barrameda.com.ar - un puente hacia contenidos originales -
un puente hacia contenidos originales...
 
cargando el contenido
 
 
   
   
   

 
 
 

Con el viento a favor

En Comodoro Rivadavia, de cara al mar y al viento, 26 molinos generan energía eólica, no contaminante y eternamente renovable. La experiencia, que nació en una cooperativa y que hoy es motivo de visitas turísticas.

vista de los molinos en Comodoro Rivadavia

Viento y más viento. Es sabido que la geografía de la Patagonia es cruzada por el viento sin descanso. Hay quienes se quejan. Y quienes supieron, con inteligencia, aprovechar a ese acompañante. La instalación de molinos que producen energía eólica fue una respuesta para canalizar esa realidad, que a veces es brisa y otras ventarrón. Se trata de una de las pocas energías limpias que existen en el mundo. Además es renovable: un recurso permanente, gratuito y que no contamina el medio ambiente. Pocas veces economía y ecología van tan de la mano.

En la chubutense ciudad de Comodoro Rivadavia, una verdadera capital del viento, la iniciativa estuvo en manos de una cooperativa, la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL). Con la reciente instalación de los últimos molinos, en diciembre, armaron el parque eólico más grande de Sudamérica. Tenían 10 molinos y ahora sumaron otros 16.

Con los que ya existían la cooperativa llegó abastecer a entre 7 y 10% de la electricidad de Comodoro Rivadavia. Ahora, con los 16 nuevos, ese número trepará al 20%, y ha superado los parque éolicos de Brasil.

En Comodoro la ecuación ecológica es contundente: se ahorrará el equivalente a 5.160 toneladas de petróleo y a 5.900.000 metros cúbicos de gas natural. Y como si fuera poco, con la utilización de estos molinos no se emiten 39.100 toneladas de anhídrido carbónico, que sí se arrojarían al medio ambiente con el uso de otros tipos de energía.

La idea de la SCPL a futuro es que este emprendimiento crezca, pero para eso necesita que llegue el sistema interconectado patagónico. Con él, llevarían energía eólica a otras ciudades y aumentarían la producción, aunque nunca se pueda llegar a un 100% de abastecimiento, porque se necesita de otros tipos de fuentes de energía como respaldo. Como la energía eólica no puede ser almacenada, actúa como una energía complementaria.

En el caso de Comodoro Rivadavia esa energía ahora llega a casi 20.000 hogares, mezclada con la convencional. Una curiosidad: el parque eólico de Comodoro –llamado Antonio Morán, en homenaje al primer intendente constitucional de la ciudad– ya se ha convertido en un atractivo turístico, con visitas guiadas. Incluso lo visitan turistas extranjeros de paso hacia otro destino patagónico. Y los fines de semana muchas familias comodorenses suelen ir a hacer un picnic o tomar unos mates en el lugar, que además ofrece una vista panorámica de la ciudad y de la costa del Atlántico.

Rubén Solís (44) hace unos 23 años que trabaja en la cooperativa, en la oficina técnica. Fue una pieza clave en la instalación de los primeros molinos, allá por el ’94. Se asombró de la sencillez tecnológica de los mismos y de lo rápido que se levantan: en tres o cuatro días un molino puede estar erguido y funcionando. Lo emocionó ver el despertar de las primeras aspas rozadas por el viento comodorense. “Fue algo impactante”, recuerda.

Cada uno mide unos 45 metros, y sus aspas tienen unos 23 metros de largo. Una vez que se termina de armar el rompecabezas, la imagen de esos delgados y esbeltos molinos crea un escenario de película. Su zumbido es muy particular, y a veces se mezcla con las cercanas cigüeñas de extracción de petróleo. Dos tipos de energía –la limpia y la sucia– ponen en evidencia la riqueza natural de la Patagonia.

Los daneses trajeron los primeros molinos, y se asombraron de la capacidad técnica de los criollos. “Fue una experiencia muy novedosa. Siempre nos preguntamos para qué servía tener tanto viento, y ahí empezamos a aprovecharlo”, cuenta Rubén, un NYC (nacido y criado) en Comodoro.

Hoy sostiene que “es una lástima que no haya más conciencia para utilizar esta energía limpia en otros lugares del país. Pero la gente de Comodoro va conociendo cada vez más sus ventajas”. Su padre llegó a Comodoro para trabajar en el petróleo, y se jubiló como empleado en YPF. Así, el padre se especializó en la energía “sucia” y los nuevos tiempos hicieron que su hijo trabaje con energía “limpia”.

La experiencia con energía eólica comenzó a cobrar fuerza en Europa a mediados de los ’80, pero los primeros intentos fueron en los ’70 en California, en el oeste de los Estados Unidos. Se buscaba reemplazar el petróleo para atacar la contaminación (y la dependencia con respecto al precio del “oro negro”, que nunca dejaría de provocar guerras y conflictos).

Las empresas fabricantes de molinos y productoras de este tipo de energía, sobre todo europeas, salieron a conquistar mercados en el mundo. Fue así que la Argentina, por su extensión y sus características, se volvió un candidato apetecible. En especial la zona patagónica, con sus fuertes y eternos vientos. Comodoro Rivadavia encajaba de lleno en esa visión. Y dos empresas, Riva Calzoni (Italia) y Micon (Dinamarca), comenzaron a desembarcar sus proyectos en estas tierras.

En la primera etapa, en el año 1994, se compraron y se pusieron en funcionamiento los dos primeros molinos. En 1997 se puso en marcha la segunda etapa, con ocho molinos más de 750 kilovatios. Y en 2001, la tercera etapa con los 16 nuevos aparatos, provenientes de España. Claro que amortizar el precio de la instalación de estos molinos lleva su tiempo y debe ser prorrateado en las boletas de impuestos de los usuarios. Cada molino cuesta de 500.000 (los de 700 kilovatios) a 600.000 dólares (los de 900 kilovatios).

Con la instalación de estos 16 molinos españoles (muy similares a los daneses que los antecedieron), la Cooperativa de Comodoro lleva invertidos sobre el final de la tercera etapa más de 15 millones de dólares. A la larga, la energía eólica resulta más económica, pero primero debe amortizarse ese gasto original. Se calcula que la vida útil de un molino ronda los 20 años y que a un rendimiento como el que da en Comodoro esa inversión podría ser recuperada en 8 años.

A pesar de ser energía limpia y de competir con el gas, casi no tiene subsidios, algo que en Europa es bastante común. Hay una ley nacional que establece la devolución a través del IVA de 1 centavo por kilovatio producido por 4 o 5 años, pero no lo perciben. Sí reciben lo que les devuelve la provincia (0,5 centavo) y que establece un plazo de 15 años.

“Lamentablemente es una energía que pocos conocen”, asegura Pedro Ceragioli, “controller” de servicios eléctricos. “Habría que fomentar la cultura ecológica y promocionar este tipo de energía, que no daña el medio ambiente”.

En el mundo hay grandes agentes mayoristas como Alemania, España, EE.UU. y Dinamarca. Hasta 1999 había 43.500 molinos en todo el planeta, abasteciendo el 11% de la demanda global, y la demanda es creciente.

La Argentina produce alrededor de 25 megavatios y Brasil 20, pero el año que viene lo duplicará. El país vecino tiene un minucioso plan que pretende llevar esa evolución hasta los 2.000 megavatios. Sin embargo, las condiciones objetivas de la Patagonia argentina son mucho mejores. La velocidad promedio del viento en Comodoro es ideal.

El cerro Arenales, donde se colocaron los primeros molinos, es considerado como uno de los lugares del mundo que tienen el mejor viento para esta actividad: es fuerte pero no destructivo o huracanado, algo fundamental, porque en Europa y en la India el azote de los vientos ha volteado molinos, con todo el costo que eso implica.

Además los molinos del cerro Arenales –como los de los cerros Chenque, Vieau y Hermite, también en Comodoro– tienen un gran rendimiento por la altísima cantidad de días para ser explotados: 153 jornadas por año, unas 3.700 horas/año. El promedio de capacidad en el resto del mundo es del 23%, mientras que en este lugar la utilización es de 38%. En promedio la velocidad que registra es de 12 o 13 metros por segundo, es decir, unos 40 kilómetros por hora. Ese viento es considerado ideal por los especialistas. Los meses de más fuerza son los de enero, febrero y marzo.

Los molinos funcionan en forma automática. Cada uno está interconectado a una computadora en el edificio central de la Cooperativa. Desde ahí pueden detener el funcionamiento de uno o más molinos en caso de detectar alguna falla. El molino 6 es fundamental en este proceso. En él se concentra toda la información de sus colegas. Y si los vientos son demasiado fuertes pueden perjudicar estos instrumentos, que entonces se desactivan.

La experiencia de la Cooperativa Popular es reivindicada por las organizaciones ecologistas. Para Oscar Soria, de Greenpeace: “La energía eólica es defendida a nivel mundial por ser un recurso renovable y no tóxico”.

Así se logró canalizar un recurso natural sin contras, pese a algún intento de cobrar un “impuesto al viento” que promovieron las autoridades nacionales hace un par de años. Los gigantes mueven sus hélices y entregan una energía que se puede reciclar infinitamente. Tal vez allí esté el futuro. Los Quijotes modernos no pelearían contra estos molinos, que giran dibujando un futuro más limpio. Y se convirtieron en los dueños del viento.

Cuatro Pobres Locos

“Son Cuatro Pobres Locos”. Así identificaron la sigla SCPL cuando la Sociedad Cooperativa Popular Limitada comenzó a funcionar allá por 1933 en Comodoro Rivadavia, Chubut. La ironía tenía sentido. Un puñado de soñadores locales buscaron crear una alternativa ante la empresa inglesa de electricidad, que cobraba tarifas carísimas. Hoy la cooperativa es un caso modelo. Su facturación anual supera los 40 millones de pesos. Tiene 42.000 abonados y 400 empleados. La elección de autoridades es democrática, y se ha convertido en un símbolo de Comodoro. Maneja la distribución del agua y la electricidad, y también participa de la telefonía local en un barrio.

Los molinos, además de energía, generaron empleo. A partir de la ley provincial 4389, al menos el 10% de los equipos se deben fabricar localmente. En los Astilleros Comodoro, 60 operarios que se iniciaron soldando barcos, hoy dedican su trabajo a los molinos. Diego Florentín (30 años) cuenta que “cuando los ves en pie, te conmueven”. El astillero reconvirtió sus instalaciones. “El resultado fue muy bueno”, comenta el ingeniero Daniel Romano, director de la empresa. No lo dice sólo él: los molinos cuentan con las normas de calidad ISO 9000, que son de las más exigentes del mundo.

Fuente: Revista Nueva

Los comentarios son editados con el fin de preservar la integridad del idioma. Se procede a la correción ortográfica y gramatical respetándose los conceptos volcados.

Búsqueda personalizada
Puedes encontrarnos en
Facebook
Twitter
Ning
puedes Compartir o recomendarnos en Google
El universo | Geografía Argentina | La biología | La botánica | La zoología | La ecología | What is ecology? | O que é ecologia?
 
 
 

  Principal Secciones


¿Qué es la ecología?

Versión en español
English version
Portuguese version

Entorno conceptual

El universo
Geografía argentina
La biología
La botánica
La zoología


Ultimas novedades

Noticias
Artículos
Colaboraciones
Correo de visitantes
Secretos del mar
Peces del Paraná
Puente verde
Foros
Foro Melodysoft

Argentina

Bolivia
Brasil
Chile
Colombia
Costa Rica
Cuba
Ecuador
El Salvador
España
Guatemala

Honduras

México

Nicaragua
Panamá
Paraguay
Perú
Puerto Rico
República Dominicana
Uruguay
Venezuela
Contacto Acerca de barrameda.com.ar Sitios amigos Aviso Legal