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Un sector económico de la sociedad
industrial especialmente dependiente del petróleo es
el de la producción de plásticos y derivados
como las fibras sintéticas. Esta dependencia puede
verse seriamente reducida si fructifica el nuevo proceso creado
en Estados Unidos, para fabricar polímeros a partir
de residuos de maíz.
Los polímeros son moléculas
grandes que a menudo contienen muchos millares de moléculas
pequeñas unidas químicamente entre sí,
para formar una macromolécula gigante. La química
moderna ha logrado controlar la técnica de su construcción,
sirviéndose de una materia prima abundante: los hidrocarburos.
Con este tipo de polímeros se fabrican
nylon y un gran número de variedades de fibras sintéticas.
Ahora, un nuevo proceso basado en fuentes renovables desplazará
al petróleo en la obtención de dichas moléculas.
Así lo anunció esta semana Scott Nichols, un
investigador de la multinacional DuPont, ante la reunión
anual de la Asociación Americana para el Avance de
las Ciencias (AAAS).
Bacteria adiestrada
Mediante biotecnología, Nichols y
su equipo adiestraron a la bacteria «Escherichia coli»
para usar azúcares y biomasa del maíz en un
proceso de fermentación que produzca propanodiol, un
compuesto obtenido habitualmente en base a hidrocarburos.
Con esta sustancia pergeñaron una
fibra de estructura molecular polimérica, semicristalina
y única, que describe pronunciados pliegues. Cuando
se ejerce tensión sobre la macromolécula, ésta
empieza a deformarse desde sus módulos cristalinos
inferiores; pero, al relajar la tensión, estas zonas
recuperan su forma inicial.
A diferencia del poliéster y del
nylon, esa fibra sintética se muestra suave al tacto,
puede ser teñido con facilidad y tiene gran resistencia
ante continuos lavados, aseguran sus creadores.
De cara al interés ambiental, la
nueva tecnología presenta una cara positiva, pues reduce
el consumo de una materia prima no renovable; y otra más
controvertida, ya que se apoya en la manipulación genética
de microorganismos.
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