barrameda.com.ar - un puente hacia contenidos originales -   aca
barrameda.com.ar - un puente hacia contenidos originales - contacto
acerca de barrameda
un puente hacia contenidos originales...
 
 
Inicio
Principal
Noticias
Artculos
Colaboraciones
Puente Verde
Contacto
Bsquedas
Registro
 
 
 
Inicio arrow Artculos arrow Artculos arrow Las aves migratorias y su poca cabeza viernes, 21 de enero de 2022
 
 

Ingresa el texto en la caja de búsqueda y luego pulsa Enter
Nube de tags

cambio climtico extincin contaminacin aumento peligro energa emisiones deforestacin especies dixido de carbono calentamiento global biodiversidad animales consumo bosques argentina nivel temperatura reduccin recursos explotacin cambio calentamiento inundaciones clima medio ambiente kyoto ecologa climtico protocolo global CO2 caza animal caracoles

Powered by RafCloud 2.0.2
Sindicacin
 
 

Las aves migratorias y su poca cabeza Imprimir E-Mail
Calificacin del usuario: / 1
MaloBueno 
Artculos - Artculos
Publicado por Administrador   
domingo, 01 de mayo de 2011
Gorrión En proporción al tamaño corporal, el encéfalo de las aves es de similares proporciones que el de los mamíferos. Pero hay algo que diferencia a los miembros de una y otra clase: en las aves hay mucha más variabilidad. En éstas, incluso especies relativamente próximas tienen encéfalos de tamaño relativo muy diferente.

El tamaño del encéfalo es un asunto que ha suscitado mucho interés. En primates existe una relación bastante clara entre tamaño encefálico relativo y capacidad cognitiva, y en los homínidos, con la excepción de la leve disminución de los últimos milenios en nuestra especie, los encéfalos han venido siendo cada vez más grandes. Seguramente por esa razón se ha tratado de analizar la variabilidad de ese rasgo entre especies y grupos animales a la luz de esa relación. Sin embargo, lo que vale para los primates no es fácilmente trasladable a otros grupos de mamíferos.

Hay sólidas razones para pensar, por otro lado, que el tamaño del encéfalo es un rasgo sometido a fuertes presiones selectivas. La razón de ello tiene que ver con su alto coste. El tejido cerebral es caro. Requiere, por un lado, de costosos materiales estructurales. Y por el otro, es un tejido metabólicamente muy activo. En un ser humano en reposo el encéfalo es responsable de un 20% del gasto metabólico, mientras que su masa no supera el 10% del total. Ese elevado gasto nada tiene que ver con la “condición humana”; todos los tejidos encefálicos (o para el caso, cerebrales) son igualmente costosos de mantener.

Al parecer, el encéfalo de los homínidos creció de tamaño de manera notable cuando empezaron a comer carne y cuando la cocción de los alimentos permitió obtener de ellos un rendimiento energético muy superior al que se obtenía cuando se comían crudos. Esas prácticas alimenticias permitieron, además, prescindir de sistemas digestivos de gran tamaño y de alto coste, como los que tienen nuestros parientes más próximos, mayoritariamente herbívoros. El ahorro que eso supuso seguramente también ayudó a invertir más en tejido encefálico.

No es, pues, de extrañar que la variabilidad en el tamaño encefálico de las aves haya sido también objeto de atención. Parece ser que existe una relación entre tamaño del encéfalo y condición migratoria. Las aves sedentarias tienden a tenerlo de mayor tamaño. Y además, el tamaño tiende a ser menor cuanto mayor es la distancia que recorren las aves en su migración. Como suele ocurrir en estos casos, hay excepciones, y los valores que arrojan los análisis de correlación son, en general, bajos, aunque por supuesto, estadísticamente significativos.

No es fácil atribuir la variabilidad ligada a los hábitos sedentarios o migratorios a un único factor causal. Y de hecho, se han formulado dos hipótesis. Por un lado, se ha observado que las aves paseriformes (el orden con mayor número de especies) que no migran, -a las que llamaré “sedentarias”-, suelen tener comportamientos alimenticios más “innovadores” en invierno; dicho de otra forma, cuando escasea el alimento buscan recursos alternativos, alimentos que no habían consumido antes. Esas especies con comportamientos alimenticios más innovadores suelen tener el encéfalo más grande.

Estas observaciones han conducido a formular una hipótesis según la cual, el tamaño encefálico está relacionado con la flexibilidad del comportamiento; se propone, por lo tanto, que ese mayor tamaño sería un requisito para poder desarrollar un comportamiento más flexible, puesto que se supone que un cerebro mayor proporciona también mayor capacidad cognitiva. En lógica consecuencia, las especies que carecen de esa flexibilidad se verían obligadas a migrar, pues la migración permite evadir, en cierta medida, las consecuencias de la variabilidad ambiental que impone el cambio estacional.

La segunda hipótesis es más sencilla, y se basa en una consideración de los costes que conlleva mantener y transportar el tejido encefálico. Según esta hipótesis, las aves migradoras han de afrontar mayores costes sólo por el hecho de migrar; son los costes inherentes al vuelo prolongado y a la menor o nula posibilidad de alimentarse durante la migración. Por ello, estas especies habrían visto limitada su capacidad para contar con un encéfalo de tamaño grande, pues los recursos que se requieren para la migración no se habrían podido invertir en elaborar más tejido encefálico y en mantenerlo. Además, un encéfalo y un cráneo de mayor tamaño también comportan mayores costes asociados al vuelo, pues la carga que hay que desplazar también es mayor.

Recientemente, este campo de investigación se ha visto enriquecido con la publicación de un trabajo sobre murciélagos. Entre los murciélagos también hay especies que migran y especies “sedentarias”.

Pues bien, resulta que en este grupo de mamíferos también varía el tamaño encefálico con los hábitos migratorios: las especies que migran tienden a tener encéfalos más pequeños.

No obstante, la variabilidad es menor que en las aves, aunque quizás eso es debido a que las migraciones de los murciélagos son bastante más cortas. Según los autores del trabajo, sus resultados refuerzan la hipótesis de las restricciones energéticas, pues en los murciélagos no se da la flexibilidad de comportamiento alimenticio que se da en las aves, tampoco en los murciélagos sedentarios. Esto es, si la variabilidad hubiera obedecido a factores relacionados con las capacidades cognitivas asociadas a comportamientos más o menos flexibles, los murciélagos no habrían tenido encéfalos de diferentes tamaños.

Sospecho que en los próximos años se irán haciendo nuevos estudios que incluirán otros grupos taxonómicos y que abordarán análisis diferenciados de distintas áreas del encéfalo. Quizás finalmente acabaremos sabiendo si la “poca cabeza” de las aves migratorias es debida a lo que indica el sentido figurado de la expresión o es, sencillamente, porque resulta más barato mantener y transportar cabezas de menor tamaño. Aunque también puede ocurrir, como ocurre en tantas ocasiones, que los dos mecanismos propuestos no sean mútuamente excluyentes.

Fuente: amazings.es

Compartir

El último comentario se muestra en esta página, los anteriores podrás leerlos en las páginas subsiguientes. Todos los comentarios requieren de la aprobación del administrador.
No se publicarán consultas, las que sugerimos realizar a través del formulario de contacto.


Slo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.
Por favor valdate o regstrate.

Comentario[s]

Powered by AkoComment 2.0!

 
< Anterior   Siguiente >

 
 
Google
 
Web en.barrameda.com.ar
Puedes encontrarnos en
Facebook
Twitter
Ning
o recomendarnos en Google
Acordes Partituras Tablaturas Guitarra| Letras de canciones | Letras de canciones | Letras de canciones
El universo | Geografía Argentina | La biología | La botánica | La zoología | La ecología | What is ecology?

 
 

barrameda v2.3
Aviso Legal

website statistics
cargando el contenido