadenarse lentamente el proceso de la erosión hídrica de los suelos.

Durante varias décadas el desmonte permitió un lento pero constante avance de la frontera agrícola. Al desconocimiento absoluto de técnicas de labranza conservacionista se sumó, a partir de 1916, la fuerte expansión de la agricultura basada en labranzas con arado de reja y vertedera, sistema que aceleró el proceso de degradación.

Las nuevas tierras que iban ganándose al poco monte que aún quedaba, producían muy buenos rindes en las cosechas. En cambio las más antiguas, en este caso las más cercanas a Aldea Santa María, mostraban cada vez una mayor pérdida de rendimiento. Evidentemente se estaba haciendo un muy mal manejo del ambiente productivo en general.

En un principio, el elevado contenido de materia orgánica y una agricultura que no había llegado a su etapa de expansión, permitieron mantener los suelos productivos, con procesos degradatorios incipientes o localizados. Pero la forma de labranza que aplicaban los colonos había sufrido un cambio propiciado por el avance en la tecnología. Y si bien se utilizaban arados más nuevos, seguían ignorándose algunas técnicas fundamentales de conservación que debían aplicarse en suelos por demás propensos a la erosión. Los campos producían menos y, en algunos casos, se habían transformado en propiedades invendibles atravesadas por inmensas cárcavas.

Es muy común que el proceso de la erosión causada por el agua de lluvia pase a veces desapercibido y el agricultor no se de cuenta de ese tipo de pérdida de suelo hasta que los resultados son netamente visibles. De hecho el reemplazo de una agricultura tradicional o convencional como la que habían venido aplicando los ruso-alemanes requeriría de un gran esfuerzo que no estaría limitado exclusivamente a los aspectos tecnológicos. Todo sistema de producción, para que fuera sustentable, necesitaba de una debida planificación y de una continuidad temporal. Tanto la conservación de los suelos como de los recursos naturales y del medio ambiente en general, requieren de una fuerte participación del área educativa. Estas temáticas fueron interesando cada vez más a los nietos de los ruso-alemanes. Aprendieron que existían varias alternativas técnicas para controlar la erosión hídrica y que las mismas podían aplicarse individualmente o en forma combinada.

Fue así como lentamente comenzaron a observarse hacia fines de los ’60 algunas superficies sembradas cortando la pendiente, para luego comenzar a combinar fajas de cultivos de invierno con fajas de cultivo de verano, de manera tal que el suelo permaneciese con cultivos en distinto grado de crecimiento durante la mayor parte del año. Más adelante se efectuaron las primeras obras de terracería perpendiculares a las pendientes del terreno, para frenar y conducir el excedente hídrico hacia canales de desagüe vegetados ubicados en los bajos naturales del campo.

En 1970 los suelos de Aldea Santa María no escaparon a la extraordinaria transformación de la actividad agrícola que se caracterizó por el gran aumento de la producción, la adopción de tecnología moderna, el desarrollo de nuevas formas organizativas de la producción y un aceleradísimo proceso de agriculturización. Muchos jóvenes asistían por entonces a escuelas rurales donde se les enseñaban los conocimientos necesarios para desarrollar un nuevo tipo de agricultura que era, fundamentalmente, respetuosa del ambiente. No por esto dejaba de ser económicamente rentable, razón por la que comenzó a ser aceptada moral y socialmente. Existían nuevos fertilizantes, herbicidas y máquinas agrícolas y se disponía de un cúmulo de nuevos conocimientos acerca del suelo y de cómo variaba y qué necesitaba éste para conservar y aumentar su fertilidad sin dejar por eso de dar una producción máxima. Se sentían capacitados para trabajar la tierra y obtener cosechas en forma insospechada hasta hacía unos años.

El concepto de calidad del suelo que implicaba una visión global iba mucho más allá del cuidado de su integridad física, y alcanzaba también a las funciones del mismo.

Estas nociones se integraron y plasmaron en el sistema de siembra directa. Entonces los impulsores del cambio a nivel local decidieron doblar su apuesta. Empezaron a imaginar que si el desarrollo de una agricultura productiva, rentable y sustentable ambientalmente era uno de los grandes desafíos de la humanidad para el siglo XXI, bien podrían comenzar a transmitir de alguna manera todo ese cúmulo de nuevas experiencias.

Cultivo con terrazas en un campo de Aldea Santa María

Fue así como en el año 1989 un grupo de docentes y alumnos de Aldea Santa María organizaron una serie de actividades cuyo objetivo primordial fue la divulgación de la problemática de la degradación de los suelos, las medidas que se habían tomado al respecto y los resultados obtenidos, sentando las bases de lo que hoy es la Fiesta Provincial de la Conservación del Suelo.

Cuando los colonos ruso-alemanes se asentaron en diversos puntos de nuestro territorio su meta principal fue la de trabajar las tierras, razón que justificaba plenamente las tareas de desmonte que debieron realizar. Y fue doblemente importante: les aseguraba la provisión de leña, único combustible utilizado en sus viviendas, y la ampliación constante de los campos para sembrar. Tanto las técnicas de cultivo como la tecnología disponible fueron prácticamente las mismas que habían estado utilizando durante mucho tiempo en Rusia. Lo mismo el tipo de suelo, que era muy similar al de las márgenes del río Volga, pero que difería muchísimo en cuanto a la proclividad a la erosión.

La degradación de los suelos se ha producido como consecuencia de una multicausalidad, como el resultado de un proceso desencadenado a partir del desmonte iniciado en toda la zona. Así, a la proclividad de los suelos a la erosión, habría de sumársele la inocente ignorancia por parte de los colonos de métodos de labranza conservacionistas y el uso de herramientas inadecuadas. En muy poco tiempo sustituyeron el ecosistema por un sistema agrícola que desarticuló los procesos naturales de regulación existentes.

Fue necesario que la productividad de la tierra cayera a valores alarmantes para que pudiese operar un cambio en el modelo de agricultura que se estaba llevando adelante. Y así como en su momento la sociedad produjo un efecto sumamente negativo sobre el espacio, fueron los integrantes de esa misma sociedad quienes se propusieron empezar a trabajar muy en serio en la implementación de medidas tendientes a lograr la detención eficaz del problema. Una nueva estrategia se puso en marcha: la exitosa estrategia de la conservación del suelo. Una vital perspectiva que los habitantes de Aldea Santa María abrazaron como propia.

Carlos Daniel Abasto
especial para barrameda.com.ar

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