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De todas formas, la funcionaria apuntó
que "no se ha producido un aumento de enfermedades"
como diarreas u otitis, normalmente relacionadas con la inmersión
en sitios no aptos para uso recreativo.
Los análisis fueron procesados por
el Centro de Ingeniería Sanitaria de la Universidad
Nacional de Rosario (UNR), basados en 10 muestras mensuales
que se tomaron ni bien comenzó la temporada veraniega.
Si bien durante todo diciembre los valores de contaminación
se mantuvieron dentro de los parámetros normales, en
enero se dispararon por encima de los niveles considerados
aceptables.
Según el estudio elaborado por los
profesionales de la UNR, para considerar "buena"
la calidad del agua del Paraná se admiten entre 200
y 400 bacterias cada 100 mililitros de agua. Y si estas se
encuentran entre 400 y 500, la calificación se considera
"regular". Las últimas mediciones realizadas
en la rambla Catalunya muestran que las escherichia coli son
superiores a las 500, mientras que en La Florida los valores
se mantienen 400 y 500 cada 100 mililitros.
Más
que el año pasado
Las cifras contrastan notablemente con las
que constató un estudio de la misma Municipalidad el
año pasado que arrojaron 198 bacterias en la rambla
y 189 en La Florida. La pronunciada bajante que sufrió
el río Paraná este año, asociada a las
altas temperaturas de enero serían los principales
factores que dispararon estos índices, asociados indiscutiblemente
a la conexión clandestina de cloacas a los desagües
pluviales de la zona norte.
Esta es la primera vez que la Municipalidad
admite que la calidad del agua de los balnearios no es satisfactoria.
Ya que cuando, en diciembre del 2000, la subsecretaría
de Medio Ambiente de la provincia había advertido sobre
el alto grado de contaminación que ofrecían
las playas del Paraná, desde la Intendencia se consideraron
sus dichos como "irresponsables" y "poco serios".
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