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| Cementerio simbólico.
las 800 cruces representan el daño
provocado por los toxicos. |
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Sobre un campo pegado a un riacho contaminado, y frente
a las chimeneas del Polo Petroquímico de Dock
Sud, militantes de Greenpeace y de la organización
Vecinos en Alerta por la Vida clavaron ayer 800 cruces
de madera en protesta por la ausencia de políticas
de control para evitar el daño de sustancias
tóxicas en la zona.
El camposanto simbólico recuerda además
la "tragedia de Bhopal", registrada en diciembre
de 1984, cuando unas 7.500 personas murieron en la India
al liberarse al aire 40 toneladas de gases letales de
la empresa fabricante de pesticidas Unión Carbide.
Las consecuencias de ese accidente continúan.
Desde entonces se calcula que hay más de medio
millón de personas afectadas por el efecto residual
de los venenos lanzados al medio ambiente.
Más cerca en el tiempo y con las consecuencias
cotidianas a la vista, los vecinos de Dock Sud vienen
alertando sobre la falta de medidas de control en ese
conjunto de plantas petroquímicas, y los problemas
de salud que estarían provocando.
Los hospitales atienden pacientes con problemas respiratorios,
alteraciones de la piel, y problemas gastrointestinales.
De hecho, días pasados tuvo que ser nuevamente
evacuada una escuela ante la emanación de fuertes
olores que provocaron diferentes clases de malestar.
El Polo Petroquímico del Dock Sud está
ubicado en Avellaneda. Allí hay radicados 50
establecimientos industriales. Entre los más
importantes, dos refinerías de petróleo,
8 plantas de recepción y almacenaje de petróleo,
y otros 8 que guardan productos químicos.
Según estiman las autoridades, en ese espacio
se manipula una cantidad desconocida de más de
200 sustancias químicas. De acuerdo con los expertos
oficiales, las "actividades industriales y portuarias,
sumadas al tránsito automotor, han hecho que
la zona sea una de las áreas del Gran Buenos
Aires con mayores problemas de contaminación".
"El jueves pasado, después de una llovizna
persistente, los pájaros caían muertos
de los árboles". Quien hizo el relato a
Clarín, es Delia, una de las organizadores de
Vecinos en Alerta por la Vida. "En dos o tres horas
se veía una franja de decenas de animales muertos
sobre la vereda. Ahora los están analizando,
pero esto pasa a menudo", indicó.
Los vecinos y Greenpeace vienen reclamando a las autoridades
un inventario de las empresas de la zona, con información
sobre el tipo y cantidad de sustancias tóxicas
empleadas. Uno de los problemas con que se han enfrentado
es que carecen de datos exactos de las clases de elementos
que operan y sobre el sistema mediante el cual se implementa
la seguridad en los trabajos.
También piden una moratoria en la instalación
de nuevas plantas en el lugar. Y atención sanitaria,
un estudio epidemiológico, y una "remediación
ambiental, garantizados con fondos provenientes de las
empresas que ocupan el área".
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