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Mejorar el abastecimiento, disminuir el
gasto innecesario y evitar la contaminación son los
principales retos en la gestión del agua, un recurso
limitado y cada vez más escaso. En la actualidad, hay
1200 millones de personas sin acceso a agua potable, entre
2000 y 3000 millones viven sin sistemas de desagüe adecuados
y se cree que la escasez afectará en los próximos
25 años a 5400 millones de personas.
En 1950 las reservas mundiales ascendían
a 16.800 metros cúbicos por persona y por año.
Hoy, estas reservas se reducen a 7300 metros cúbicos
y en sólo 25 años podrían descender a
4800.
Ayer, el director general de la Unesco, Koichiro
Matsuura, previno contra la amenaza de una inminente crisis
del agua y aseguró que éste "es uno de
los principales retos a los que debe hacer hoy frente el mundo".
El verdadero drama afectará a Africa
y Oriente Medio, donde las reservas serán sólo
la octava parte de las que había en 1950.
Ahora, el objetivo de la ONU es reducir a
la mitad en 2015 el número de personas sin acceso a
agua potable, para lo que considera necesaria una inversión
anual de 180.000 millones de dólares.
En los países en desarrollo, el 90%
de las aguas utilizadas se liberan sin haber sido objeto de
ningún tipo de tratamiento.
Y, según datos de la Comisión
Económica para Europa de la ONU (CEPE), uno de cada
siete habitantes en Europa (120 millones de personas) no tiene
acceso al agua potable ni a un adecuado sistema de saneamiento.
Limitar
el despilfarro
Mientras todas esas personas no reciben el
agua, ésta continúa siendo desperdiciada y contaminada,
señala un comunicado del organismo.
Sólo en la región de la CEPE
-55 países de Europa, Asia central, además de
Estados Unidos, Canadá, Israel y Turquía- el
costo en directo del agua que se pierde durante su distribución
es de unos 10.000 millones de dólares anuales.
Una preocupación particular es el
vertido de elementos contaminantes orgánicos y altas
concentraciones de estas sustancias han sido asociadas con
un importante número de efectos cancerígenos
para la salud.
Por otra parte, los accidentes industriales
pueden amenazar la distribución de agua y devastar
la vida acuática, como se demostró con el accidente
ocurrido en enero de 2000 en el norte de Rumania, con el vertido
accidental de 100.000 metros cúbicos de cianuro al
río Tisza.
Una persona necesita cinco litros de agua
diarios para beber y cocinar y otros 25 litros para su higiene
personal. Sin embargo, una familia media canadiense utiliza
cada día 350 litros de agua. En Africa, el promedio
es de 20 litros y en Europa de 165.
Entre 1900 y 1995, la extracción de
agua se multiplicó por seis, es decir, un ritmo dos
veces más rápido que el crecimiento de la población.
Ante la imposibilidad de ampliar la oferta
de agua, lo que acarrearía costos prohibitivos para
muchos países, es preciso limitar la demanda y el despilfarro,
según los expertos.
Hoy la agricultura capta el 69% del agua
consumida en el mundo, la industria el 23% y las familias
el 8 por ciento.
En los países en desarrollo la parte
correspondiente a la agricultura puede alcanzar un 80 por
ciento, por lo que incluso los pequeños cambios en
la manera de sembrar los cultivos, de regar y de cosechar
pueden marcar una gran diferencia.
Se calcula que las pérdidas debidas
a la ineficacia de los sistemas de riego ascienden al 60%
del agua consumida.
Por otra parte, unas 34.000 personas mueren
diariamente por enfermedades relacionadas con la calidad del
agua, como diarrea o lombrices intestinales.
En algunas regiones el agua está tan
contaminada que ya no puede ser utilizada, ni siquiera con
fines industriales.
Las causas son múltiples: afluentes
no tratados, desechos químicos, escapes de hidrocarburos,
abandono de basuras e infiltración en los suelos de
productos empleados para la agricultura.
Guerras
futuras
Muchos temen que en el futuro se desaten
guerras por el agua. El único caso conocido de una
guerra declarada por este recurso se remonta a hace 4500 años
y enfrentó a dos ciudades de Mesopotamia por el dominio
del Tigris y el Eufrates, en el sur del actual Irak. Aún
hoy, el agua de esos ríos y de otros cauces fluviales
sigue dañando las relaciones internacionales.
Sólo para citar algunos ejemplos,
en 1979, el presidente egipcio Anwar el Sadat declaró,
en referencia al Nilo, que "el agua era el único
asunto que podría llevar a Egipto a entrar de nuevo
en guerra".
El agua ha sido utilizada también
como arma y objetivo de guerra. Durante la del Golfo, Irak
destruyó casi todas las plantas de desalinización
de Kuwait, y la coalición aliada dirigió sus
ataques contra el sistema sanitario y de abastecimiento de
agua de Bagdad.
Según la Unesco, en todo el mundo,
hay 261 cuencas de ríos que son compartidas por dos
o más Estados.
La
situación argentina
El 21,5% de los argentinos (casi 8 millones
de personas) carece de agua segura, según datos difundidos
recientemente por Unicef y la Organización Panamericana
de la Salud (OPS). Las estadísticas indican que sólo
el 67% se abastece por fuentes confiables y en forma domiciliaria,
mientras el 11,5% apenas tiene acceso a una fuente pública
de agua cercana a su casa.
Comparados con los de la región los
índices locales son elevados: en México la falta
de redes de agua potable afecta al 13,4% de los habitantes,
en Colombia al 9,3%, en Cuba al 7%, en Chile al 5,8% y en
Uruguay al 2,24 por ciento.
En el marco local, los más perjudicados
son los niños, ya que un tercio de las causas de mortalidad
infantil puede relacionarse con malas condiciones ambientales,
entre las que se destaca la falta de agua potable. Entre las
enfermedades vinculadas con el agua contaminada se destacan
las diarreas, los parásitos, el cólera, la hepatitis
A y otras que pueden ser ocasionadas por la presencia de sustancias
tóxicas para el organismo, como el arsénico,
los nitratos y los nitritos.
Cuidar
el consumo en casa
En casa: según datos de Aguas Argentinas,
es indispensable mantener en condiciones artefactos y canillas
y cerrarlas durante el lavado de platos y el cepillado de
dientes. Al lavar veredas o patios, abrir y cerrar la canilla
de la manguera u optar por un dosificador de riego.
En el jardín: es importante regarlo
cuando cae el sol, ya que a esa hora el suelo absorbe mejor
el agua y se respeta el ciclo natural de las plantas.
En cifras: por cada lavado, el lavarropas
utiliza cien litros de agua; una ducha breve, de diez minutos,
insume 80 y un baño de inmersión requiere, al
menos, 150 litros. Cada descarga de inodoro consume 20 litros
y lavar el auto, 500, según un cálculo realizado
por la empresa.
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