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Luego de más de dos años de
deliberaciones y de una intensa presión por parte de
la industria, el gobierno de George W. Bush estableció
una regulación que permitiría a miles de viejas
plantas energéticas, refinerías de petróleo
y carbón y unidades industriales actualizar y reemplazar
sus equipos sin tener necesidad de instalar los nuevos dispositivos
anticontaminación.
The New York Times tuvo acceso a un bosquejo
de la nueva reglamentación a través del grupo
ambientalista Consejo de Defensa de los Recursos Naturales.
La nueva ley constituirá una gran victoria para las
industrias, ya que las exceptuará de responder a las
normas de protección ambiental que rigen a partir de
la promulgación de la Ley de Aire Limpio, en 1977,
y que el gobierno de Bush ha criticado en varias oportunidades.
Estados Unidos nunca suscribió el Protocolo de Kyoto
firmado durante la cumbre de Cambio Climático
de 1997, que es el pacto internacional que pone límites
a la emisión de gases tóxicos para evitar el
recalentamiento global.
La Agencia de Protección ambiental
(EPA son sus siglas en inglés) aprovecharía
la semana próxima cuando el Congreso esté
en receso para emitir la reglamentación que legitimará
la emisión de miles de toneladas de agentes contaminantes
en la atmósfera, lo que además les significará
a las compañías un ahorro de miles de millones
de dólares en equipamientos anticontaminación,
aun cuando incrementarán notablemente las cantidades
de contaminantes emitidos.
La actual reglamentación les exige
a los dueños de las fábricas la instalación
de dispositivos de control de polución cada vez que
realizan algo más que un mantenimiento de rutina de
sus plantas industriales. Durante mucho tiempo, las industrias
argumentaron que la norma es ambigua e impide inversiones
sustanciales en limpieza y equipamientos más eficientes.
La nueva reglamentación señala
que los dueños de las fábricas podrán
renovar hasta el 20% de sus equipos esenciales de producción
sin tener necesidad de instalar los equipos anticontaminación.
A fines del año pasado, la administración
Bush había propuesto flexibilizar la actual normativa
y señaló que el umbral para requerir dispositivos
de control antipolución debía imponerse cuando
se trataba del reemplazo de más del 50% de los equipos.
Miembros del Congreso protestaron y objetaron el proyecto.
Sólo en las últimas semanas
las autoridades de la EPA establecieron la figura del 20%,
luego de mantener secretas conversaciones con el gobierno.
Según ha trascendido, la actual administradora de la
Agencia de Protección Ambiental, Marianne Horinko,
firmará probablemente la nueva ordenanza la semana
próxima. La norma entraría en vigencia inmediatamente,
sin más revisiones ni comentarios públicos.
La única forma para frenar su aplicación será
a través de acciones judiciales, algo con lo que los
críticos de la nueva ley amenazan.
Eliot Spitzer, el procurador general de Nueva
York, dijo que abrirá un expediente sobre el asunto
tan pronto como se firme la reglamentación. "Una
ley que crea un umbral de 20% destruye el sentido del estatuto",
dijo Spitzer, un conocido demócrata, en referencia
a la Ley de Aire Limpio. "Esto ratifica que la administración
Bush ha hecho todo por repeler la ley a través de una
orden administrativa".
Las autoridades oficiales, incluso Marianne
Horinko, no quisieron hablar sobre el asunto. Pero voceros
de la Agencia de Protección Ambiental confirmaron que
el asunto está siendo tratado.
Para John Walke, director del Proyecto de
Aire Limpio del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales,
el gobierno de Bush "a través de trampas administrativas
arbitrarias autorizará aumentos enormes en la contaminación
permitida, para beneficio de quienes contribuyeron a su campaña
presidencial y a costa de la salud pública". Y
agregó: "Las empresas contaminantes ahora podrán
vomitar al aire más químicos dañinos,
sin que importe el daño que puedan causar a millones
de personas".
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