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Las corporaciones estadounidenses que se
aprovechen de la debilidad de los poderes judiciales del mundo
pobre podrán ser condenadas por tribunales de este
país, si prospera en Ecuador una demanda de agricultores
e indígenas.
Trescientas mil personas denunciaron a la
empresa petrolera estadounidense Chevron Texaco en Lago Agrio,
en la oriental provincia ecuatoriana de Oriente, por envenenar
su ambiente y causarles enfermedades durante 21 años
desde 1971.
Se trata de una demanda que recorrió
numerosos tribunales federales estadounidenses en el pasado
decenio, pero ahora recayó sobre la justicia ecuatoriana
en Lago Agrio.
Lo peculiar del caso es que, en un fallo
sin precedentes, un tribunal federal estadounidense, la Corte
de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, se comprometió
en mayo a asegurarse de que ChevronTexaco cumpla el fallo
en caso de que la empresa sea hallada culpable.
La Corte advirtió, incluso, que remitiría
la demanda a algún otro tribunal estadounidense si
constata que los querellantes no recibieron un trato justo
en Ecuador.
Los querellantes aseguraron que ChevronTexaco
destruyó sistemáticamente el ambiente de la
localidad y dañaron la salud de los residentes y del
ganado a través del vertido masivo de fluidos tóxicos
y petróleo crudo hasta 1992.
No sólo está en juego un reclamo
de 1.000 millones de dólares en compensaciones, sino
el establecimiento de un criterio según el cual "las
compañías petroleras estadounidenses deberán
ser ambientalmente responsables si quieren operar en el extranjero",
dijo el principal abogado de los demandantes, Cristóbal
Bonifaz.
ChevronTexaco sostuvo en reiteradas oportunidades
ante la justicia que su subsidiaria Texaco Petroleum Company
(TexPet) pagó 40 millones de dólares en 1998
para limpiar los vertederos de residuos y otros lugares contaminados
que quedaron en Lago Agrio luego del fin de las operaciones
en 1992.
También afirmó que TexPet era
socio minoritario en un consorcio dirigido por la compañía
estatal PetroEcuador, y que la labor de limpieza fue declarada
satisfactoria por el gobierno ecuatoriano en 1998.
ChevronTexaco también argumentó
que no violó ninguna ley vigente en el periodo de operaciones,
y que una nueva ley --que sirve de base a la demanda-- que
obliga a las compañías mineras a limpiar la
contaminación que ocasionan no puede aplicarse con
retroactividad.
Pero desde la óptica de los abogados
de la demanda, los antecedentes de TexPet en la región
son particularmente negativos.
En 21 años la compañía
arrojó casi 500 millones de barriles de agua residual
que contenía crudo y metales pesados cancerígenos.
También dejó casi 350 vertederos de residuos
a cielo abierto, algunos a pocos metros de la casa de los
residentes, que enfermaron y mataron personas y animales,
según los querellantes.
Los basurales hoy cubren buena parte de la
región de la Amazonía septentrional ecuatoriana,
y su contenido se ha filtrado en ríos y napas subterráneas
de los que depende la población, asegura la demanda.
Los denunciantes también mencionaron
un estudio realizado por la Escuela de Epidemiología
de Londres según el cual la incidencia de cáncer
había aumentado varias veces respecto de la tasa histórica,
y que el cáncer de laringe, en particular, es sufrido
30 veces más que lo normal por los hombres.
Tres comunidades indígenas --los cofan,
los secoya y los siona-- sufrieron especialmente los daños.
Muchos de sus integrantes contrajeron cáncer y murieron.
La mayoría de los ríos en sus tierras ancestrales
están tan contaminados que muchos de los sobrevivientes
debieron mudarse.
La población de los cofan cayó
de 15.000 en 1971, cuando comenzó la actividad petrolera
del consorcio en sus tierras, a menos de 300 en la actualidad.
"Creemos que lo que Chevron-Texaco hizo
en la selva ecuatoriana no fue solo negligente, sino temerario",
dijo a IPS otro de los abogados de la demanda, Joseph Kohn.
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