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A tal punto que el lema elegido para este año
por las Naciones Unidas es: "Demos a la tierra una oportunidad".
Su secretario general, Kofi Annan, señaló en un discurso
los problemas más acuciantes: "La pobreza, la contaminación
y la expansión demográfica; la pobreza rural y la
urbanización apresurada; las costumbres de consumo irresponsable
y la creciente demanda de agua, tierra y energía continúan
ejerciendo enormes presiones sobre los sistemas de sustento de vida
del planeta".
Pese a las advertencias, las negociaciones políticas
entre los países para empezar a cambiar la situación
del planeta están empantanadas. Este año, entre el
26 de agosto y el 4 de setiembre, se hará una cumbre mundial
sobre el desarrollo sustentable en Sudáfrica, diez años
después de la Reunión de Río de Janeiro en
1992.
Sin embargo, todavía los delegados de los
países no se han puesto de acuerdo en (por lo menos) elaborar
un documento base para llevar a la cumbre, a la que asistirán
más de cien presidentes. Desde el 27 de mayo, están
reunidos en Bali, Indonesia, y se han propuesto elaborar un plan
de acción que cubra campos como el agua y la salubridad,
la energía, la salud, la agricultura y la biodiversidad.
Emil Salim, uno de los responsables de organizar
este encuentro preparatorio, admitió que las diferencias
entre países son enormes: "Como en toda negociación,
cada país guarda su as en la manga y sólo lo muestra
en el último momento, como está ocurriendo ahora".
Hay todo tipo de discusiones. Los países en vías de
desarrollo pidieron que haya más claridad en la forma de
financiar el desarrollo sostenible, mientras que los países
ricos les piden a los primeros abran más sus mercados.
Estados Unidos y otros países como Japón,
Australia y Canadá son contrarios a la idea de fijar nuevos
retos y calendarios en cuestiones como las fuentes de energía
renovables, según informó AFP.
En cambio, como bloque conjunto, América
Latina y los países del Caribe están proponiendo que
todo el mundo se comprometa a que el uso de las energías
renovables como la producida por el viento alcance al
12 por ciento de la matriz energética mundial en el año
2010 (hoy alcanzan al 2,2 por ciento), según contó
el titular de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable
de la Argentina, Carlos Merenson.
Según el funcionario, Latinoamérica
tiene varios problemas en común. Uno es la pérdida
de la biodiversidad por el avance de la deforestación y por
la desertificación de sus suelos. Otra cuestión es
el mal manejo de las cuencas de agua dulce de la región,
que sufren por la contaminación y por la sedimentación.
"El tercer problema, aunque no menos preocupante, es el tratamiento
de los residuos, tanto los domiciliarios como los peligrosos, en
especial en las ciudades, como Buenos Aires".
A pesar de que se han encontrado coincidencias,
la negociación no es fácil para los delegados latinoamericanos
en Bali. "Nuestro bloque no está dispuesto a fijar otras
metas cuantitativas, que quieren algunos países desarrollados,
porque muchas no se conseguirán nunca o no tienen sustento
científico", comentó Merenson.
Oficialmente, la cumbre de Sudáfrica se
llamó "Río +10" (www.johannesburgsummit.org).
Pero Merenson comentó que algunos la llaman ahora "Río
-10". "Si bien hay una mayor conciencia ambiental de los
ciudadanos, no se percibe un espíritu político a favor
de una alianza que sea capaz de cambiar algo", opinó.
Organizaciones ecologistas como Greenpeace parecen
coincidir. "Desde la cumbre de Río de Janeiro de 1992,
la degradación ambiental continuó aumentando. Sabemos
cuáles son las soluciones. El único ingrediente que
falta es la voluntad política", sostuvo Remi Parmentier,
integrante de Greenpeace Internacional.
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