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En junio próximo la Comisión
Ballenera Internacional (CBI) se reunirá en Berlín,
Alemania, para debatir temas tales como la continuidad de
la moratoria a la caza comercial de ballenas y la creación
del santuario ballenero del Atlántico Sur, propuesta
patrocinada en forma conjunta por Brasil y la Argentina. Sin
embargo, si nuestro país no paga antes de que finalice
ese mes la cuota anual que tiene la obligación de abonar
con la finalidad de contribuir al funcionamiento de la comisión,
perderá su derecho a voto.
La CBI es el organismo encargado de la conservación
y administración de las poblaciones de ballenas en
el nivel mundial. Fue creada en 1946, durante una de las convenciones
para la regulación de la caza de ballenas, que tienen
por objetivo primordial proteger a esos cetáceos e
impedir su desaparición como consecuencia de la caza
indiscriminada.
Con tal finalidad, desde 1986 hasta la fecha ha estado vigente
en forma ininterrumpida la moratoria de la caza comercial
de todas las especies de ballenas. Una medida que, año
tras año, provoca encendidas discusiones. En esos debates
suelen enfrentarse los propugnadores de la posición
conservacionista -entre los cuales se cuentan Australia, los
Estados Unidos, Francia, Italia, México, Gran Bretaña,
Sudáfrica y la Argentina-, que promueven la continuidad
de dicha moratoria, y por los defensores de la apertura de
la caza -Japón, Santa Lucía, St. Kitts y Nevis,
San Vicente, Antigua y Barbuda, entre otros-, que están
en favor del levantamiento de la veda.
La discusión entre esos dos grupos de países
se dirime mediante una votación cuyos resultados han
permitido, hasta ahora y por escasa diferencia, la continuidad
de la prohibición. Esa decisión positiva ha
tenido consecuencias afortunadas, pues ha favorecido la recuperación
de numerosas poblaciones de cetáceos.
Es cierto que la grave y prolongada crisis económica
que está atravesando nuestro país ha debilitado
notoriamente su capacidad para honrar los compromisos que
ha contraído de contribuir al sostenimiento de diversos
organismos internacionales. Sin embargo, podrían invocarse
numerosos argumentos que tornan aconsejable no pasar por alto
la urgente e imperiosa necesidad de participar en la mencionada
reunión de Berlín.
Si bien la deuda en cuestión asciende a 15.750 libras
esterlinas (más o menos el equivalente de 80.000 pesos),
es menester reparar en que la República Argentina es
actualmente uno de los países líderes en el
turismo de avistaje de ballenas en el plano mundial, lo cual
le genera ingresos directos del orden de los sesenta millones
de pesos anuales.
A modo de comparación ilustrativa, basta citar que
el ingreso mundial producido por venta mayorista de carne
de ballena asciende a unos 41 millones de dólares anuales,
mientras que el avistaje de ballenas - sin considerar los
otros servicios turísticos que moviliza-, supera los
780 millones de dólares anuales.
Este año también será discutida y votada
otra importante cuestión. Nos referimos a la propuesta
de creación del santuario ballenero del Atlántico
sur, formulada por Brasil y copatrocinada por la Argentina.
Ambas naciones aspiran a crear un área gigantesca de
conservación de ballenas, situada entre las costas
de Africa y América limitadas al Norte por la línea
del Ecuador y al Sur por la línea fronteriza norte
del ya establecido santuario ballenero austral.
La creación de esa segunda zona de protección
suministraría condiciones apropiadas para la preservación
de especies únicas y permitiría el normal desarrollo
de los procesos ecológicos que son favorables para
el desarrollo de esos animales marinos.
El Instituto de Conservación de Ballenas juntamente
con otras diez organizaciones que trabajan en el cuidado del
medio ambiente, le solicitaron encarecidamente a la Secretaría
de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación la
concreción de todas las medidas necesarias para el
pago de la cuota anual de 2003. La cancelación de la
deuda le permitirá a la Argentina mantener su voz y
su voto en la susodicha reunión de la Comisión
Ballenera Internacional.
La participación de nuestro país en ese foro
resulta esencial, no sólo por la necesidad de emitir
un sufragio decisivo para favorecer la conservación
de estos fantásticos mamíferos marinos, sino,
asimismo, porque confirma una tradición histórica
que se remonta a 1925, cuando el abogado argentino José
León Suárez le entregó a la Liga de las
Naciones un memorando sugiriendo la creación de un
cuerpo legal para regular la cacería de dichos cetáceos.
A la postre, esa propuesta se convirtió en la primera
Convención Internacional para la Regulación
de la Caza de Ballenas.
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