
Las emisiones de CO₂ de los combustibles fósiles, récord en 2025, son el centro de un nuevo informe del Global Carbon Project que confirma lo que la ciencia viene alertando desde hace años: lejos de frenarse, la curva global del carbono sigue trepando incluso en un momento histórico que exige reducciones inmediatas. El estudio, publicado en Earth System Science Data, proyecta que en 2025 las emisiones procedentes del carbón, el petróleo y el gas aumentarán un 1,1%, superando el promedio de crecimiento de la última década y alejando aún más al planeta de los objetivos del Acuerdo de París.
Un aumento que llega demasiado tarde en la historia climática
Según el análisis anual del Presupuesto Global de Carbono, la humanidad emitirá este año 38,1 mil millones de toneladas métricas de CO₂ derivadas exclusivamente de combustibles fósiles. La tendencia, lejos de mostrar señales de desaceleración, se consolida como un recordatorio incómodo: para mantener el calentamiento por debajo de los 2 °C, las emisiones debieron haber alcanzado su pico antes de finalizar 2024.
Para Pierre Friedlingstein, investigador de la Universidad de Exeter y autor principal del informe, el diagnóstico es claro. “Tenemos que hacer que las emisiones de CO₂ disminuyan cada año durante los próximos 20 o 30 años si queremos dejar el calentamiento por debajo de los dos grados”, señala. Pero todas las curvas —la del carbón, la del gas y la del petróleo— muestran que aún vamos en la dirección contraria.
El retroceso climático de Estados Unidos y la curva ascendente de China
El análisis destaca dos casos clave por su influencia global. En Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha desactivado regulaciones ambientales y priorizado nuevas perforaciones de petróleo y gas, se espera un incremento del 1,9% en las emisiones de este año. Se trata de un cambio abrupto luego de un período de relativa estabilidad y transición en sectores energéticos clave.
China, por su parte, verá un aumento más moderado, del 0,4%. Aunque el país ha logrado reducir sus emisiones en años recientes gracias a grandes inversiones en renovables, la demanda energética vinculada a la expansión industrial y urbana aún ejerce presión sobre su matriz fósil. El pequeño repunte proyectado refleja ese tironeo permanente entre crecimiento económico y compromisos climáticos.
El objetivo de 1,5 °C: cada vez más lejos
El informe se suma a una línea creciente de advertencias internacionales sobre el casi inevitable incumplimiento del límite de 1,5 °C. De acuerdo con la ONU, el mundo probablemente supere ese nivel de calentamiento en la próxima década, incluso si se logran reducciones significativas a partir de ahora.
Durante la apertura de la COP30, el secretario general António Guterres calificó la trayectoria actual como un “fracaso moral y negligencia mortal”, enfatizando que incluso un rebasamiento temporal implicaría daños severos: ecosistemas empujados más allá de puntos de no retorno, regiones enteras expuestas a condiciones inhabitables y un aumento en los riesgos sociales, económicos y geopolíticos asociados al clima extremo.
Señales positivas, pero a una velocidad insuficiente
Aun así, el informe rescata avances concretos. En la última década, 35 países lograron reducir sus emisiones mientras mantenían el crecimiento económico, el doble que en el período anterior. Y lo más relevante: ese proceso ya no se limita al bloque histórico de Europa y Norteamérica. Nuevos actores, como Tailandia, Serbia, Corea del Sur y Jordania, están avanzando en estrategias de descarbonización que combinan eficiencia energética, transición eléctrica e innovación industrial.
“Algunos países se están moviendo en la dirección correcta, pero no es lo suficientemente rápido”, advierte Friedlingstein. La velocidad del progreso no compensa el ritmo del deterioro climático ni la magnitud del desafío acumulado durante décadas de dependencia fósil.
Los sumideros naturales empiezan a perder fuerza
Un aspecto especialmente preocupante del informe es el deterioro progresivo de los sumideros de carbono: bosques, suelos y océanos que capturan parte del CO₂ emitido por la actividad humana y funcionan como amortiguadores del cambio climático. El análisis muestra que el calentamiento global ya está debilitando su capacidad de absorción. Desde 1960, el 8% del aumento en la concentración atmosférica de CO₂ se atribuye directamente a la pérdida de eficiencia de estos sumideros naturales.
Este fenómeno refuerza un círculo peligroso: cuanto más se calienta el planeta, menos capacidad tiene la biosfera para frenar ese calentamiento. Reducir emisiones ya no es solo una cuestión de mitigación; es también una carrera contrarreloj para evitar que se erosionen los sistemas naturales que sostienen el equilibrio climático terrestre.
Un aumento del 1% que agranda la distancia con los objetivos
Aunque un 1,1% de incremento pueda parecer menor, para la comunidad científica representa un retroceso significativo. Las emisiones de combustibles fósiles han crecido en torno al 1% anual en los últimos años, y cada punto adicional marca una ampliación de la brecha entre las acciones reales y las metas globales. Alcanzar emisiones netas cero en 2050 —condición esencial para estabilizar el clima— se vuelve más difícil con cada año que se suma a la trayectoria ascendente.
El balance final que deja el informe es claro: la descarbonización global avanza, pero no al ritmo necesario. Las señales de progreso existen, pero las del deterioro son más rápidas, más contundentes y más profundas. El 2025 se consolida, así, como un año límite que muestra que la humanidad sigue mirando hacia otro lado mientras la ventana de acción se reduce.
Este artículo fue elaborado por el equipo de barrameda.com.ar y con el apoyo de herramientas de redacción asistida por inteligencia artificial.
