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Mendoza.- La Red Nacional de Acción
Ecologista (Renace) le reclamó a la Comisión
Nacional de Energía Atómica (CNEA) que priorice
los trabajos de tratamiento y remediación de las áreas
con residuos de uranio, como es el caso de Malargüe,
y destacó la aparente política contradictoria
del organismo de la actividad nuclear al "promover el
procesamiento de residuos radiactivos de otros países
en el nuestro, cuando todavía no ha solucionado qué
hacer con los propios".
En una carta abierta a la CNEA, la agrupación ecologista,
conformada por 78 organizaciones no gubernamentales de 17
provincias, criticó la presión que el organismo
estatal estaría efectuando sobre el Congreso Nacional
para que se apruebe el acuerdo nuclear con Australia, proyecto
que abriría la puerta para que la Argentina trate residuos
radiactivos en el término de una década.
"¿Por qué no resolver primero qué
se debe hacer con los residuos radiactivos de minería
de uranio que esperan bajo el viento, la lluvia y la nieve
en Malargüe desde hace décadas?", se preguntó
la institución.
Los residuos de la extracción de uranio están
expuestos al aire libre en Malargüe, a escasos 2000 metros
del centro de aquella ciudad, ubicada en el sur de Mendoza,
a más de 400 kilómetros de la capital mendocina.
Los restos provienen de la explotación en Fabril Malargüe
y Sierra Pintada -esta última de San Rafael- que han
sido por dieciséis años el motivo de preocupación
de los pobladores, a los que se sumaron en los últimos
tiempos redes ambientalistas y ecologistas.
Abandonados a su suerte
En Malargüe quedaron depositadas, entre
1954 -cuando se produjo el hallazgo de los yacimientos de
Huemul y Agua Botada- y 1986, unas 700.000 toneladas de colas
de mineral de uranio.
En la década del noventa el tema alcanzó repercusión
a raíz de denuncias de la entidad internacional Greenpeace.
Las instituciones ecologistas, como gran parte de la población
del departamento de Malargüe, han solicitado la realización
de los trabajos que permitan el encapsulado del material,
por el cual se evitará la dispersión en el ambiente
del polvo y los gases sobrantes del proceso.
La cooperación
La red Renace, a la par de insistir con
la cuestión de las colas de uranio en Malargüe,
advirtió que la Cámara de Diputados de la Nación
"está a punto de aprobar un acuerdo de cooperación
nuclear con Australia que permitirá que ingresen residuos
australianos para recibir tratamiento en la Argentina".
Se trata de una cláusula que contiene el contrato entre
la empresa argentina Invap y la entidad nuclear Ansto, del
gobierno australiano, por la que, una vez construido el reactor
de Lucas Heights, a 35 kilómetros de Sydney, y puesto
en funcionamiento, los materiales combustibles usados podrían
ser enviados a la Argentina (o al destino que ésta
acuerde) para su tratamiento. Esto podría no ocurrir
hasta dentro de una década, según algunos de
los diputados que lo respaldan.
El acuerdo es rechazado por las organizaciones ambientalistas
del país, que señalan que es inconstitucional.
"El artículo 41 de la Constitución nacional
prohíbe el ingreso de residuos radiactivos al territorio
nacional", indicó un vocero de Renace.
"¿Cuándo resolverán este pasivo
ambiental?", se preguntó Jennifer Ibarra, de la
Fundación Cullunche, de Mendoza. "Esa debería
ser la prioridad para la CNEA y los diputados mendocinos,
y no estar corriendo detrás de las presiones de Australia",
agregó.
Negocio de los residuos
"Sabemos del gigantesco lobby que hacen
los funcionarios de la CNEA para que se les abra el negocio
de los residuos nucleares internacionales, a costa de los
derechos y del medio ambiente argentino", dijo por su
parte Carlos Benedetto, que reside en Malargüe y es miembro
del Instituto Argentino de Investigaciones Espeleológicas.
Agregó que a las entidades ecologistas les "gustaría
ver el mismo entusiasmo e idéntica dedicación
que ponen los legisladores para solucionar el problema a los
australianos, en buscar los fondos para solucionar el problema
a los mendocinos".
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