 |
| Una pacifista norteamericana se
manifiesta frente a una refinería próxima
a Bagdad. |
|
Oriente Medio concentra más del 65%
de los recursos petrolíferos mundiales. Las nuevas
demandas y el agotamiento de pozos obligarán a poner
a punto en una década una producción adicional
de 60 millones de barriles por día.
Si resumiéramos la historia de la
presencia del hombre en la Tierra a un periodo de 80 años,
veríamos que el petróleo y sus derivados son
recursos novísimos que empezaron a utilizarse hace
sólo un mes. Sin embargo, este combustible es ya un
elemento inseparable de una sociedad que ha convertido el
plástico y los coches en sus nuevos ídolos.
El oro negro es también la sangre de un cuerpo que
requiere transfusiones continuas de 75 millones de barriles
de crudo al día para mantener vivas las constantes
de nuestra sociedad. Los contrarios a un ataque preventivo
contra Iraq juzgan que el intento de saciar esta petróleo-dependencia
más acusada en EE.UU. que en Europa al tratarse
aquella de una economía menos eficiente en el consumo
energético es el auténtico motivo oculto
de la operación bélica que promueve la Administración
Bush.
Los actuales recursos permiten cubrir, de
media, una demanda para cuatro décadas. Pero sólo
la región del Oriente Medio que atesora la dos
terceras partes del crudo tiene reservas para más
de 40 años. En Oriente Medio hay petróleo para
unos 87 años, mientras que en las zonas más
industrializadas del planeta las disponibilidades son muy
inferiores. Norteamérica, con el 6,1% de las reservas,
dispone de crudo para unos 13 años; y Europa, con un
1,8%, para 7 u 8 años. Centroamérica y Sudamérica
(con el 9,1%) almacenan crudo para 39 años y África
(7,3%), para unos 27,5 años, según datos de
British Petroleum.
Oriente Medio es, pues, el centro estratégico
para obtener un recurso hegemónico desde la mitad del
siglo pasado. Cinco países del golfo Pérsico
concentran las reservas: Arabia Saudí (25,4%), Iraq
(10,8%) con petróleo para unos 130 años,
Emiratos Árabes (9,5%), Kuwait (9,3%) e Irán
(8,7%).
En 1987, las reservas se cifraban en 40 años,
con una tendencia creciente hasta 1989. Sin embargo, a partir
de esas fechas las estadísticas muestran un ligero
declive. Pese a todo, la producción sigue aumentando,
mientras que los expertos advierten de que el pico de esa
capacidad de extracción se alcanzará en cinco
o diez años.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta
que los datos sobre reservas se renuevan y actualizan en paralelo
a la mejora de las técnicas de prospección,
exploración y explotación ahora sólo
se aprovecha en los pozos un 30% y queda sin extraer el 70%.
Noruega extrae del mar del Norte tanto petróleo como
producen Irán o Venezuela; las reservas del Caspio
están subexplotadas, y en el Cáucaso no están
a pleno rendimiento al no ser aún rentables. Pero el
consumo incesante obliga a habilitar nuevos campos hasta ahora
inviables. El problema es que hay que obtener reservas a la
misma velocidad que crece la producción. Y estamos
viviendo con lo puesto, dice Mariano Marzo, catedrático
de recursos energéticos de la Facultad de Geología
de la Universitat de Barcelona (UB).
Todo hace vaticinar que el consumo de combustibles
fósiles se acelerará, incluso en el caso de
que se apliquen estrictas políticas de conservación
medioambiental y de desarrollo de fuentes renovables. Aunque
buena parte del aumento del consumo se dará en los
países desarrollados, el centro de gravedad del crecimiento
económico se desplazará hacia los países
en vías de desarrollo.
Alimentar tal voracidad energética
no será tarea fácil, pues la producción
en las regiones tradicionales se encuentra ya en declive o
a punto de estarlo. No sólo tendremos que cubrir
la nueva demanda, sino que, además, deberemos reemplazar
la pérdida de capacidad de producción,
advierte el profesor Marzo. Según la previsión
del Departamento de Energía de EE.UU., la demanda de
petróleo crecerá (entre el 2000 y el 2010) en
unos 20 millones de barriles diarios (hasta los 115 millones
de barriles en el 2020, según la Agencia Internacional
de la Energía).
Además, hay que sumar una tasa de
caída de la capacidad de producción de un 5%
por año, lo que supondría tener que reemplazar
una producción de 40 millones de barriles diarios en
los próximos 10 años.
En pocas palabras, en una década
tendremos que poner a punto una nueva capacidad de producción
adicional total cercana a los 60 millones de barriles por
día, que es casi ocho veces la producción diaria
actual de Arabia Saudí, primer productor mundial.
En cualquier caso, la industria está
cada vez más interesada en explotar el petróleo,
pese a que el protocolo de Kioto intentó poner coto
a la expansión del consumo mundial de energías
fósiles para reducir las emisiones de gases de efecto
invernadero. Desde la revolución industrial (1750),
la concentración en la atmósfera de estos gases
ha aumentado un 31%, lo que supone una amenaza para el clima,
según los expertos de la ONU.
EE.UU., con el 25% del consumo de petróleo
en el mundo, ha incrementado su utilización un 17%
en la última década (hasta el 2001), mientras
que Europa lo hizo un 7% y China, un 110%. España ha
disparado este consumo un 47% (y ya gasta 1,5 millones de
barriles al día).
Países ricos y pobres han seguido
pautas de consumo ineficiente que conducen a una dependencia
energética y política, con el punto de mira
permanentemente puesto en Oriente Medio. Cada estadounidense
consume 18 veces más petróleo per cápita
que un chino. Si los ciudadanos de China se igualaran al consumo
de Estados Unidos, el país asiático necesitaría
90 millones de barriles al día, es decir, casi 15 millones
de barriles más que el consumo mundial en el 2001 (75,291
millones de barriles al día).
En su libro Las guerras del petróleo
(Icària), Eduardo Giordano argumenta, por el contrario,
que sí existe suficiente petróleo e, incluso,
una sobreoferta, aunque su explotación hará
de la Tierra el lugar más inhóspito del
universo para la vida humana. En su opinión,
desde los años setenta, los conflictos por el petróleo
han redundado en incrementos de precios del crudo que han
beneficiado a las compañías petroleras angloestadounidenses
(motor de la economía), que se han revalorizado así
en bolsa, y reforzado el patrón dólar. Giordano
incluso cree que Gran Bretaña necesita precios del
crudo más altos, ya que sus costes de explotación
en el mar del Norte son más elevados porque requieren
una tecnología más sofisticada.
La crisis futura no vendrá porque
nos quedemos sin petróleo de golpe, sino que comenzará
tras una caída de producción después
de que ésta haya alcanzado su punto máximo.
Al crecer la demanda y no poder ser satisfecha para todos,
se entrará en una espiral de incrementos de precios
del crudo que dejará sin poder acceder a él
a buena parte de la población, vaticina Josep
Puig, promotor de la Entesa Catalana per una Energia Neta.
|