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Describen importancia biológica de los bosques costeros de Chile
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lunes, 18 de julio de 2005
Bosques costeros chilenosEjemplares de bosque nativo, como el ruil, el hualo y el queule, son los más vulnerables, junto con el zorrito de Darwin, el monito del monte, anfibios como el sapito de Nahuelbuta, y aves como el concón y los carpinteros cabeza roja, que casi han desaparecido de la región.

Hace más de 60 millones de años, América estaba inserta en una gran masa terrestre llamada Gondwana, junto con la Antártica, Australia, Nueva Zelandia y Africa. Allí, la Cordillera de la Costa, que actualmente abarca desde la V a la X Región, formaba parte del margen continental occidental y por ello constituye un baluarte histórico en términos biológicos.

La Cordillera de la Costa representa uno de los ambientes más antiguos de América del Sur y los vínculos con Gondwana se encuentran allí. "Por eso especies como el ulmo tienen parientes del mismo género en Nueva Zelandia, al igual que las del tipo Nothofagus, como robles y coigües, que están en Tasmania, Nueva Zelandia y Nueva Guinea", explica el doctor Juan Armesto, del Centro de Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad (Caseb) de la U. Católica.

El experto, junto con Cecilia Smith-Ramírez, Claudio Valdovinos y otros 92 investigadores, publicaron el libro Historia, Biodiversidad y Ecología de los Bosques Costeros de Chile (Editorial Universitaria), que describe por primera vez la importancia de esta área.

Este cordón montañoso alguna vez estuvo cubierto por frondosos bosques en toda su extensión, con abundancia de ruiles, queules, pitaos, entre otras especies, además de animales, anfibios y reptiles que hoy se encuentran en peligro de extinción.

Especies vulnerables

Dentro del bosque nativo costero, las especies en mayor riesgo por sus pequeñas poblaciones son el ruil (Nothofagus alesandrii), el hualo (Nothofagus glauca) y el queule (Gomortega keule), de las cuales el primero apenas se conserva en unas 40 hectáreas en la Reserva Nacional Los Ruiles (VII Región), donde también existen 150 hectáreas de queule. Además hay enredaderas como el voqui fuco (Berberidopis corallina), musgos y helechos que representan estirpes únicas.

El zorrito de Darwin (Pseudalopex fulvipes), en tanto, tiene una de las menores poblaciones del mundo, restringida a Chiloé y Nahuelbuta (VIII Región), mientras que en ciertas localidades de la VII Región aún se observa al monito del monte (Dromiciops gliroides), que ya no encuentra su hábitat en la Cordillera de la Costa, porque no se adapta a las plantaciones de pinos y eucalipto que allí abundan.

Dentro de las aves, preocupa la baja distribución del concón (Strix rufipes), los carpinteros cabeza roja (Campephilus magellanicus), el chucao (Scelorchilus rubecula) y el choroy (Enicognatus leptorhynchus). Hay especies de peces, abejas y dípteros o moscas endémicas y también existen anfibios como el sapito de Nahuelbuta (Eupsophus nahuelbutensis), que prácticamente ha desaparecido de la región.

Impacto biológico

El doctor Armesto afirma que la Cordillera de la Costa ha sido arrasada en más del 90%, especialmente entre las regiones VII y la VIII, dando paso actualmente a plantaciones de eucalipto y pinos. Es el cordón menos cubierto por reservas en todo Chile y entre los sectores conservados, como ocurre en la Cordillera de Nahuelbuta, donde sólo el 1% del área total está protegida en el Parque Nacional Nahuelbuta y en el Monumento Contulmo. La excepción la constituye la selva fría del sur de Valdivia, en la Cordillera Pelada, donde recientemente se ha añadido una gran área privada de conservación.

El libro entrega diferentes propuestas para cambiar este desalentador panorama, conservando remanentes y modificando las formas de uso del suelo. Sin embargo, la mayor responsabilidad es crear conciencia del valor del territorio, incluyendo este conocimiento en los planes de estudio escolares, "ya que el cambio que se requiere es de gran magnitud y probablemente encontrará una mejor acogida en los niños y los futuros ciudadanos, quienes heredarán estos valiosos ecosistemas", enfatiza Armesto.
Fuente: La Tercera
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