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En el marco de su nuevo proyecto de ley de
ministerios, el Gobierno deberá decidir en estos días
el grado de importancia que habrá de asignar al área
ambiental. No se trata de un tema de menor cuantía.
Los problemas ambientales se han instalado en la agenda internacional,
con razón, desde hace más de una década.
Los impactos del cambio climático global sufrido
por nuestro país en aspectos tan diversos como el avance
del dengue o la alteración de la biodiversidad,
así como la necesidad de controlar y reducir la agresión
con que contaminamos nuestras fuentes de agua dulce, nuestros
suelos y hasta el aire que respiramos, requieren de una planificación
que ofrezca modelos regionales de desarrollo sostenible. Debe
existir, por lo tanto, un área del gobierno federal
dedicada a la política ambiental que tenga llegada
directa al gabinete de ministros y que evite continuar con
la actual dispersión de responsabilidades en temas
como el manejo de las cuencas hídricas, los bosques
nativos, las plantaciones forestales con especies exóticas,
los parques nacionales o el control de contaminantes.
Un área ambiental en el gabinete no tiene por qué
ser burocrática ni demasiado grande. Debe promover,
entre otros objetivos, la reglamentación del artículo
41 de la Constitución Nacional, conocido como cláusula
ambiental, con el fin de proteger el derecho de los
ciudadanos a un entorno sano.
La Red de ONG para el Desarrollo Sustentable en la
que participan, entre otras, la Fundación Ambiente
y Recursos Naturales, la Fundación Vida Silvestre Argentina,
Greenpeace y la Fundación Ciudad viene señalando
en diversos foros la importancia de que el gobierno federal
se ocupe de estos temas. Se trata de problemas que no pueden
ser resueltos aisladamente por las provincias: la mayoría
de ellas carece de capacidad y recursos para afrontar tales
responsabilidades.
"En segundo lugar, y esto es lo más grave, el
acuerdo institucionaliza, por primera vez, el reprocesamiento
de combustible nuclear gastado procedente de otros países",
concluye.
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