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El 4 de enero de 1993, cuando
era secretaria de Recursos Naturales, María Julia Alsogaray
prometió que el Riachuelo estaría limpio en
mil días. Ya pasaron 3.600 y varias promesas más,
pero el paisaje sigue inalterado. El único cambio palpable
en la situación es una consecuencia no prevista de
la crisis. La recesión provocó que muchas de
las 3.036 industrias radicadas a la vera del Riachuelo relevadas
entre 1996 y 1997 cerraran sus puertas. El efecto mas
evidente es que, según Aguas Argentinas, disminuyó
la contaminación por residuos industriales.
Sin embargo, al mismo tiempo aumentó
la otra fuente principal de contaminación: basura y
desechos cloacales. Esto se debe a que creció mucho
la cantidad de asentamientos precarios y la superpoblación
de los existentes, los que arrojan sus desperdicios al Riachuelo.
La población de la cuenca Matanza-Riachuelo
es de 4.884.823 personas: el 13,5% de la Argentina. El 64%
se concentra en Buenos Aires y en los partidos de Almirante
Brown, Avellaneda, La Matanza, Lanús y Lomas de Zamora.
Medio millón de estas personas viven en villas de emergencia,
13 de las cuales se ubican en el curso inferior del Riachuelo.
El 55% de la población de la cuenca
carece de cloacas y el 35% no tiene agua potable. Los ríos
de la cuenca reciben 368.000 metros cúbicos de aguas
residuales domésticas por día y sólo
el 5% recibe tratamiento sanitario previo. Estos datos explican
que una de las razones centrales de la contaminación
reside en la falta de servicios cloacales. Esto, además
de provocar daños al ecosistema del Riachuelo, trae
enormes perjuicios para la población afectada. Por
eso una prioridad debe ser extender el servicio a todos los
sectores.
Las cifras de la otra causa de contaminación,
la industrial, son elocuentes: los cursos de agua reciben
88.500 metros cúbicos de desechos industriales por
día, mientras que se calcula que son unas 100 las empresas
responsables del 83% de la contaminación del agua de
origen industrial.
Esto exige un compromiso fuerte de las autoridades
públicas en sus distintas jurisdicciones de competencia
(nacional, provincial y municipal), para efectuar controles
efectivos que impidan la depredación abusiva del medioambiente.
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