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El planeta en peligro: 10 cuestiones sobre el cambio climático

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El 16 de este mes entrará en vigor el Protocolo de Kyoto, el mayor acuerdo jamás firmado sobre el cuidado del medio ambiente. Todo lo que hay que saber para entender de qué se trata y qué futuro le espera a la Tierra.

Imagen satelital del huracán Bonnie (septiembre de 1992)
26 de enero de 2005, en Budapest, un hombre saca nieve del parabrisas de su coche.

La suerte de nuestro planeta parece encerrar una pequeña paradoja: la misma cosa que permite que la Tierra sea un lugar habitable –algo así como un revestimiento hecho de gases y dióxido de carbono– está contemporáneamente amenazando su salud y la de sus pobladores.

En lenguaje de legos el asunto se explicaría más o menos así: para el desarrollo de la vida, la Tierra necesita recibir los rayos del Sol, que son una caricia caliente que envuelve toda su superficie, y que no solo hace falta que llegue hasta la corteza terrestre, sino que además debe quedarse protegiéndola (de forma que se mantenga el equilibrio térmico natural). De eso último, aparte del trabajo de filtrado del exceso de calor, se encargan solidariamente el vapor de agua, el dióxido de carbono y los llamados "gases de efecto invernadero" (elementos que actúan como una suerte de filtro que impide que el calor rebote y se vaya por la misma dirección por la que ha venido). Todos estos factores son una de las condiciones que han hecho posible la vida; sin su presencia la Tierra sería un lugar frío y tan desolado como Marte.

Pues bien, y para ir al grano: desde hace unas décadas, esos mismos gases se han convertido en un quebradero de cabeza para científicos y ecologistas. Y la culpa, según esas mismas voces y conciencias, habría que atribuírsela al hombre, que con la actividad intensiva de la industria, el transporte y el desarrollo de una amplia gama de fuentes contaminantes, ha multiplicado la presencia en la atmósfera de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) hasta romper ese frágil equilibrio.

¿Cuál es la relación entre una y otra cosa? Sencilla: la proliferación de esos fluidos ha engrosado algo que en origen era un filtro benéfico hasta el punto de que ese filtro ahora ha comenzado a retener más calor del que debería. ¿El resultado? El tan mentado calentamiento global –un incremento de 0,6°C en el lapso del último siglo–, y un abanico de alteraciones climáticas que, de ser ciertas las asociaciones que establecen algunos expertos, ponen de manifiesto la vulnerabilidad de los ecosistemas. A saber: sequías, inundaciones, huracanes, granizadas, heladas fuera de época, olas de calor, deshielo de glaciares…

Hasta aquí, la versión aligerada de un asunto que, como pocos, reclama la atención de la opinión pública mundial. Y en lo que sigue, un recorrido minucioso por algunas de las cuestiones de ese mismo asunto, que resulta mucho más controvertido de lo que algunos estarían dispuestos a admitir. Del uno al diez:

1 ¿A qué nos referimos cuando hablamos de cambio climático global?

Es un proceso causado por la actividad humana, cuya acción estaría cambiando aspectos importantes del ambiente. La principal evidencia que abona esta teoría tiene que ver con el incremento de temperaturas que se viene registrando desde el inicio de la Revolución Industrial. Más allá del dato puntual, a algunos científicos y ecologistas lo que les preocupa son los efectos futuros de esta tendencia. “Debido a la cantidad de gases que ya se han emitido –asegura un informe de Greenpeace–, en las próximas décadas enfrentaremos un aumento ya inevitable en la temperatura promedio global de entre 1,2 y 1,3° C.” Las estimaciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas avalan una proyección todavía más dramática: para el año 2100, el aumento sería de entre 1,4 y 5,8°C.

2 ¿En qué consiste el calentamiento global?

Según explica Eduardo M. Sierra, titular de la cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Agronomía de la UBA, el calentamiento global es producido “por la liberación hacia la atmósfera de los denominados gases con efecto invernadero [GEI], que tienen la propiedad de retener el calor que emite la superficie terrestre, impidiéndole enfriarse en la medida que sería necesario para conservar el equilibrio térmico de ésta, determinando la producción de un lento pero continuado incremento de la temperatura del planeta. Estos gases de invernadero –continúa– son de distinta naturaleza y provienen de distintas fuentes. El más importante es el dióxido de carbono [CO2], producido por la combustión de los hidrocarburos [nafta, gasoil, fuel oil, entre otros] y del carbón mineral, que constituyen las principales fuentes de energía que emplea el hombre”.

Los grupos ecologistas, que han sido los que de forma más vehemente han hecho bandera de esta causa, señalan que el fenómeno está relacionado con un amplio catálogo de eventos extraordinarios, como el progresivo derretimiento de los glaciares, el aumento del nivel del mar y el incremento anormal de las precipitaciones. Aseguran además que el calentamiento también estaría causando muchas de las catástrofes que cada vez con mayor frecuencia azotan el globo: huracanes, inundaciones, tornados…

3 ¿Qué relación existiría entre calentamiento global y cambio climático?

“Cuando uno observa cuáles han sido las tendencias de emisión de gases GEI y el aumento de las temperaturas, aunque no es una demostración científica per se, es claro que existe una relación…”, explica Mariana Walter, responsable de la Campaña de Energía de Greenpeace Argentina. Su opinión resulta absolutamente congruente con el parecer de buena parte de la comunidad científica; como lo prueban, entre los muchos ejemplos, las declaraciones que se pudieron escuchar en un encuentro entre meteorólogos realizado en Barcelona con ocasión del Fórum de las Culturas 2004. “La mayor parte del calentamiento de los últimos 40 años se debe a la actividad humana”, sostuvo entonces el doctor Geoff Jenkins, de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

4 ¿La tesis que asocia el incremento de gases de efecto invernadero con calentamiento global es una idea aceptada?

No, ni mucho menos. Contra lo que parece ser la percepción general, la teoría del calentamiento está todavía en el terreno de la controversia. Frente a la opinión mayoritaria entre científicos, existen expertos que aseguran que la teoría del calentamiento global dista de ser un hecho probado. De las objeciones que hacen algunos investigadores da cuenta la posición mantenida por la Academia de las Ciencias de Rusia, una institución que en vísperas de que el gobierno de Moscú se decidiese a ratificar el Protocolo de Kyoto –dicho sea de paso, la decisión que ha dado el espaldarazo final a un acuerdo que durante años pendía de un hilo– desaconsejó su firma. De acuerdo con un documento que, entre otros medios, divulgó en mayo de 2004 el rotativo británico The Guardian, los especialistas rusos sostenían que era cuestionable que “el calentamiento estuviese ocurriendo exclusivamente debido a las emisiones humanas”.

5 ¿Hay otras teorías que sirven para explicar el calentamiento global?

Efectivamente, las hay; y algunas de ellas –por ejemplo, la hipótesis que sostiene que existe una posibilidad de que el cambio climático se deba sencillamente a variaciones cíclicas naturales, tal como ocurrió en épocas anteriores– cunden para defensas enconadas. El español Fernando Díaz Villanueva, autor del artículo ¿Se está calentando el planeta?, resume con llaneza varias de estas posiciones discrepantes: “Algunos astrónomos han apuntado que la causa quizá se encuentre en las manchas solares porque, a fin de cuentas, el único radiador que calienta la Tierra es el astro rey, y sólo de sus rayos pueden provenir cambios térmicos de semejante envergadura”. “Otros –prosigue el autor en un reportaje publicado por el semanario Libertaddigital.com– buscan los cambios en la oscilación natural del clima…”

Imbricado con la cuestión de la validez científica de la teoría del calentamiento global está lo que el climatólogo Eduardo Sierra califica de confusiones. “Muchos científicos están alertando de que lo que se toma como calentamiento global es el calentamiento urbano de las grandes ciudades –dice Sierra–. Si solamente consideráramos las áreas del campo que no han tenido crecimiento, la temperatura no ha aumentado tanto…”.

6 ¿Qué tiene que ver con todo esto el Protocolo de Kyoto?

Este protocolo, firmado en 1997, es el primer paso para promover soluciones al calentamiento global.

Compromete a los países que lo han suscripto a reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero a niveles muy concretos: no menos del 5% respecto del nivel de 1990, en el período de compromiso comprendido entre 2008 y 2012.

A partir de ahí, el acuerdo pediría el establecimiento de objetivos más ambiciosos.

7 ¿Existe consenso respecto de las bondades de Kyoto?

Si bien Kyoto constituye, probablemente, el acuerdo mundial de mayor envergadura jamás adoptado, no le faltan detractores. Lo apoyan 28 de las 30 naciones más desarrolladas, pero cuenta con la oposición de dos poderosos: Australia y Estados Unidos.

Al margen de cuál sea la postura de los gobiernos, cada vez son más personas las que cuestionan su efectividad.

Las críticas se pueden resumir en dos: 1) están de un lado quienes entienden que el costo de la implementación de Kyoto va a ser muy alto (150.000 millones de dólares por año, en costos globales) en relación con sus beneficios; 2) y están quienes opinan que la puesta en marcha del protocolo supondrá una enorme factura en términos de crecimiento y empleo. Y esto no sólo para el primer mundo, sino además para los países menos avanzados, que deberán asumir el “inconveniente” de tener que apostar a un “desarrollo verde”, mucho más costoso que el patrón de crecimiento que ha permitido a los países industrializados ganar su posición de ventaja.

“¿Qué es lo que se espera conseguir si afrontamos esos enormes costos del cumplimiento de la imposición de limitaciones a la emisión de gases GEI y, por consiguiente, a la producción industrial y energética?”, se preguntaba a este respecto Gabriel Calzada, doctor en economía y miembro del think-tank liberal Centro para la Nueva Europa, de Bruselas, en un artículo difundido en la prensa española.

“Pues bien, aun aceptando a efectos dialécticos las previsiones del IPCC, los expertos calculan que si todos los países firman y cumplen el protocolo la temperatura media de la Tierra se reduciría 0,07 grados. Esta cifra es tan pequeña que ni los termómetros pueden medirla de manera fiable”, agregaba.

8 ¿Se terminan ahí las críticas a Kyoto?

No, no se terminan. Al margen de los argumentos que cuestionan la efectividad del protocolo y sus costos, existen otras dos críticas que ponen en tela de juicio el acuerdo. Bjorn Lomborg, el profesor danés que saltó a la fama tras la publicación del provocador libro "El ambientalista escéptico", pone voz a una de las objecciones con más suscriptores: aquella que discute que Kyoto deba ser una prioridad en la agenda mundial. “Kyoto nos va a costar una enorme cantidad de dinero, porque todo va a ser más caro de producir, va a hacer más lento el crecimiento y los resultados van a ser casi imperceptibles”, contó Lomborg en una entrevista con motivo de su participación en la Convención de Cambio Climático celebrada el pasado diciembre en Buenos Aires. “Con la mitad de esa cifra podríamos resolver todos los grandes problemas del mundo: proveer de agua potable, cuidados básicos de salud y educación a cada ser humano…”

9 ¿Está vinculado el calentamiento global con el aumento de catástrofes naturales?

En 1999, en la clausura de una cumbre organizada por la ONU en Ginebra, su secretario general, Kofi Annan, denunció la relación existente entre la acumulación de las emisiones de CO2, el calentamiento global y la mayor incidencia de desastres naturales (una tendencia que los meteorólogos reunidos en el Fórum de Barcelona cuantificaron en una estadística pavorosa: según ellos, los desastres se habrían multiplicado por cuatro en el último medio siglo). Teniendo en cuenta lo persuasivas que parecen ser las estadísticas, no hay nadie que se atreva a negar las posibles relaciones entre ambos asuntos. Ahora bien, para algunos investigadores habría que relativizar el impacto que en ello podría tener el calentamiento global.

“En 1950, la población del mundo era de 1800 millones de habitantes; en 2000, de 6000 millones –dice el climatólogo Eduardo Sierra–. Entonces, no tiene nada de especial que si hay tres veces más población haya tres veces más catástrofes; porque hay mucho más capital para ser destruido”, comenta Sierra; a la vez, asegura que al factor del crecimiento demográfico habría que añadir otros, como el de la urbanización de zonas de riesgo y los cambios en las condiciones medioambientales ajenos a la cuestión del calentamiento global. Aunque advierte: “Esto no significa que no haya que prestarle atención al clima; pero no es necesariamente que haya muchos más desastres naturales, sino que encuentran más cosas para destruir”, concluye.

10 ¿Qué podemos hacer individualmente por el futuro del planeta?

Al margen de la alta política, existen acciones que tanto las empresas como los ciudadanos de a pie pueden emprender para tratar de paliar los inconvenientes que trae el desarrollo.

1) Ahorrar la energía que se despilfarra en todos los sectores de la economía, incluyendo el el transporte, las casas, las oficinas y la industria.

2) Cambiar el uso industrial del carbón por el de insumos menos contaminantes, como el gas natural, especialmente en la producción de energía.

3) Aumentar el uso de energías limpias y renovables, como la eólica y la solar, que no emiten CO2.

Sergio Sotelo

La Opinión de un economista

Por Andrew Mitchell

Vivimos en un mundo con recursos limitados, en el que debemos elegir lo que es más importante para nosotros. En economía, esa elección implica evaluar los costos. Y es un punto de especial importancia en los temas referidos al medio ambiente. Necesitamos estar seguros de que nuestras prioridades son las correctas.

El acuerdo de Kyoto está destinado a proteger el medio ambiente. ¿Pero se ocupa en realidad del tema más importante o del más popular? En el mejor de los casos, Kyoto sólo es un primer paso para reducir el efecto invernadero. Por sí mismo, sólo conseguiría demorar apenas el recalentamiento global.

Hay muchas maneras de reducir el efecto invernadero con costos bajos que no requieren un acuerdo global coordinado tan costoso como el de Kyoto; por ejemplo, regulando la polución provocada por los vehículos y aumentando el transporte público.

¿Cuál es el tema ambiental más importante? Es la necesidad de preservar nuestros bosques pluviales tropicales. No sólo son de la mayor importancia en términos de biodiversidad, sino que también son el recurso más importante para absorber los gases que provocan el efecto invernadero. Sin embargo, se los está destruyendo con rapidez. ¿Cuándo fue la última vez que usted oyó hablar de este tema?

Si ponemos todas nuestras energías en el acuerdo de Kyoto, y éste finalmente logra demorar un poco el recalentamiento global, ¿qué habremos conseguido? Mientras concentramos todas nuestras energías en Kyoto, permitimos que los entornos ambientales de la tierra sean destruidos.

El autor es Andrew Mitchell, profesor y candidato al doctorado de historia económica de la London School of Economics.

Fuente: La Nación

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